El ciclista, eterno transgresor

Estos usuarios de la vía pública al parecer no reconocen que las normas de tránsito deban ser cumplidas por ellos.

05 Julio 2002
Es curiosa la manera en que los ciclistas contribuyen, cotidianamente, a aumentar el desorden que caracteriza a la vía pública en San Miguel de Tucumán. Varias veces hemos criticado la libertad con que dejan estacionado su rodado en cualquier parte, sin importarles perturbar el paso de los peatones. Pero hay bastante más que eso en su conducta habitual.
Lo decimos al observar que para el ciclista parecen no regir las normas establecidas para el uso de la calzada.
Así es como, por regla general, no respetan ni las luces del semáforo, ni los ademanes de los varitas. Cuando la correntada de vehículos se detiene por algunas de aquellas indicaciones, el ciclista atraviesa la esquina con toda tranquilidad.
La mano del tránsito también es algo inexistente para quien pedalea una bicicleta, ya que adopta la dirección que en ese momento le conviene. Más de una vez, quien va a cruzar la calzada mirando hacia el lado de donde vienen los vehículos, debe esquivar al ciclista que aparece de pronto en la dirección opuesta.
Todo ello hace evidente la necesidad de una acción municipal enérgica, que ponga orden en esa permanente transgresión.

Tamaño texto
Comentarios