27 Febrero 2005 Seguir en 
En el mundo de los negocios existen algunas paradojas, y es necesario estar preparado para determinar los errores más frecuentes en el manejo de las empresas. Es difícil aprender de los errores porque muy pocos los admiten.
El mundo empresarial desea mostrar su éxito y los demás quieren conocer las buenas prácticas implementadas de los que ganan, sin embargo, es poco lo que se aprende de los triunfos; de hecho, los intentos de replicar los aciertos del pasado suelen terminar en los fracasos de marketing más rotundos.
A los hombres de negocios no les gusta admitir las equivocaciones y menos aún comentarlas públicamente, sin embargo, se puede aprender muchísimo de estas.
Por ejemplo, el supermercadismo tucumano tuvo su auge en la década de los 70 y de los 80, y solo existían dos grandes firmas locales que competían en este mercado. Su estrategia se basaba en dos conceptos: la distribución geográfica de sus bocas de expendio y la variedad de productos. Luego se incorporaron nuevos competidores de firmas foráneas, que usando la misma estrategia de los empresarios locales, sumándole una agresiva política de precios, y una mayor solidez técnica en las comunicaciones, produjeron una lenta agonía que terminó con la desaparición las firmas de nuestro medio.
No se aggiornaron
Cuando el mercado cambió en Tucumán, muy pocos visualizaron ese cambio. El error fue no aggiornarse y hasta considerarse superior por el sólo hecho de ser local y tener un mayor conocimiento del mercado tucumano.
Cuando hablamos de errores, es natural cuestionarse cuál es la equivocación con las peores consecuencias. Cuando las empresas logran un liderazgo se sienten inmunes, y es ahí donde se cometen la mayor cantidad de errores. La soberbia hace subestimar hasta al mercado propiamente dicho.
En el extremo opuesto están las empresas que admiten sus equivocaciones, las analizan y se reposicionan.
Por ejemplo, una firma local de ventas de lácteos redefinió su estrategia al focalizarse en un segmento específico, ofreciéndoles mayores y mejores servicios, esto sin dejar de atender al mercado en que inicialmente se encontraba.
Hay que reconocer que el conocimiento avanza y, al mismo tiempo, existen peligros de adoptar prácticas de moda. Lo que sucede es que, en marketing, no hay normas estándar ni fórmulas como en contabilidad. Existen muchos empresarios que subestiman a la formación técnica adecuada y adoptan la corriente de moda sin importarle las consecuencias que esto puede generar.
Las grandes firmas
No tan solo las pequeñas empresas cometen errores, también podemos citar como uno de los errores más grande de mercadotecnia, a la gaseosa más vendida del mundo.
Después de perder un pequeño porcentual de mercado en manos de la competencia intentó determinar, tras extensas investigaciones de mercado, el por qué de esta disminución del market share o porcentual de mercado.
Los sondeos dieron como resultado que la disminución en el consumo estaba originado en el sabor del producto de la competencia.
Para contrarrestar esto se lanzó un nuevo producto, lo cual fue considerado el mayor error de marketing de la historia. Las ventas bajaron, y habiendo perdido el importe de lo que representaba sus activos fijos, a los seis meses del lanzamiento tuvo que levantarlo de los puntos de ventas.
La competencia aprovechó este error para lanzar una campaña en la que ilustraba por qué la más grande de las gaseosas había cambiado su fórmula. La razón, algo alucinante, era el sabor de la gaseosa de la competencia.
El mercado exigió a la gaseosa más vendida del mundo, la vuelta al sabor original, y la compañía se rectificó, naciendo un nuevo producto denominado clásico.
El mundo empresarial desea mostrar su éxito y los demás quieren conocer las buenas prácticas implementadas de los que ganan, sin embargo, es poco lo que se aprende de los triunfos; de hecho, los intentos de replicar los aciertos del pasado suelen terminar en los fracasos de marketing más rotundos.
A los hombres de negocios no les gusta admitir las equivocaciones y menos aún comentarlas públicamente, sin embargo, se puede aprender muchísimo de estas.
Por ejemplo, el supermercadismo tucumano tuvo su auge en la década de los 70 y de los 80, y solo existían dos grandes firmas locales que competían en este mercado. Su estrategia se basaba en dos conceptos: la distribución geográfica de sus bocas de expendio y la variedad de productos. Luego se incorporaron nuevos competidores de firmas foráneas, que usando la misma estrategia de los empresarios locales, sumándole una agresiva política de precios, y una mayor solidez técnica en las comunicaciones, produjeron una lenta agonía que terminó con la desaparición las firmas de nuestro medio.
No se aggiornaron
Cuando el mercado cambió en Tucumán, muy pocos visualizaron ese cambio. El error fue no aggiornarse y hasta considerarse superior por el sólo hecho de ser local y tener un mayor conocimiento del mercado tucumano.
Cuando hablamos de errores, es natural cuestionarse cuál es la equivocación con las peores consecuencias. Cuando las empresas logran un liderazgo se sienten inmunes, y es ahí donde se cometen la mayor cantidad de errores. La soberbia hace subestimar hasta al mercado propiamente dicho.
En el extremo opuesto están las empresas que admiten sus equivocaciones, las analizan y se reposicionan.
Por ejemplo, una firma local de ventas de lácteos redefinió su estrategia al focalizarse en un segmento específico, ofreciéndoles mayores y mejores servicios, esto sin dejar de atender al mercado en que inicialmente se encontraba.
Hay que reconocer que el conocimiento avanza y, al mismo tiempo, existen peligros de adoptar prácticas de moda. Lo que sucede es que, en marketing, no hay normas estándar ni fórmulas como en contabilidad. Existen muchos empresarios que subestiman a la formación técnica adecuada y adoptan la corriente de moda sin importarle las consecuencias que esto puede generar.
Las grandes firmas
No tan solo las pequeñas empresas cometen errores, también podemos citar como uno de los errores más grande de mercadotecnia, a la gaseosa más vendida del mundo.
Después de perder un pequeño porcentual de mercado en manos de la competencia intentó determinar, tras extensas investigaciones de mercado, el por qué de esta disminución del market share o porcentual de mercado.
Los sondeos dieron como resultado que la disminución en el consumo estaba originado en el sabor del producto de la competencia.
Para contrarrestar esto se lanzó un nuevo producto, lo cual fue considerado el mayor error de marketing de la historia. Las ventas bajaron, y habiendo perdido el importe de lo que representaba sus activos fijos, a los seis meses del lanzamiento tuvo que levantarlo de los puntos de ventas.
La competencia aprovechó este error para lanzar una campaña en la que ilustraba por qué la más grande de las gaseosas había cambiado su fórmula. La razón, algo alucinante, era el sabor de la gaseosa de la competencia.
El mercado exigió a la gaseosa más vendida del mundo, la vuelta al sabor original, y la compañía se rectificó, naciendo un nuevo producto denominado clásico.







