04 Abril 2005 Seguir en 
La aparición de la temible roya de la soja, por segundo año consecutivo, en los campos tucumanos es en sí misma una mala noticia, aun cuando se cree que sus efectos negativos no serán demasiado significativos. Pero también es una voz de alerta para que los productores de nuestra provincia se den cuenta de que no es negocio descuidarse con esta enfermedad.
El problema se presentó por segundo año consecutivo en forma tardía, lo que significó, en la temporada anterior, daños mínimos en el cultivo. Para la presente temporada también se cree que no habrá gran afectación de la oleaginosa por la roya. Pero los expertos no creen que el fenómeno ocurra de esta manera porque Tucumán sea una zona agraciada por la naturaleza. La llegada tardía de la soja en ambas campañas se debió a una serie de factores que se conjugaron para que así sucediera.
El jefe de la sección Granos de la Estación Experimental, Mario Devani, enumera tres condiciones que deben observarse para que aparezca la enfermedad: que esté presente el inóculo, que llega por el aire desde otras regiones; que el cultivo se encuentre en condiciones receptivas (en estado de floración o en estado reproductivo) para que la espora germine, y que se den las condiciones ambientales necesarias, principalmente de humedad. Precisamente, el experto destaca que en Tucumán las condiciones climáticas habían sido desfavorables, hasta ahora, para que surjan casos de roya en la soja.
La sequía volvió a afectar a la oleaginosa este año, como sucedió en la temporada anterior. Sin embargo, los especialistas creen que las pérdidas por la falta de humedad serán menores ahora que en 2004, cuando la seca hizo caer un tercio la producción que se esperaba, de más de 600.000 toneladas. Pero fue la escasez de agua de entonces lo que permitió que la mayor parte del cultivo no resulte inoculado con la roya, y se estima que algo similar ocurrirá en la presente campaña.
La roya se hizo conocida por haber provocado severos daños en lotes ubicados en varios continentes desde su identificación, a comienzos del siglo pasado, en Asia. En Sudamérica, la enfermedad ya provocó serios daños en Paraguay, en Brasil, en Bolivia y también en la Argentina. Se citan pérdidas de rendimientos de hasta el 100% por causa de la roya asiática.
Inversiones
La posible aparición del hongo llevó a que este año los productores tucumanos invirtieran importantes sumas de dinero en prevención. Según Devani, el costo extra por hectárea que generó la roya rondó los 20 dólares por hectárea, con aplicación incluida.
Este aumento del gasto de campaña se sintió mucho en el sector, que además viene soportando un precio internacional de la oleaginosa bajo, en relación con la temporada 2004, además de costos de campaña dolarizados. Pero el hecho de que más de dos tercios de la superficie sembrada con soja en la provincia, de 260.000 hectáreas en total, hayan escapado este año del impacto de la roya, seguramente puede hacer creer a algunos agricultores que no vale la pena gastar plata en prevención en la próxima etapa productiva de la soja.
Por caso, si entre fines de este año y principios del próximo llueve, lo que es habitual para esa época en la provincia, no se puede descartar que la roya no aparezca con todo su potencial destructivo mucho antes en Tucumán. Si ello ocurre, quienes hayan hecho la aplicación adecuada de fungicidas seguramente tendrán chances de superar sin mayores escollos los efectos de esta enfermedad, mientras que quienes decidan ahorrarse el "gasto" en prevención, porque crean que la roya puede aparecer tarde por tercer año consecutivo o por lo que fuera, es posible que no puedan recuperarse de las pérdidas económicas que tendrían que afrontar si sus campos son afectados.
El problema se presentó por segundo año consecutivo en forma tardía, lo que significó, en la temporada anterior, daños mínimos en el cultivo. Para la presente temporada también se cree que no habrá gran afectación de la oleaginosa por la roya. Pero los expertos no creen que el fenómeno ocurra de esta manera porque Tucumán sea una zona agraciada por la naturaleza. La llegada tardía de la soja en ambas campañas se debió a una serie de factores que se conjugaron para que así sucediera.
El jefe de la sección Granos de la Estación Experimental, Mario Devani, enumera tres condiciones que deben observarse para que aparezca la enfermedad: que esté presente el inóculo, que llega por el aire desde otras regiones; que el cultivo se encuentre en condiciones receptivas (en estado de floración o en estado reproductivo) para que la espora germine, y que se den las condiciones ambientales necesarias, principalmente de humedad. Precisamente, el experto destaca que en Tucumán las condiciones climáticas habían sido desfavorables, hasta ahora, para que surjan casos de roya en la soja.
La sequía volvió a afectar a la oleaginosa este año, como sucedió en la temporada anterior. Sin embargo, los especialistas creen que las pérdidas por la falta de humedad serán menores ahora que en 2004, cuando la seca hizo caer un tercio la producción que se esperaba, de más de 600.000 toneladas. Pero fue la escasez de agua de entonces lo que permitió que la mayor parte del cultivo no resulte inoculado con la roya, y se estima que algo similar ocurrirá en la presente campaña.
La roya se hizo conocida por haber provocado severos daños en lotes ubicados en varios continentes desde su identificación, a comienzos del siglo pasado, en Asia. En Sudamérica, la enfermedad ya provocó serios daños en Paraguay, en Brasil, en Bolivia y también en la Argentina. Se citan pérdidas de rendimientos de hasta el 100% por causa de la roya asiática.
Inversiones
La posible aparición del hongo llevó a que este año los productores tucumanos invirtieran importantes sumas de dinero en prevención. Según Devani, el costo extra por hectárea que generó la roya rondó los 20 dólares por hectárea, con aplicación incluida.
Este aumento del gasto de campaña se sintió mucho en el sector, que además viene soportando un precio internacional de la oleaginosa bajo, en relación con la temporada 2004, además de costos de campaña dolarizados. Pero el hecho de que más de dos tercios de la superficie sembrada con soja en la provincia, de 260.000 hectáreas en total, hayan escapado este año del impacto de la roya, seguramente puede hacer creer a algunos agricultores que no vale la pena gastar plata en prevención en la próxima etapa productiva de la soja.
Por caso, si entre fines de este año y principios del próximo llueve, lo que es habitual para esa época en la provincia, no se puede descartar que la roya no aparezca con todo su potencial destructivo mucho antes en Tucumán. Si ello ocurre, quienes hayan hecho la aplicación adecuada de fungicidas seguramente tendrán chances de superar sin mayores escollos los efectos de esta enfermedad, mientras que quienes decidan ahorrarse el "gasto" en prevención, porque crean que la roya puede aparecer tarde por tercer año consecutivo o por lo que fuera, es posible que no puedan recuperarse de las pérdidas económicas que tendrían que afrontar si sus campos son afectados.




