07 Abril 2005 Seguir en 
Ayer informamos sobre el percance del ómnibus que se desplazaba desde Pocitos rumbo a La Plata, y que volcó luego de atropellar a dos caballos, en la ruta 9, a la altura de San Andrés. El saldo fue de 13 personas heridas, además de importantes daños materiales en el vehículo. De acuerdo con declaraciones de uno de los empleados de la empresa, "hay cuatro o cinco accidentes similares por mes". Y según su titular, la sección Caballería de la Policía no tiene posibilidades de retirar la enorme cantidad de animales sueltos de las carreteras, ya que cuentan con un solo vehículo para ese trabajo.
Por otro lado, el secretario de Transporte afirmó que está en marcha la creación de la Policía de Seguridad Vial, que contará con sus propios móviles y equipo, medida con la cual se espera reducir los índices de accidentes.
Por cierto, no es la primera vez, ni mucho menos, que debemos dedicar este comentario al problema de los animales sueltos -caballos, generalmente- en las rutas de la provincia. Es igualmente sabido que esa presencia ha suscitado una amplia gama de accidentes, que va desde los que tuvieron saldo de muertes, hasta los que se limitaron a fracturas y contusiones. Ni qué decir que, en prácticamente todos los casos, el impacto con los semovientes determinó un impresionante destrozo de los automotores. Cabe recordar que, hace pocas semanas, llamamos la atención sobre las tropillas sueltas en varios puntos de la ruta a los Valles Calchaquíes, lo que indica la permanencia del peligroso fenómeno.
Los animales salen a las rutas, como resulta obvio, porque sus propietarios no tienen el cuidado de mantenerlos en los cercos adecuados, o atados. Ninguno podría alegar que desconoce ni los riesgos que entraña soltarlos, ni la existencia de antiguas y conocidas reglamentaciones legales que prohíben específicamente dejarlos sueltos.
Y colabora a que el hábito se mantenga, sin duda alguna, la actitud permisiva de las autoridades -tanto de las comunas y de los municipios, como del personal policial- que no actúa con rigor frente a tales casos.
Es evidente que si los dueños de animales cumplieran con su obligación, y los representantes de la ley cuidaran de que ello ocurra en todos los casos, disminuiría drásticamente la cantidad de percances. Muchas veces se han desencadenado tragedias, derivadas de ese caballo suelto que de pronto se cruza ante el desprevenido conductor, y lo obliga a efectuar maniobras bruscas, cuando no lo lleva directamente a la colisión frontal.
Frente al problema, no caben demasiadas disquisiciones. Nos parece que lo que corresponde es una tarea concienzuda, por parte de las autoridades estatales y policiales, enderezada a erradicar tan peligrosa presencia de las carreteras provinciales. Por su naturaleza, debe ser una acción constante y no esporádica, de manera que pueda crear la conciencia del caso en los desaprensivos responsables. Y por cierto, ella debe ser complementada con sanciones legales lo suficientemente ejemplarizadoras.
En cuanto a la creación de la Patrulla de Seguridad Vial, cabe comentar que ella se viene anunciando desde bastante tiempo atrás, sin que llegue a concretarse todavía. Nos parece que en ese punto existe una falencia ejecutiva que es preciso remediar sin pérdida de tiempo.
No puede admitirse que, a los elementos de inseguridad que tienen las carreteras provinciales, se agregue el constituido por los animales sueltos, cada día más abundantes, que están fuera del control de la ley.
Es necesario, en este orden de cosas, actuar en profundidad y con decisión.
Por otro lado, el secretario de Transporte afirmó que está en marcha la creación de la Policía de Seguridad Vial, que contará con sus propios móviles y equipo, medida con la cual se espera reducir los índices de accidentes.
Por cierto, no es la primera vez, ni mucho menos, que debemos dedicar este comentario al problema de los animales sueltos -caballos, generalmente- en las rutas de la provincia. Es igualmente sabido que esa presencia ha suscitado una amplia gama de accidentes, que va desde los que tuvieron saldo de muertes, hasta los que se limitaron a fracturas y contusiones. Ni qué decir que, en prácticamente todos los casos, el impacto con los semovientes determinó un impresionante destrozo de los automotores. Cabe recordar que, hace pocas semanas, llamamos la atención sobre las tropillas sueltas en varios puntos de la ruta a los Valles Calchaquíes, lo que indica la permanencia del peligroso fenómeno.
Los animales salen a las rutas, como resulta obvio, porque sus propietarios no tienen el cuidado de mantenerlos en los cercos adecuados, o atados. Ninguno podría alegar que desconoce ni los riesgos que entraña soltarlos, ni la existencia de antiguas y conocidas reglamentaciones legales que prohíben específicamente dejarlos sueltos.
Y colabora a que el hábito se mantenga, sin duda alguna, la actitud permisiva de las autoridades -tanto de las comunas y de los municipios, como del personal policial- que no actúa con rigor frente a tales casos.
Es evidente que si los dueños de animales cumplieran con su obligación, y los representantes de la ley cuidaran de que ello ocurra en todos los casos, disminuiría drásticamente la cantidad de percances. Muchas veces se han desencadenado tragedias, derivadas de ese caballo suelto que de pronto se cruza ante el desprevenido conductor, y lo obliga a efectuar maniobras bruscas, cuando no lo lleva directamente a la colisión frontal.
Frente al problema, no caben demasiadas disquisiciones. Nos parece que lo que corresponde es una tarea concienzuda, por parte de las autoridades estatales y policiales, enderezada a erradicar tan peligrosa presencia de las carreteras provinciales. Por su naturaleza, debe ser una acción constante y no esporádica, de manera que pueda crear la conciencia del caso en los desaprensivos responsables. Y por cierto, ella debe ser complementada con sanciones legales lo suficientemente ejemplarizadoras.
En cuanto a la creación de la Patrulla de Seguridad Vial, cabe comentar que ella se viene anunciando desde bastante tiempo atrás, sin que llegue a concretarse todavía. Nos parece que en ese punto existe una falencia ejecutiva que es preciso remediar sin pérdida de tiempo.
No puede admitirse que, a los elementos de inseguridad que tienen las carreteras provinciales, se agregue el constituido por los animales sueltos, cada día más abundantes, que están fuera del control de la ley.
Es necesario, en este orden de cosas, actuar en profundidad y con decisión.




