28 Marzo 2005 Seguir en 
Si algo se puede destacar del gobierno de Néstor Kirchner posiblemente sea la firmeza con que encara el trato con las empresas que provienen del sector privado. Desde el inicio de su gestión, con mayor o menor diplomacia, el discurso presidencial cargó contra los capitales especulativos, sin que le importara si se trataba de grandes compañías privatizadas o de empresas con años de inversiones en el país. Al parecer, son tiempos de mostrar seriedad, y eso se exige a las empresas. En Tucumán, esto ya se nota, pero hay estructuras -en especial en los principales sectores productivos- que se resisten a abandonar tradicionales estilos poco éticos de hacer negocios.
En la industria azucarera, el proceso de reformulación de una actividad con 200 años de existencia se inició hace ya algún tiempo, cuando viejos actores del sector comenzaron a ceder posiciones a nuevos emprendedores. Así, de a poco, los ingenios mejoran su productividad a fuerza de inversiones genuinas, concretadas a menudo por empresas cada vez más serias. Obviamente que todavía quedan ingenios manejados según los dictados de la "vieja escuela azucarera", a la cual se le critica un accionar no siempre ajustado a la legalidad. Pero nadie puede negar que hay aires nuevos y frescos en la agroindustria más antigua de la provincia. La llegada de compañías multinacionales como Arcor, el grupo Guerrero (que hasta 2003 fue dueño del ingenio Leales) y de Atanor, que planea comprar un tercer ingenio en Tucumán -nada menos que el Concepción- le da jerarquía a la actividad azucarera.
La presencia de empresas muy serias y de gran envergadura, que son rigurosas con sus compromisos, obliga a que el resto de las industrias del sector nivele "hacia arriba", y hace que el accionar de los inescrupulosos quede más expuesto.
En la zafra pronta a comenzar, el sector tendrá que demostrar toda la madurez posible para exportar grandes volúmenes de excedentes de azúcar -como se prevé que habrá- antes de que estos impacten en forma negativa en los precios internos. Además, los industriales deberán estar especialmente atentos a la evolución de la crisis energética y a las gestiones que se llevan adelante para que no falte gas durante la campaña productiva.
La citricultura, en tanto, atraviesa por un momento delicado, del cual se saldrá con éxito según sea el desempeño de las empresas que conforman el sector. Este año será muy difícil que los productores de limón puedan sobrevivir vendiendo su fruta a las industrias, puesto que estas están repletas de derivados de este cítrico. Como contrapartida, la crisis de la citricultura de España, donde se produjeron feroces heladas, abre la posibilidad de exportar un poco más al mercado europeo. Si prima el sentido común y los empresarios citrícolas logran aunar criterios para que las ventas al exterior se hagan en forma ordenada, de modo de no afectar los precios mundiales del limón, es posible que las pérdidas por una molienda menor de fruta se compensen con mejores ingresos por exportaciones. Caso contrario, la temporada podría ser espantosa para la mayoría. Lo interesante es que los principales referentes del sector conocen el problema y que siempre supieron enfrentar la adversidad con altura y responsabilidad.
Los tiempos, la coyuntura, los avances tecnológicos y el momento histórico de la Argentina -y de Tucumán en particular- exigen a las empresas de hoy que actúen a la altura de las circunstancias.
Como pocas veces sucede, los sectores azucarero y citrícola ya tienen un panorama aproximado de lo que les puede deparar este año. Exportar lo más rápido posible y las cantidades justas, en el caso del azúcar, o hacerlo en forma gradual, sin saturar mercados, en el caso de la citricultura, son estrategias de éxito que deben asumir las empresas que integran estos sectores.
En la industria azucarera, el proceso de reformulación de una actividad con 200 años de existencia se inició hace ya algún tiempo, cuando viejos actores del sector comenzaron a ceder posiciones a nuevos emprendedores. Así, de a poco, los ingenios mejoran su productividad a fuerza de inversiones genuinas, concretadas a menudo por empresas cada vez más serias. Obviamente que todavía quedan ingenios manejados según los dictados de la "vieja escuela azucarera", a la cual se le critica un accionar no siempre ajustado a la legalidad. Pero nadie puede negar que hay aires nuevos y frescos en la agroindustria más antigua de la provincia. La llegada de compañías multinacionales como Arcor, el grupo Guerrero (que hasta 2003 fue dueño del ingenio Leales) y de Atanor, que planea comprar un tercer ingenio en Tucumán -nada menos que el Concepción- le da jerarquía a la actividad azucarera.
La presencia de empresas muy serias y de gran envergadura, que son rigurosas con sus compromisos, obliga a que el resto de las industrias del sector nivele "hacia arriba", y hace que el accionar de los inescrupulosos quede más expuesto.
En la zafra pronta a comenzar, el sector tendrá que demostrar toda la madurez posible para exportar grandes volúmenes de excedentes de azúcar -como se prevé que habrá- antes de que estos impacten en forma negativa en los precios internos. Además, los industriales deberán estar especialmente atentos a la evolución de la crisis energética y a las gestiones que se llevan adelante para que no falte gas durante la campaña productiva.
La citricultura, en tanto, atraviesa por un momento delicado, del cual se saldrá con éxito según sea el desempeño de las empresas que conforman el sector. Este año será muy difícil que los productores de limón puedan sobrevivir vendiendo su fruta a las industrias, puesto que estas están repletas de derivados de este cítrico. Como contrapartida, la crisis de la citricultura de España, donde se produjeron feroces heladas, abre la posibilidad de exportar un poco más al mercado europeo. Si prima el sentido común y los empresarios citrícolas logran aunar criterios para que las ventas al exterior se hagan en forma ordenada, de modo de no afectar los precios mundiales del limón, es posible que las pérdidas por una molienda menor de fruta se compensen con mejores ingresos por exportaciones. Caso contrario, la temporada podría ser espantosa para la mayoría. Lo interesante es que los principales referentes del sector conocen el problema y que siempre supieron enfrentar la adversidad con altura y responsabilidad.
Los tiempos, la coyuntura, los avances tecnológicos y el momento histórico de la Argentina -y de Tucumán en particular- exigen a las empresas de hoy que actúen a la altura de las circunstancias.
Como pocas veces sucede, los sectores azucarero y citrícola ya tienen un panorama aproximado de lo que les puede deparar este año. Exportar lo más rápido posible y las cantidades justas, en el caso del azúcar, o hacerlo en forma gradual, sin saturar mercados, en el caso de la citricultura, son estrategias de éxito que deben asumir las empresas que integran estos sectores.







