06 Julio 2002 Seguir en 
Los efectos de la devaluación no sólo causaron estragos entre los consumidores tucumanos sino también afectaron a numerosos empresarios. En este último caso se incluye a Miguel Molina, propietario de una tradicional imprenta de San Miguel de Tucumán, que tiene una trayectoria de 58 años.
Señala el empresario que debido a la devaluación, al encarecimiento de los insumos importados y al efecto pernicioso de la proliferación de bonos con el consiguiente desagio, "se ha hecho imposible mantener el nivel tecnológico logrado en la primera parte de las década de los 90".
"Para poder mantener la calidad y el precio que siempre caracterizaron a la firma, hubo que efectuar un freno en lo tecnológico y retroceder en varios aspectos de la producción", señaló.
Considera que si no cambia la situación explosiva causada por la mezcla de devaluación y depreciación de los bonos, tendrán que volver a la imprenta artesanal.
Molina advierte que los problemas que padece su imprenta son comunes a numerosas empresas de la provincia, de distinto rubro. "Debemos hacer maravillas para mantenernos en medio de semejante crisis", sostiene.
Señala el empresario que debido a la devaluación, al encarecimiento de los insumos importados y al efecto pernicioso de la proliferación de bonos con el consiguiente desagio, "se ha hecho imposible mantener el nivel tecnológico logrado en la primera parte de las década de los 90".
"Para poder mantener la calidad y el precio que siempre caracterizaron a la firma, hubo que efectuar un freno en lo tecnológico y retroceder en varios aspectos de la producción", señaló.
Considera que si no cambia la situación explosiva causada por la mezcla de devaluación y depreciación de los bonos, tendrán que volver a la imprenta artesanal.
Molina advierte que los problemas que padece su imprenta son comunes a numerosas empresas de la provincia, de distinto rubro. "Debemos hacer maravillas para mantenernos en medio de semejante crisis", sostiene.







