28 Marzo 2005 Seguir en 
Beirut.- El presidente libanés, Emile Lahoud, convocó a la unidad de su país tras el atentado que el sábado tuvo como blanco un barrio cristiano del este de Beirut y en el marco de crecientes tensiones que evocan las circunstancias de la guerra civil que vivió este país entre 1975 y 1990. "La situación requiere unidad y diálogo", declaró Lahoud, al salir de una iglesia donde el cardenal cristiano maronita Mar Nasrallah celebró la misa del Domingo de Resurrección.
Durante la ceremonia religiosa, Nasrallah pidió a la población libanesa que impida la acción de las fuerzas que destruyen la paz y la estabilidad. Pero el llamado de Lahoud al diálogo fue rechazado nuevamente por la oposición antisiria que exige la formación de una comisión internacional que investigue el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en un atentado el pasado 14 de febrero en Beirut.
Líbano vive una escalada de violencia tras la muerte de Hariri, con la reaparición de tensiones entre las comunidades cristiana prooccidental y la musulmana, que es aliada de Siria.
Reclamo
Aunque las tropas sirias concretaron un repliegue hacia la zona fronteriza del valle de Bekaa y se anunció que en una etapa posterior abandonarán totalmente el Líbano, la oposición reclama el cese de la actividad de agentes secretos de Damasco y de sus aliados en el gobierno libanés. Los opositores exigen la inmediata renuncia de funcionarios de la inteligencia nacional a quienes acusan de haber participado en el asesinato de Hariri.
Por su parte, el juez Jean Fahd informó que en el atentado resultaron heridas seis personas y que no hubo muertos. El violento estallido se produjo a las 21.30 del sábado (16.30 de Argentina) y causó la destrucción de unos 70 locales en los que funcionaban tiendas y el incendio de tres modernos edificios de viviendas.
La policía libanesa sostuvo que la explosión fue ocasionada por una bomba que contenía unos 30 kilogramos de dinamita. Walid Jumblatt, influyente dirigente opositor de origen druso, aseguró que detrás del atentado estaban los servicios secretos libaneses con la complicidad del gobierno de Siria. A su vez, la cadena noticiosa árabe Al Yazira, de origen qatarí, denunció que su oficina en Beirut recibió una amenaza tras transmitir el contenido de la entrevista a Jumblatt. (Télam-SNI)
Durante la ceremonia religiosa, Nasrallah pidió a la población libanesa que impida la acción de las fuerzas que destruyen la paz y la estabilidad. Pero el llamado de Lahoud al diálogo fue rechazado nuevamente por la oposición antisiria que exige la formación de una comisión internacional que investigue el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en un atentado el pasado 14 de febrero en Beirut.
Líbano vive una escalada de violencia tras la muerte de Hariri, con la reaparición de tensiones entre las comunidades cristiana prooccidental y la musulmana, que es aliada de Siria.
Reclamo
Aunque las tropas sirias concretaron un repliegue hacia la zona fronteriza del valle de Bekaa y se anunció que en una etapa posterior abandonarán totalmente el Líbano, la oposición reclama el cese de la actividad de agentes secretos de Damasco y de sus aliados en el gobierno libanés. Los opositores exigen la inmediata renuncia de funcionarios de la inteligencia nacional a quienes acusan de haber participado en el asesinato de Hariri.
Por su parte, el juez Jean Fahd informó que en el atentado resultaron heridas seis personas y que no hubo muertos. El violento estallido se produjo a las 21.30 del sábado (16.30 de Argentina) y causó la destrucción de unos 70 locales en los que funcionaban tiendas y el incendio de tres modernos edificios de viviendas.
La policía libanesa sostuvo que la explosión fue ocasionada por una bomba que contenía unos 30 kilogramos de dinamita. Walid Jumblatt, influyente dirigente opositor de origen druso, aseguró que detrás del atentado estaban los servicios secretos libaneses con la complicidad del gobierno de Siria. A su vez, la cadena noticiosa árabe Al Yazira, de origen qatarí, denunció que su oficina en Beirut recibió una amenaza tras transmitir el contenido de la entrevista a Jumblatt. (Télam-SNI)







