28 Marzo 2005 Seguir en 
BELEM.- El granjero brasileño Vitalmiro Bastos de Moura, de quien se sospecha que ordenó el asesinato de la monja estadounidense Dorothy Stang, activista de los derechos de los "Sin Tierra", se entregó ayer a las autoridades. "El se entregó y está siendo trasladado a Belem, donde será interrogado", informó José Salles, superintendente de la Policía Federal en el norteño Estado de Pará.
Moura es el último de cuatro sospechosos procesados por el asesinato de la monja que se entrega. Lo hizo luego de que su abogado negoció con la policía para garantizar su seguridad. Las autoridades comunicaron que será interrogado mañana.
Los otros sospechosos del asesinato implicaron a Moura y dijeron que él dio la orden; eso llevó a la Policía a su granja, donde se encontró la pistola utilizada para matar a Stang. Mientras tanto, el abogado de Moura insiste en que su cliente es inocente.
Selva sin ley
El asesinato de Stang, de 73 años, perpetrado cerca de Anapú, en el Estado de Pará, el 12 de marzo, obligó al gobierno de Brasil a enviar a miles de soldados a la zona, para intentar restaurar el orden en esa región de la selva que vive sin ley.
La muerte de la religiosa es vista como resultado de las tensiones entre los grupos ilegales que toman tierras, por un lado, y por el otro los madereros, los granjeros y los activistas ambientales y los defensores de los derechos de los "Sin Tierra", en esa empobrecida zona de Brasil. (Reuter)
Moura es el último de cuatro sospechosos procesados por el asesinato de la monja que se entrega. Lo hizo luego de que su abogado negoció con la policía para garantizar su seguridad. Las autoridades comunicaron que será interrogado mañana.
Los otros sospechosos del asesinato implicaron a Moura y dijeron que él dio la orden; eso llevó a la Policía a su granja, donde se encontró la pistola utilizada para matar a Stang. Mientras tanto, el abogado de Moura insiste en que su cliente es inocente.
Selva sin ley
El asesinato de Stang, de 73 años, perpetrado cerca de Anapú, en el Estado de Pará, el 12 de marzo, obligó al gobierno de Brasil a enviar a miles de soldados a la zona, para intentar restaurar el orden en esa región de la selva que vive sin ley.
La muerte de la religiosa es vista como resultado de las tensiones entre los grupos ilegales que toman tierras, por un lado, y por el otro los madereros, los granjeros y los activistas ambientales y los defensores de los derechos de los "Sin Tierra", en esa empobrecida zona de Brasil. (Reuter)







