02 Abril 2005 Seguir en 
Con reiteración comprensible, este comentario toca el problema de las veredas rotas en San Miguel de Tucumán. Es del caso mentar otro aspecto del tema. Nos referimos a las aceras correspondientes a playas de estacionamiento o a obras en construcción. Es común que en tales tramos (que tienen una considerable cantidad de metros de extensión), la superficie que pisa el peatón esté llena de agujeros y de irregularidades que bien pueden causar un tropezón, con la consecuente caída. Un buen ejemplo de lo que decimos puede apreciarse en ambas veredas de calle Laprida segunda cuadra.
Pareciera que los frentistas suponen que el hecho de que no exista allí una edificación los libera de la responsabilidad de tener veredas, y de conservarlas en buen estado. Es comprensible que un espacio por el cual entran y salen automotores a cada rato no puede tener el embaldosado común, ya que se vería afectado por el peso de esos automotores. Pero eso no autoriza a reemplazarlo por precarios alisados de cemento, que a los pocos días se rompen y presentan -como decimos- una superficie que genera riesgos para el usuario de las veredas.
Pareciera que los frentistas suponen que el hecho de que no exista allí una edificación los libera de la responsabilidad de tener veredas, y de conservarlas en buen estado. Es comprensible que un espacio por el cual entran y salen automotores a cada rato no puede tener el embaldosado común, ya que se vería afectado por el peso de esos automotores. Pero eso no autoriza a reemplazarlo por precarios alisados de cemento, que a los pocos días se rompen y presentan -como decimos- una superficie que genera riesgos para el usuario de las veredas.




