Los iraquíes afirman que hay más desempleo e inseguridad

Sin el "nuevo renacer". Malestar por la ausencia de servicios básicos y por la profundización de las divisiones religiosas y étnicas. Saqueo cultural.

21 Marzo 2005
BAGDAD.- La mayoría de los iraquíes se siente frustrada por los problemas de seguridad, la ausencia de servicios básicos y el alto nivel de desempleo, dos años después de que la coalición liderada por Estados Unidos inició la invasión de su país.
Los iraquíes recuerdan que tras la guerra que acabó con la dictadura de Saddam Hussein, los responsables norteamericanos y británicos habían prometido un "nuevo amanecer" para el pueblo de Irak, que incluiría democracia, libertad y prosperidad, tras varias décadas de opresión.
Dicen que las expectativas de mejora tras la guerra fueron un espejismo, ya que el desempleo, según las cifras oficiales, alcanza al 70% de la población y la ausencia de servicios básicos, como agua corriente o electricidad, es un problema para la mayoría de la población. "Las fuerzas ocupantes sólo tienen éxito en el saqueo de la cultura, la historia y la economía de Irak, y en asesinar a más de 100.000 iraquíes y haber herido a otros tantos", dice un comunicado de importantes clérigos suníes publicado ayer.

Desmantelamientos
El texto, hecho público tras una reunión de las principales figuras suníes en una mezquita de Bagdad, insiste en que las condiciones de seguridad y económicas empeoran. El desmantelamiento del ejército, de la policía y de los servicios de inteligencia iraquíes agravó la situación económica de un país donde cientos de miles de personas se encontraron, de pronto, sin trabajo.
Muchos iraquíes opinan que, en lugar de llevar la seguridad al país, la nueva situación provocó que muchas ciudades se hayan convertido en pueblos fantasmas debido a los ataques de la insurgencia en su sangrienta campaña contra las fuerzas ocupantes.
"Esperábamos que EEUU nos trajera prosperidad y libertad, pero dos años después sólo hemos visto explosiones diarias, inseguridad y carencias en los servicios públicos", explicó Hazem Shamari, propietario de una tienda de alimentación en la capital. La minoría suní, que se mostró contraria a la intervención, asegura que la ocupación contribuyó a profundizar las diferencias étnicas y religiosas y aumentó la posibilidad de una guerra civil. "El problema es que, pese a todo, los iraquíes en general aún están sufriendo", dijo Naim Lefta, un comerciante chií.
Lefta recordó que él mismo fue secuestrado hace varios meses por un grupo criminal. "Sólo me liberó después de que mi familia pagara un rescate de U$S 40.000", dijo. (Especial)

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