27 Marzo 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Durante la última semana, el modelo económico de la administración Kirchner comenzó a navegar entre borrascas.
La conducción económica no advierte que al programa le está faltando algo esencial para seguir adelante: inversiones. Pero también está faltando otro elemento más importante aún: conducción.
El Presidente de la República está ajeno a los asuntos más delicados del Estado y está lanzado a una campaña electoral que hasta ahora no sólo no entusiasma a nadie sino que se desenvuelve en el mismo escenario que en 2003, es decir dirimiendo cuestiones internas y olvidando las necesidades de la población.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, se mostró en las últimas horas muy contrariado por la presión salarial lanzada por la cúpula sindical.
El trasfondo de la inflación está azotando al "TitaniK" y el ministro de Economía sabe que si se produce una recuperación masiva de los salarios, ante una oferta estrecha, eso alimentará el fuego inflacionario.
¿Alguien puede creer que Lavagna recién ahora advirtió que un jubileo salarial en las actuales circunstancias generará más inflación? ¿Acaso Lavagna no avisó al presidente Kirchner, en diciembre pasado, que el plan "Navidad Feliz" sería el detonador del aumento de precios?
Si así fuera, Kirchner despreció la opinión de Lavagna lo cual revela cierta soberbia de la Casa Rosada y un marcado desdén hacia el conductor del Palacio de Hacienda.
Si no fuera así, queda claro que no existe conducción ni política ni económica en un país que ha perdido su institucionalidad y que presenta una alta concentración del nivel de decisiones en pocas manos.
La burbuja
Sin embargo, la burbuja desatada por el plan "Navidad Feliz" y por el canje de la deuda se desinfló y ahora queda la realidad al descubierto. Los problemas económicos comienzan a recrudecer y la agenda de 2005 muestra un panorama complicado, cuanto menos.
Si el canje fuera tan exitoso, como presumieron Kirchner y Compañía, las inversiones estarían inundando la Argentina y la tasa de crecimiento volaría.
¿Por qué no ocurre esto? En primer lugar, porque la Argentina no salió del default ya que las demandas de los acreedores amenazan con complicar el futuro.
En segundo lugar, porque las andanzas oficiales con ataques a empresas y amenazas a quienes no comulguen con el credo "K", espantan a cualquier inversor.
En tercer lugar, porque el ambiente institucional está fragmentado.
En cuarto lugar, porque la amenaza inflacionaria es un escollo para hilvanar una estructura de costos de cualquier emprendimiento.
El Gobierno pretendió enmascarar los efectos inflacionarios detrás del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). Pero este coeficiente se ha transformado en una amenaza seria que puede terminar en otra crisis.
A saber, gran parte de los contratos y de la deuda está ajustada con el gatillo del CER y las dos terceras partes de los depósitos bancarios están colocados con esa cláusula de ajuste.
En sendos casos, los más perjudicados serán los trabajadores del sector formal o los futuros jubilados, tal como ocurrió a partir de 2002.
La nave insignia
Por lo pronto, algunos datos no son halagüeños. El gasto público aumentó un 30% y si bien el superávit fiscal primario se mantiene elevado, es a base de una monumental presión fiscal que recae siempre sobre los sectores formales de la economía y que desalienta la llegada de nuevas inversiones.
Precisamente, los niveles de inversión no sólo no alcanzan para dar un impulso a la oferta agregada que permita neutralizar los shock de demanda sino que tampoco permiten superar las serias deficiencias de infraestructura que presenta el país.
Así, con problemas estructurales y con la inflación a la vuelta de la esquina, la nave insignia se aproxima a un nuevo desastre. (DyN)
La conducción económica no advierte que al programa le está faltando algo esencial para seguir adelante: inversiones. Pero también está faltando otro elemento más importante aún: conducción.
El Presidente de la República está ajeno a los asuntos más delicados del Estado y está lanzado a una campaña electoral que hasta ahora no sólo no entusiasma a nadie sino que se desenvuelve en el mismo escenario que en 2003, es decir dirimiendo cuestiones internas y olvidando las necesidades de la población.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, se mostró en las últimas horas muy contrariado por la presión salarial lanzada por la cúpula sindical.
El trasfondo de la inflación está azotando al "TitaniK" y el ministro de Economía sabe que si se produce una recuperación masiva de los salarios, ante una oferta estrecha, eso alimentará el fuego inflacionario.
¿Alguien puede creer que Lavagna recién ahora advirtió que un jubileo salarial en las actuales circunstancias generará más inflación? ¿Acaso Lavagna no avisó al presidente Kirchner, en diciembre pasado, que el plan "Navidad Feliz" sería el detonador del aumento de precios?
Si así fuera, Kirchner despreció la opinión de Lavagna lo cual revela cierta soberbia de la Casa Rosada y un marcado desdén hacia el conductor del Palacio de Hacienda.
Si no fuera así, queda claro que no existe conducción ni política ni económica en un país que ha perdido su institucionalidad y que presenta una alta concentración del nivel de decisiones en pocas manos.
La burbuja
Sin embargo, la burbuja desatada por el plan "Navidad Feliz" y por el canje de la deuda se desinfló y ahora queda la realidad al descubierto. Los problemas económicos comienzan a recrudecer y la agenda de 2005 muestra un panorama complicado, cuanto menos.
Si el canje fuera tan exitoso, como presumieron Kirchner y Compañía, las inversiones estarían inundando la Argentina y la tasa de crecimiento volaría.
¿Por qué no ocurre esto? En primer lugar, porque la Argentina no salió del default ya que las demandas de los acreedores amenazan con complicar el futuro.
En segundo lugar, porque las andanzas oficiales con ataques a empresas y amenazas a quienes no comulguen con el credo "K", espantan a cualquier inversor.
En tercer lugar, porque el ambiente institucional está fragmentado.
En cuarto lugar, porque la amenaza inflacionaria es un escollo para hilvanar una estructura de costos de cualquier emprendimiento.
El Gobierno pretendió enmascarar los efectos inflacionarios detrás del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). Pero este coeficiente se ha transformado en una amenaza seria que puede terminar en otra crisis.
A saber, gran parte de los contratos y de la deuda está ajustada con el gatillo del CER y las dos terceras partes de los depósitos bancarios están colocados con esa cláusula de ajuste.
En sendos casos, los más perjudicados serán los trabajadores del sector formal o los futuros jubilados, tal como ocurrió a partir de 2002.
La nave insignia
Por lo pronto, algunos datos no son halagüeños. El gasto público aumentó un 30% y si bien el superávit fiscal primario se mantiene elevado, es a base de una monumental presión fiscal que recae siempre sobre los sectores formales de la economía y que desalienta la llegada de nuevas inversiones.
Precisamente, los niveles de inversión no sólo no alcanzan para dar un impulso a la oferta agregada que permita neutralizar los shock de demanda sino que tampoco permiten superar las serias deficiencias de infraestructura que presenta el país.
Así, con problemas estructurales y con la inflación a la vuelta de la esquina, la nave insignia se aproxima a un nuevo desastre. (DyN)







