03 Abril 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES- Para la liturgia "K", en la que todo pasa por amenazas y presiones, puede pasar por un episodio más. Pero la indefinición judicial, respecto de los bonos embargados en los Estados Unidos y la suspensión de la entrega de los nuevos títulos se convierte en los hechos en un nuevo default. ¿Pero no es que se había salido del default para no volver a caer ?
Con su crónico vicio a flor de piel, la dirigencia política vuelve a defraudar un compromiso, ahora bajo el argumento de una cuestión judicial. Lejos de afrontar la realidad, el gobierno intentó vanamente presionar a la justicia de los EE.UU. con suspender indefinidamente el proceso de canje. Fiel a su jurisprudencia anglosajona, la justicia de ese país no es susceptible de presiones políticas y el proceso sigue su curso normal.
De acuerdo con algunos trascendidos, la estrategia argentina nunca tuvo en la mira querer levantar la medida cautelar. Tanto que el juez Griesa había ofrecido que procedería a rechazar el pedido de embargo siempre y cuando la Argentina depositara una caución real de unos 1.000 millones de dólares. Ante la respuesta negativa, el magistrado no tuvo otro remedio que elevar el expediente a la Cámara de Apelaciones para que decida.
Error o no en la estrategia procesal, lo cierto es que la entrega de los nuevos títulos a los ahorristas no se producirá mañana. Pero ø quién puede asegurar que los acreedores no van a iniciar demandas ante la demora en la entrega de los nuevos bonos ? ¿Cuánto tiempo se tomará el tribunal de alzada para decidir la controversia ?¿El Estado se va a hacer cargo de los intereses e indemnizaciones por daños a los acreedores ? Por ahora, son sólo preguntas retóricas.
Un verdadero laberinto
Se fue el primer trimestre del año y con él se va gran parte del esfuerzo realizado por la población. El primer cuarto de 2005 encuentra al gobierno metido en un verdadero laberinto del cual resultará difícil salir. Como en la leyenda micenaica la inflación se ha convertido en el Minotauro de nuestros días. El monstruo que devora a los alicaídos salarios de los argentinos es alimentado irracionalmente por el propio gobierno ante la sospechosa pasividad (¿o complicidad?) de los sindicalistas.
¿Cómo superar el retraso salarial y mantener la competitividad de la economía ? La quimera del tipo de cambio alto fracasó porque eso significa salarios bajos. La utopía de aumentos salariales por decreto, también fracasó porque un decreto no refleja un aumento de la productividad ni los distintos costos de los sectores empresarios. ¿Por qué fracasaron? Porque tanto el tipo de cambio alto como los decretazos, están basados en un incremento de la emisión monetaria. "Ahora llegó el momento de ver la muñeca del gobierno. Desde que estalló la Convertibilidad, todo estuvo tapado por la crisis de la deuda. Ahora, al gobierno le llegó la hora de hacer política económica y hasta ahora no sólo no lo hizo sino que no sabe que hacer para resolver el problema", reflexionaba un encubrado banquero.
La escalada de precios parece no detenerse. Al cabo del primer trimestre vamos a tener una inflación del 3,5% que llevó a algunos analistas a proyectar un índice anual del costo de vida en torno del 15%. ¿Qué hará el gobierno para defender el poder de compra de la población, en una economía que tiene un salario promedio de $ 650? ¿Por qué la cúpula de la CGT resignó su pedido de un mínimo de $ 1.000 y sólo se conforma con $ 630, un nivel que está $ 100 por debajo del costo de la canasta familiar ? Tal vez, la respuesta haya que encontrarla en los salarios que perciben los trabajadores del transporte, sector que domina la central sindical y aliado incondicional del gobierno. Con remuneraciones que superan largamente los $ 1.000 por un trabajo de escasa calificación, -un profesional universitario con mayor responsabilidad legal, percibe mucho menos-, los gremios del transporte gozan de la gracia oficial y sus dirigentes se llaman a un silencio sospechoso.
El dédalo se puede convertir en una trampa mortal para la administración. Está claro que Mister K no es Teseo y el Minotauro no sólo arremete contra los salarios. También destruye contratos, ahorro, créditos y deudas y amenaza con hacer estallar por los aires a la economía. (DyN)
Con su crónico vicio a flor de piel, la dirigencia política vuelve a defraudar un compromiso, ahora bajo el argumento de una cuestión judicial. Lejos de afrontar la realidad, el gobierno intentó vanamente presionar a la justicia de los EE.UU. con suspender indefinidamente el proceso de canje. Fiel a su jurisprudencia anglosajona, la justicia de ese país no es susceptible de presiones políticas y el proceso sigue su curso normal.
De acuerdo con algunos trascendidos, la estrategia argentina nunca tuvo en la mira querer levantar la medida cautelar. Tanto que el juez Griesa había ofrecido que procedería a rechazar el pedido de embargo siempre y cuando la Argentina depositara una caución real de unos 1.000 millones de dólares. Ante la respuesta negativa, el magistrado no tuvo otro remedio que elevar el expediente a la Cámara de Apelaciones para que decida.
Error o no en la estrategia procesal, lo cierto es que la entrega de los nuevos títulos a los ahorristas no se producirá mañana. Pero ø quién puede asegurar que los acreedores no van a iniciar demandas ante la demora en la entrega de los nuevos bonos ? ¿Cuánto tiempo se tomará el tribunal de alzada para decidir la controversia ?¿El Estado se va a hacer cargo de los intereses e indemnizaciones por daños a los acreedores ? Por ahora, son sólo preguntas retóricas.
Un verdadero laberinto
Se fue el primer trimestre del año y con él se va gran parte del esfuerzo realizado por la población. El primer cuarto de 2005 encuentra al gobierno metido en un verdadero laberinto del cual resultará difícil salir. Como en la leyenda micenaica la inflación se ha convertido en el Minotauro de nuestros días. El monstruo que devora a los alicaídos salarios de los argentinos es alimentado irracionalmente por el propio gobierno ante la sospechosa pasividad (¿o complicidad?) de los sindicalistas.
¿Cómo superar el retraso salarial y mantener la competitividad de la economía ? La quimera del tipo de cambio alto fracasó porque eso significa salarios bajos. La utopía de aumentos salariales por decreto, también fracasó porque un decreto no refleja un aumento de la productividad ni los distintos costos de los sectores empresarios. ¿Por qué fracasaron? Porque tanto el tipo de cambio alto como los decretazos, están basados en un incremento de la emisión monetaria. "Ahora llegó el momento de ver la muñeca del gobierno. Desde que estalló la Convertibilidad, todo estuvo tapado por la crisis de la deuda. Ahora, al gobierno le llegó la hora de hacer política económica y hasta ahora no sólo no lo hizo sino que no sabe que hacer para resolver el problema", reflexionaba un encubrado banquero.
La escalada de precios parece no detenerse. Al cabo del primer trimestre vamos a tener una inflación del 3,5% que llevó a algunos analistas a proyectar un índice anual del costo de vida en torno del 15%. ¿Qué hará el gobierno para defender el poder de compra de la población, en una economía que tiene un salario promedio de $ 650? ¿Por qué la cúpula de la CGT resignó su pedido de un mínimo de $ 1.000 y sólo se conforma con $ 630, un nivel que está $ 100 por debajo del costo de la canasta familiar ? Tal vez, la respuesta haya que encontrarla en los salarios que perciben los trabajadores del transporte, sector que domina la central sindical y aliado incondicional del gobierno. Con remuneraciones que superan largamente los $ 1.000 por un trabajo de escasa calificación, -un profesional universitario con mayor responsabilidad legal, percibe mucho menos-, los gremios del transporte gozan de la gracia oficial y sus dirigentes se llaman a un silencio sospechoso.
El dédalo se puede convertir en una trampa mortal para la administración. Está claro que Mister K no es Teseo y el Minotauro no sólo arremete contra los salarios. También destruye contratos, ahorro, créditos y deudas y amenaza con hacer estallar por los aires a la economía. (DyN)







