07 Abril 2005 Seguir en 
MONTE CARLO.- La bandera roja y blanca del Principado de Mónaco ondeaba este jueves a media asta con cintas negras en todo el diminuto y rico país mediterráneo, que amaneció en duelo luego de la muerte tras 56 años de reinado, de su Príncipe Rainiero III, un verdadero padre para todos.Mientras la población local y el mundo se preparaban para la nueva era que vivirá el principado al acceder al mando el controvertido y polémico Alberto II, de 47 años, quien no se ha casado ni tenido hijos, nada se sabía de él ni de las princesas Carolina y Estefanía.
Alberto fue visto por última vez la víspera de la muerte de su padre en una misa en honor al fallecido papa Juan Pablo II.
Y de las princesas, que han llenado durante décadas todas las primeras planas de las revistas del corazón, sólo se sabe que después de visitar el hospital Cardio-torácico tras la muerte de su adorado padre, regresaron al Palacio, sumido como siempre en el total mutismo.
Sólo un comunicado del Gabinete del Príncipe indicó este jueves que, "imposibilitado de ir" a las exequias del papa Juan Pablo II en Roma el viernes, Alberto encarga al ministro de Estado Patrick Leclerq "representarlo" en el funeral, con el embajador monegasco en la santa sede, Jean Claude Michel, y el ministro René Novella.
En la Plaza de Armas los monegascos hacían sus compras en el mercado, las lujosas embarcaciones reposaban en el puerto, entre ellos el enorme Lady Moura, mientras los alumnos del Liceo Alberto I conversaban en grupo bajo una enorme bandera blanca.
El sepelio del príncipe, que falleció a los 81 años, será el viernes 15 a mediodía en la catedral de Mónaco, en presencia de centenares de personalidades encabezadas por el presidente de Francia Jacques Chirac, quien fue uno de los primeros en anunciar este jueves su presencia en las exequias.
Radio Monte Carlo y la televisión local transmitían música de duelo y en el estadio Luis II, el jardín Oceanográfico, en el Automóvil Club de Mónaco y en el hospital Cardio-torácico la actividad continuaba discretamente, mientras seguían llegando turistas y los casinos se preparaban a abrir sus puertas en la tarde tras un sólo un día de inactividad.
Sin embargo, muchos de los estableciminetos comerciales en la parte baja de la ciudad permanecían cerrados y se veía gente triste vestida de negro y con lentes oscuros.
La actividad de construcción seguía en diversos lugares de la próspera ciudad-puerto aferrada a las montañas frente al mar y un enorme camión de material descargaba junto al hospital donde Rainiero murió a causa de una complicación bronco-pulmonar tras una larga agonía. (AFP-NA)
Alberto fue visto por última vez la víspera de la muerte de su padre en una misa en honor al fallecido papa Juan Pablo II.
Y de las princesas, que han llenado durante décadas todas las primeras planas de las revistas del corazón, sólo se sabe que después de visitar el hospital Cardio-torácico tras la muerte de su adorado padre, regresaron al Palacio, sumido como siempre en el total mutismo.
Sólo un comunicado del Gabinete del Príncipe indicó este jueves que, "imposibilitado de ir" a las exequias del papa Juan Pablo II en Roma el viernes, Alberto encarga al ministro de Estado Patrick Leclerq "representarlo" en el funeral, con el embajador monegasco en la santa sede, Jean Claude Michel, y el ministro René Novella.
En la Plaza de Armas los monegascos hacían sus compras en el mercado, las lujosas embarcaciones reposaban en el puerto, entre ellos el enorme Lady Moura, mientras los alumnos del Liceo Alberto I conversaban en grupo bajo una enorme bandera blanca.
El sepelio del príncipe, que falleció a los 81 años, será el viernes 15 a mediodía en la catedral de Mónaco, en presencia de centenares de personalidades encabezadas por el presidente de Francia Jacques Chirac, quien fue uno de los primeros en anunciar este jueves su presencia en las exequias.
Radio Monte Carlo y la televisión local transmitían música de duelo y en el estadio Luis II, el jardín Oceanográfico, en el Automóvil Club de Mónaco y en el hospital Cardio-torácico la actividad continuaba discretamente, mientras seguían llegando turistas y los casinos se preparaban a abrir sus puertas en la tarde tras un sólo un día de inactividad.
Sin embargo, muchos de los estableciminetos comerciales en la parte baja de la ciudad permanecían cerrados y se veía gente triste vestida de negro y con lentes oscuros.
La actividad de construcción seguía en diversos lugares de la próspera ciudad-puerto aferrada a las montañas frente al mar y un enorme camión de material descargaba junto al hospital donde Rainiero murió a causa de una complicación bronco-pulmonar tras una larga agonía. (AFP-NA)







