Debilucha

La nueva ley electoral nace más muerta que viva.

30 Marzo 2005
En las facultades de Comunicación, para que los alumnos se acostumbren a que la única dictadura que soporta el periodismo es la de la precisión, suelen enseñar que el cronista debe suponer que el lector es un marciano que acaba de aterrizar. Hay que contarle todo con la mayor eficacia posible para que pueda entender los caóticos asuntos terrícolas con sólo echar un vistazo a un texto bien escrito. En Tucumán esta tarea es harto difícil.
Hoy, por ejemplo, podría ser un día de alegría institucional. La Legislatura sancionará un nuevo mecanismo electoral (remendará la Ley de Partidos Políticos), que puede ser el puntapié para la revalorización de los partidos después del desguace que sufrieron por la atomizante Ley de Lemas. Antes cualquiera podía armar un sublema, prenderse de la cola de alguna fuerza y, con pocos votos, resultar concejal o legislador para, luego, declararse libre e independiente del sector al que se había afiliado sólo formalmente para que fuera posible el usufructo. Era el reino del yo me represento a mí mismo. En el futuro, en cambio, los postulantes, sí o sí, deberán pasar por el filtro de las internas que serán celebradas simultáneamente, aun en aquellos casos en que haya una sola lista; esta igualmente deberá ser ratificada por afiliados o independientes que representen el 10% del padrón de adherentes de cada fuerza. Una forma de que a los partidos no los cubra el moho.
Sin embargo, la falta de convicción y el miedo -en particular del peronismo- de que estos cambios no resulten tan eficaces como los arreadores sublemas, llevaron insólitamente a la Legislatura a que postergue hasta 2007 la entrada en vigor de aquellas disposiciones en lo que a comicios generales respecta (sí regirá para elegir al intendente de Banda del Río Salí); mientras tanto, se aplicará una ley de 1915. Dos años en Tucumán, que no se caracteriza por una estabilidad escandinava, es un período tan lejano como un quinquenio.
Si a eso se suma que los legisladores que hoy levantarán la mano a favor de la ley son los mismos que admiten que ella nacería con pocas esperanzas de vida, porque la reforma constitucional podría afectarla, entonces sólo queda concluir que se trata de una victoria pírrica. Una norma es sólo un pedazo de papel, mejor o peor redactado, si quien la crea no la impulsa hasta convertirla en conducta cotidiana. Para ello, claro, el hacedor debe estar persuadido de que aquella encierra mandatos dignos de ser cumplidos por todos.
Aunque el mismo día que fue a votar por sí mismo prometió que iba a sepultar la Ley de Lemas, el gobernador José Alperovich se dejó ganar por su vice, Fernando Juri. Cuando llegó al poder y, como buen contador, comenzó a sumar votos para conseguir la reforma constitucional -y con ella la posibilidad de ser reelecto-, se dio cuenta de que el hormigueo de sublemas era lo mejor para tal fin, o sea, para elegir convencionales constituyentes. "Aunque no nos guste, es lo que manda la Constitución", balbuceaba. Hasta el futuro titular de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Dato, llegó a una conclusión similar basándose en la interpretación mecánica de un artículo de la Carta Magna y renunciando a la siempre aconsejable comprensión armónica de los textos.
Juri comenzó con dudas, pero, sorprendentemente, oyó a quienes le pedían no seguir siendo el hazmerreír del país, sólo para facilitarle las cosas al peronismo, que, dicho sea de paso, ya ganaba elecciones antes de la Ley de Lemas. Entonces, el vicegobernador emprendió la quijotada que hoy parirá un hijo (nueva norma) que, como todo niño concebido durante peleas contra obstinados molinos, puede nacer debilucho. Muchos de los legisladores oficialistas que se sacarán fotos con Juri son quienes, aunque de forma acotada, pedían la vuelta a los sublemas. Seguramente, aplauden en privado a quienes recurrieron a la Corte para que obre milagros y resucite a la muerta Ley de Lemas para la elección de convencionales. ¿Cómo haría un alumno de Comunicación para explicarle todo esto a un marciano?

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