07 Julio 2002 Seguir en 
Ni las elecciones ni la reforma de la Constitución provincial ni la refinanciación de $ 320 millones de la deuda pública solucionarán para siempre los problemas de Tucumán.
La clave está en la habilidad del Gobierno para demostrar que es capaz de encontrar respuestas. Por ahora, hasta que se disipen las dudas, en las empresas nadie toma decisiones ni invierte, pero eso a los políticos no les importa.Mientras tanto, los Bocade están demoliendo la economía de las empresas. La saturación provocada por la hiperemisión de bonos complica sus problemas de caja. Las tensiones financieras se agravan cuando deben transformar los papeles pintados en efectivo para pagar, en dólares, insumos que no se cotizan en pesos, sino en monedas más creíbles.
Además, la inflación tiene efectos nocivos sobre los bonos, que son tolerados sólo por quienes no pueden recargar los precios o prefieren aceptar cualquier billete antes que tener un cliente moroso. De una forma u otra, siempre se sufre alguna forma de desagio o castigo. En Tucumán es la excusa para que todo cueste más caro.Esta pesadilla mirandista no encontró ningún alivio en la Operatoria FET, que se mantiene en estado cadavérico. Los fondos que prometían, en Lecop y en efectivo, jamás aparecieron.
Un gran estafa
El bonicidio es traumático. Es una enorme estafa, en la que los empresarios deben perder el 18% de sus ingresos en las casas de cambio. El desenfreno en la emisión de Bocade los obliga a dejar un peaje equivalente a uno de cada cinco pesos que captan en billetes tucumanos.
Es dinero irrecuperable. Para los empachados con bonos, lo peor todavía no pasó. Con inflación y sin crédito, un sistema de canje poco confiable, a 35 días, es un riesgo que las empresas detestan enfrentar.
Agobiadas, esperan que se materialice el pacto del mirandismo con Duhalde, que derivará fondos para tapar el agujero negro que crean los Bocade en la economía. Como los economistas, rezan para que el Gobierno no malgaste los $ 320 millones. Este crédito es para patear las deudas hacia adelante y que se arreglen los que vienen y los tucumanos.
En la Argentina, de nuevo el péndulo oscila hacia el otro extremo. Se viene un escenario con más populismo, el retorno de tendencias estatizantes, dificultades para las empresas privatizadas, una lenta reaparición del crédito (si el dólar se estabiliza) y replanteos en las inversiones.
En las empresas causa pánico el riesgo de que vuelvan a cambiar las reglas de juego. Los estallidos sociales y la huida anticipada del presidente Duhalde, que dejará una herencia envenenada a su sucesor, ratifican que la crisis de liderazgo y la falta de planes pueden tornar ingobernable la situación.
Hartazgo
Una encuesta de Gallup detectó que el 80% desaprueba la gestión presidencial y el 84% critica la política económica de Duhalde. La gente está harta de los políticos, pero debe entender que las elecciones no son una solución mágica y que será imposible que se vayan todos.
La única magia es elegir funcionarios sensatos, combatir la corrupción y luchar para que se pongan en marcha programas de gobierno que no sean elaborados en un manicomio.
La clave está en la habilidad del Gobierno para demostrar que es capaz de encontrar respuestas. Por ahora, hasta que se disipen las dudas, en las empresas nadie toma decisiones ni invierte, pero eso a los políticos no les importa.Mientras tanto, los Bocade están demoliendo la economía de las empresas. La saturación provocada por la hiperemisión de bonos complica sus problemas de caja. Las tensiones financieras se agravan cuando deben transformar los papeles pintados en efectivo para pagar, en dólares, insumos que no se cotizan en pesos, sino en monedas más creíbles.
Además, la inflación tiene efectos nocivos sobre los bonos, que son tolerados sólo por quienes no pueden recargar los precios o prefieren aceptar cualquier billete antes que tener un cliente moroso. De una forma u otra, siempre se sufre alguna forma de desagio o castigo. En Tucumán es la excusa para que todo cueste más caro.Esta pesadilla mirandista no encontró ningún alivio en la Operatoria FET, que se mantiene en estado cadavérico. Los fondos que prometían, en Lecop y en efectivo, jamás aparecieron.
Un gran estafa
El bonicidio es traumático. Es una enorme estafa, en la que los empresarios deben perder el 18% de sus ingresos en las casas de cambio. El desenfreno en la emisión de Bocade los obliga a dejar un peaje equivalente a uno de cada cinco pesos que captan en billetes tucumanos.
Es dinero irrecuperable. Para los empachados con bonos, lo peor todavía no pasó. Con inflación y sin crédito, un sistema de canje poco confiable, a 35 días, es un riesgo que las empresas detestan enfrentar.
Agobiadas, esperan que se materialice el pacto del mirandismo con Duhalde, que derivará fondos para tapar el agujero negro que crean los Bocade en la economía. Como los economistas, rezan para que el Gobierno no malgaste los $ 320 millones. Este crédito es para patear las deudas hacia adelante y que se arreglen los que vienen y los tucumanos.
En la Argentina, de nuevo el péndulo oscila hacia el otro extremo. Se viene un escenario con más populismo, el retorno de tendencias estatizantes, dificultades para las empresas privatizadas, una lenta reaparición del crédito (si el dólar se estabiliza) y replanteos en las inversiones.
En las empresas causa pánico el riesgo de que vuelvan a cambiar las reglas de juego. Los estallidos sociales y la huida anticipada del presidente Duhalde, que dejará una herencia envenenada a su sucesor, ratifican que la crisis de liderazgo y la falta de planes pueden tornar ingobernable la situación.
Hartazgo
Una encuesta de Gallup detectó que el 80% desaprueba la gestión presidencial y el 84% critica la política económica de Duhalde. La gente está harta de los políticos, pero debe entender que las elecciones no son una solución mágica y que será imposible que se vayan todos.
La única magia es elegir funcionarios sensatos, combatir la corrupción y luchar para que se pongan en marcha programas de gobierno que no sean elaborados en un manicomio.







