Fracasó un intento de acuerdo en Bolivia

Clima de diálogo. Ambas partes mantienen sus diferencias sobre las regalías petroleras. Los opositores acentuarán las medidas de fuerza, pese a las marchas de repudio a los bloqueos.

FRENTE A FRENTE. El mandatario y el líder socialista inician la reunión con un gesto amistoso, pese a lo cual no se acortaron las diferencias.
FRENTE A FRENTE. El mandatario y el líder socialista inician la reunión con un gesto amistoso, pese a lo cual no se acortaron las diferencias.
11 Marzo 2005
LA PAZ.- El presidente Carlos Mesa se reunió ayer con el líder socialista Evo Morales y con dirigentes sociales del bloque opositor, pero no llegaron a un acuerdo sobre la crucial futura ley de hidrocarburos, centro del conflicto que azota al país. Las conversaciones comenzaron pasadas las 16 en el Palacio Quemado, sede del gobierno, y concluyeron cuatro horas después en un fracaso, según la evaluación coincidente de voceros de ambas partes que, no obstante, valoraron el espíritu de diálogo puesto de manifiesto en el encuentro.
Según Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS), principal fuerza de la oposición política, Mesa no entendió la necesidad de que ingrese al Estado el 50% de las regalías petroleras. Asimismo, anunció nuevas protestas antes de dejar el Palacio Quemado junto con el jefe de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, y con el líder campesino, Román Loayza.
Morales, Solares y Loayza encabezarán hoy un plenario ampliado de las organizaciones sociales para profundizar las medidas de protesta y bloqueos de ruta.
Por su parte, el portavoz del gobierno explicó que Mesa había ofrecido la formación casi inmediata de una comisión técnica que explicaría a los sectores sociales los efectos de una regalía de esa magnitud para el país. "Lamentablemente, no fructificó esta oferta, pero el gobierno mantiene las puertas abiertas y su disposición al diálogo", subrayó. Asimismo, destacó que el Ejecutivo no intenta hacer una ley en favor de las petroleras y en perjuicio de los bolivianos, sino una ley para todas las regiones, para los más desprotegidos y para los empresarios. Mesa sostuvo el miércoles que no hay diferencias sustanciales entre el proyecto que él impulsa y el que apoya Morales -al que calificó de imposible-, ya que el suyo contempla un 18% de regalías y un 32% de impuesto directo en boca de pozo. Pero el líder del MAS afirma que este último impuesto se presta al engaño empresario, por la dificultad de control, y que en la práctica el 50% de las regalías que reclama para el Estado duplica la carga impositiva que postula el gobierno. Como fuese, está en discusión el principal ingreso de Bolivia, incrementado en potencia tras el descubrimiento de enormes reservas de gas en Tarija, sólo inferiores a las de Venezuela.

Muestra de fuerza
La fallida tratativa de Mesa con los líderes opositores culminó al cabo de una jornada marcada por las movilizaciones en las ciudades a favor del gobierno, y los cortes y bloqueos de los campesinos. Pese a que Mesa movilizó a un sector de la población con la consigna "no a los bloqueos, sí a la paz", hubo una violenta represión policial contra campesinos en Santa Cruz. Como respuesta, Morales le contestó ayer, en declaraciones radiales, que fueron esos mismos bloqueos los que lo llevaron a la presidencia en octubre de 2003, luego de la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Ayer, Mesa pidió disculpas al líder cocalero, si se sintió ofendido por las duras críticas que le formuló el domingo, cuando puso en manos del Congreso su renuncia. (Télam-SNI)

ANALISIS
Peligrosa polarización
BUENOS AIRES.- La ratificación de Carlos Mesa como presidente por parte del Congreso reencauzó la dinámica institucional del país, pero no resolvió la problemática político-económica de fondo que detonó la crisis, durante el pasado fin de semana. Mesa, que estaba arrinconado y sin respaldo político, salió fortalecido tras el rechazo del Congreso a su renuncia. Pero presentar el cambio como un triunfo es reflejar sólo una arista de la cuestión. Es necesario ver también que la anomia y la incertidumbre que reinaban tras la renuncia del presidente han sido reemplazadas por una peligrosa polarización. En un lado está la alianza entre un Ejecutivo frágil y un Legislativo desprestigiado, que cuenta con el respaldo de los partidos más tradicionales y de un sector de la población básicamente urbana. En la vereda opuesta quedaron los movimientos sociales de base indígena, que reconocen el liderazgo del jefe del MAS, Evo Morales, y del dirigente aimara Felipe Quispe.

Un país fragmentado
Lo más grave es que esta división se despliega en un país fragmentado en varios sentidos: socialmente -una gran mayoría empobrecida y una minoría pudiente-; étnicamente -indígenas y mestizos o blancos-; ideológicamente -los que la primacía del Estado en la administración de los recursos y los que alientan la inversión privada extranjera-, y regionalmente, a partir de diversas reivindicaciones autonómicas, como las exhibidas en Santa Cruz de la Sierra. (DyN)
Jorge Liotti

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