07 Julio 2002 Seguir en 
"Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos juntos". Esto dice un proverbio chino. Quienes manejan negocios deben asumir que el elemento diferenciador entre las empresas no está únicamente en la tecnología o en la calidad de los productos, sino en la eficiencia del equipo humano que los hace funcionar.
En la actualidad, el concepto de trabajo en equipo se está popularizando cada vez más en todas las empresas y organizaciones. Trabajar en equipo no es un lujo ni una moda, sino una necesidad y una realidad; es el modo más inteligente de trabajar, de obtener resultados comunes y de encontrar formas más humanas y constructivas de convivencia. Es una exigencia del entorno competitivo y de la sociedad de hoy.
Si bien la necesidad de trabajar en equipo es mayor que nunca, la realidad muestra que las dificultades son muy grandes. Esta falencia proviene de las personas. Es una de las mayores dificultades que existe en nuestra cultura Da la impresión de que la postura individualista y egoísta prevalece sobre la altruista. Estamos instalados en la cultura de la desconfianza, vivimos a la defensiva, cuidándonos del otro por las dudas. La idea es ganar a costa del otro. La verdad es que no se puede construir una nación o una empresa con ese punto de partida.
El ingrediente básico y esencial para el trabajo en equipo y el necesario para construir un vínculo humano es la confianza. Sin confianza es difícil imaginar la cooperación y el apoyo mutuo. En este sentido ser confiables, honestos y confiar en el otro es clave. Generalmente, se pretende cambiar a la otra persona pero el cambio auténtico se inicia en el interior de uno mismo. No se puede exigir al otro lo que uno no da.
Los valores son importantes
Los beneficios de trabajar en equipo son muchos, en especial mejora la capacidad de cada miembro para resolver problemas. Aumenta la eficiencia, porque levanta la moral y la productividad, reduce los efectos del estrés en el individuo, mejora la calidad de vida de las personas, y baja los niveles de ausentismo, los cambios o la rotación de personal. Un equipo no es simplemente una suma de individuales, sino un conjunto de personas que tienen un objetivo común, que interactúan entre sí, que comparten valores para lograr dicho objetivo y que se perciben a sí mismas como parte del grupo identificándose con él. Los valores son como guía que orientan el comportamiento.
Cuanto mayor cohesión e integración existe en los componentes del equipo son mayores las posibilidades de avanzar o de llegar al logro del objetivo produciendo, en consecuencia, resultados positivos para la empresa. Por el contrario, cuanta menos cohesión e integración existe, el cumplimiento de los logros se retrasa o es negativo.
Cada empresa, sostiene Peter Drucker, debe comprometerse con objetivos comunes y valores compartidos. "Estos deben estar difundidos, predicados y practicados. Sin este compromiso no hay empresa: sólo hay una ?pandilla?. La función de los directivos es elaborar, comunicar y dar ejemplo respecto de los valores, fines y objetivos".
Una obra en construcción
Los buenos equipos no nacen, se construyen. Como en la construcción de toda relación humana, se requieren ingredientes como confianza, sinceridad, apoyo mutuo, trabajo duro, esfuerzo, concesiones, generosidad, espíritu de servicio, comprensión y sacrificios que van más allá del interés individual y del egoísmo, comunicación espontánea, identificación con los objetivos y valores de la organización, aceptación de normas de comportamiento común, y que surja un líder integrador.
El liderazgo es clave y decisivo para el buen funcionamiento del equipo. Su conducta define el marco dentro del cual el grupo puede desarrollarse y funcionar eficazmente.
El trabajo en equipo requiere que los miembros del grupo tengan ciertas habilidades de orden intelectual y otras de orden social (como escuchar, entenderse, pensar con los demás, comunicar, apoyar, etcétera). Es posible desarrollar aquellas habilidades, ya que la vida es relación (el ser humano es social por naturaleza). Por ello, se aconseja:
Hablar con las personas y no de ellas.
Ser confiable, amable, cordial, sincero, leal e íntegro.
Interesarse sinceramente por los otros y elogiarlos cuando corresponda.
Aprender a escuchar y respetar las opiniones diferentes a las de uno.
Trabajar con los otros, no en contra de los otros.
Aprender de los demás.
En la actualidad, el concepto de trabajo en equipo se está popularizando cada vez más en todas las empresas y organizaciones. Trabajar en equipo no es un lujo ni una moda, sino una necesidad y una realidad; es el modo más inteligente de trabajar, de obtener resultados comunes y de encontrar formas más humanas y constructivas de convivencia. Es una exigencia del entorno competitivo y de la sociedad de hoy.
Si bien la necesidad de trabajar en equipo es mayor que nunca, la realidad muestra que las dificultades son muy grandes. Esta falencia proviene de las personas. Es una de las mayores dificultades que existe en nuestra cultura Da la impresión de que la postura individualista y egoísta prevalece sobre la altruista. Estamos instalados en la cultura de la desconfianza, vivimos a la defensiva, cuidándonos del otro por las dudas. La idea es ganar a costa del otro. La verdad es que no se puede construir una nación o una empresa con ese punto de partida.
El ingrediente básico y esencial para el trabajo en equipo y el necesario para construir un vínculo humano es la confianza. Sin confianza es difícil imaginar la cooperación y el apoyo mutuo. En este sentido ser confiables, honestos y confiar en el otro es clave. Generalmente, se pretende cambiar a la otra persona pero el cambio auténtico se inicia en el interior de uno mismo. No se puede exigir al otro lo que uno no da.
Los valores son importantes
Los beneficios de trabajar en equipo son muchos, en especial mejora la capacidad de cada miembro para resolver problemas. Aumenta la eficiencia, porque levanta la moral y la productividad, reduce los efectos del estrés en el individuo, mejora la calidad de vida de las personas, y baja los niveles de ausentismo, los cambios o la rotación de personal. Un equipo no es simplemente una suma de individuales, sino un conjunto de personas que tienen un objetivo común, que interactúan entre sí, que comparten valores para lograr dicho objetivo y que se perciben a sí mismas como parte del grupo identificándose con él. Los valores son como guía que orientan el comportamiento.
Cuanto mayor cohesión e integración existe en los componentes del equipo son mayores las posibilidades de avanzar o de llegar al logro del objetivo produciendo, en consecuencia, resultados positivos para la empresa. Por el contrario, cuanta menos cohesión e integración existe, el cumplimiento de los logros se retrasa o es negativo.
Cada empresa, sostiene Peter Drucker, debe comprometerse con objetivos comunes y valores compartidos. "Estos deben estar difundidos, predicados y practicados. Sin este compromiso no hay empresa: sólo hay una ?pandilla?. La función de los directivos es elaborar, comunicar y dar ejemplo respecto de los valores, fines y objetivos".
Una obra en construcción
Los buenos equipos no nacen, se construyen. Como en la construcción de toda relación humana, se requieren ingredientes como confianza, sinceridad, apoyo mutuo, trabajo duro, esfuerzo, concesiones, generosidad, espíritu de servicio, comprensión y sacrificios que van más allá del interés individual y del egoísmo, comunicación espontánea, identificación con los objetivos y valores de la organización, aceptación de normas de comportamiento común, y que surja un líder integrador.
El liderazgo es clave y decisivo para el buen funcionamiento del equipo. Su conducta define el marco dentro del cual el grupo puede desarrollarse y funcionar eficazmente.
El trabajo en equipo requiere que los miembros del grupo tengan ciertas habilidades de orden intelectual y otras de orden social (como escuchar, entenderse, pensar con los demás, comunicar, apoyar, etcétera). Es posible desarrollar aquellas habilidades, ya que la vida es relación (el ser humano es social por naturaleza). Por ello, se aconseja:
Hablar con las personas y no de ellas.
Ser confiable, amable, cordial, sincero, leal e íntegro.
Interesarse sinceramente por los otros y elogiarlos cuando corresponda.
Aprender a escuchar y respetar las opiniones diferentes a las de uno.
Trabajar con los otros, no en contra de los otros.
Aprender de los demás.







