Las relaciones, base del trabajo en equipo

Las organizaciones requieren el desarrollo de factores que tiendan a coordinar el trabajo de sus empleados.

27 Marzo 2005
Para que el trabajo pueda ser realizado en cualquier organización comprometida, las relaciones humanas son un elemento fundamental. La habilidad para construir y mantener relaciones funcionales y que generen redes efectivas con la gente, es una de las competencias claves que se esperan del personal de una organización.
Pese a que existen metodologías y modelos que asumieron que las dimensiones humanas de la organización son centrales, estos mecanismos no se pueden sostener a largo plazo. Esto repercute cuando hay que formar equipos de trabajo. A veces surgen interrogantes que pueden ser solucionados. "La gente del sector compras parece pertenecer a otra empresa " o "si por lo menos nos tuvieran en cuenta y nos escucharan", son algunos de los ejemplos que se escuchan usualmente en las empresas. Tal vez a nivel de equipo se coordinan acciones siendo sus integrantes sumamente competentes, pero no se coordinan con otros equipos de la misma compañía.
¿Cuáles son los obstáculos que impiden la coordinación entre las personas? ¿Será falta de comunicación? Desde esta mirada podemos aceptar que la confianza es un tema crítico. Nos hemos preguntado alguna vez ¿que es confiar? ¿Cuándo decimos que confiamos? ¿Cuándo desconfiamos?¿Qué sostiene la confianza? ¿Puede regenerarse?
Existen ciertos ejes que pueden servirnos como punto de partida para esta reflexión. Todos tenemos ejemplos de qué nos hace confiar y qué nos hace desconfiar de los demás y también de nosotros mismos.
Uno de ellos es la competencia. Confiamos en aquellos que muestran tener una capacidad de accionar en forma efectiva en determinados dominios de acción. Una persona a la que consideremos incompetente no es alguien a quien confiaríamos nuestra integridad o nuestro futuro. Lo mismo se refleja en las organizaciones. La confianza de los clientes o consumidores se ve afectada por el nivel de competencia que muestren en su desempeño.
¿Cuán responsables somos de las promesas que hacemos? Cuando prometemos y no cumplimos, la confianza se cae. Del mismo modo cuando nos prometen y no sostienen la palabra, nuestra confianza en esa persona se verá afectada.
Esto abre a otro eje fundamental de la confianza: la sinceridad. Somos sinceros cuando lo que nos decimos internamente coincide con lo que expresamos públicamente.
¿Cuántas veces decimos "si" a un pedido que nos hacen cuando queremos decir que "no"? Si cuando se me pide algo digo que acepto hacerlo mientras me digo a mi mismo que no lo voy a hacer, en todos estos casos comprometo la confianza que los demás puedan tener en mí. Ahora bien, mientras la competencia pertenece al dominio de nuestra capacidad de acción, la sinceridad pertenece al dominio de la ética. Nadie miente por no saber decir la verdad. Desde nuestra ética particular definimos el tipo de relaciones que establecemos con los demás.
Y de esta manera construimos en nuestra historia relacional con los demás nuestra "credibilidad". Somos creíbles cuando sostenemos nuestras promesas en el tiempo. Cuando tenemos una historia de promesas rotas o incumplidas eso afecta la posibilidad de que la otra persona vuelva a confiar en nosotros en el presente.
Hoy, para cualquier persona comprometida, es un requisito fundamental aprender a desarrollar la habilidad de generar y sostener confianza en aquellos con los que trabaja o convive. Los equipos que desarrollan altos niveles de confianza entre sus miembros generan resultados extraordinarios.

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