27 Febrero 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Los resultados definitivos se conocerán a mediados de semana, pero tanto desde el gobierno como desde la mayoría de los analistas, bancos y casas de inversión se descuenta que el canje de la deuda argentina en cesación de pago culminará sin sobresaltos de significación.
Según el grado de euforia u oficialismo, la evaluación oscila entre el "aprobado" y el "sobresaliente", con grados de aceptación que van del 60% al 80%, quizás sin reparar que la diferencia entre ambos porcentajes es de más de 16.000 millones de dólares. Y unas cuantas demandas judiciales.
No obstante, ese no es el punto central que deben considerar los que están fuera del negocio. La pregunta es cómo seguirá la economía en los próximos años o, en términos más pomposos, qué se escribirá sobre la historia económica argentina del siglo XXI.
Para responderla, habrá que saber cómo se comportarán el presidente Néstor Kirchner, el ministro Roberto Lavagna, y todos sus sucesores en las próximas cuatro décadas. Porque lo que se iniciará en pocos días después del canje es una tarea para la que se requiere mucho sacrificio y disciplina: pagar.
Los antecedentes
Pagar fue, precisamente, el rol que el comité de bancos acreedores le asignó al Estado argentino en abril de 1992 al acceder al Plan Brady, por tomar un antecedente que guarde similitud con el proceso actual, si bien este es infinitamente mucho más engorroso.
Las luces del centro le impidieron al entonces presidente Carlos Menem comprender la cabal dimensión de la situación y, embelesado por un supuesto ingreso al "Primer Mundo", creyó que los ingresos por privatizaciones y el mercado de capitales serían suficientes para afrontar el problema.
Su sucesor Fernando de la Rúa continuó por la misma senda, hasta que el mercado le bajó el pulgar. Esto desembocó al poco tiempo en la era del default, de la que luego de más de tres años se estaría por salir.
En el supuesto caso de que la dirigencia argentina haya aprendido la lección, habrá que dilucidar cuál será la estrategia (o las estrategias, si se tiene en cuenta lo prolongado del período) a seguir en los años venideros, dejado a un lado el viejo truco de pagar deuda con nueva deuda.
Ni el más optimista cree que el actual esquema de superávit fiscal creciente y compra de dólares por parte del Banco Central pueda prolongarse indefinidamente en el tiempo.
Para el corto y mediano plazo son dos buenas herramientas para contar con las divisas suficientes para afrontar las obligaciones, pero ¿alguien puede asegurar que ambas puedan continuar por veinte o treinta años más?
Por otra parte, los salarios deprimidos y la elevada presión impositiva, dos de los principales puntales del superávit fiscal posterior al default, no podrán mantenerse sin riesgos de un aumento en los reclamos sectoriales cuyas dimensiones nadie puede prever.
Quizás a simple vista no pueda verse nada en común entre los reclamos salariales de los empleados de una repartición pública, con ingresos congelados desde hace casi catorce años, y los de las entidades agropecuarias que bregan por la eliminación o al menos la disminución de las retenciones a las exportaciones.
Pero la atención de ambas demandas por parte del gobierno nacional pondrían en peligro la principal carta de negociación ante los acreedores.
Las perspectivas
A no ser que se resuelva encarar la situación desde otro ángulo. Pagar la deuda renegociada sin nuevos endeudamientos, aumentar los salarios sin provocar inflación y bajar los impuestos sin comprometer el financiamiento del Estado. Aplicar todo esto, en forma simultánea, sólo es posible si se toma la decisión de llevar adelante la tarea pendiente de todo el siglo XX: una verdadera reforma del Estado en sus tres niveles.
No obstante, la experiencia de los últimos años es más que desalentadora. Hubo varias iniciativas para introducir mejoras en la administración, sin recortes de personal, pero fueron al cesto de basura en cuanto algunos intereses se sintieron perjudicados. Si Kirchner, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y sus sucesores se deciden a enfrentarlos, las posibilidades de éxito se multiplicarán.
Al final de todo este proceso Kirchner, con 97 años, y Lavagna, con 105, podrán corroborarlo. (DyN)
Según el grado de euforia u oficialismo, la evaluación oscila entre el "aprobado" y el "sobresaliente", con grados de aceptación que van del 60% al 80%, quizás sin reparar que la diferencia entre ambos porcentajes es de más de 16.000 millones de dólares. Y unas cuantas demandas judiciales.
No obstante, ese no es el punto central que deben considerar los que están fuera del negocio. La pregunta es cómo seguirá la economía en los próximos años o, en términos más pomposos, qué se escribirá sobre la historia económica argentina del siglo XXI.
Para responderla, habrá que saber cómo se comportarán el presidente Néstor Kirchner, el ministro Roberto Lavagna, y todos sus sucesores en las próximas cuatro décadas. Porque lo que se iniciará en pocos días después del canje es una tarea para la que se requiere mucho sacrificio y disciplina: pagar.
Los antecedentes
Pagar fue, precisamente, el rol que el comité de bancos acreedores le asignó al Estado argentino en abril de 1992 al acceder al Plan Brady, por tomar un antecedente que guarde similitud con el proceso actual, si bien este es infinitamente mucho más engorroso.
Las luces del centro le impidieron al entonces presidente Carlos Menem comprender la cabal dimensión de la situación y, embelesado por un supuesto ingreso al "Primer Mundo", creyó que los ingresos por privatizaciones y el mercado de capitales serían suficientes para afrontar el problema.
Su sucesor Fernando de la Rúa continuó por la misma senda, hasta que el mercado le bajó el pulgar. Esto desembocó al poco tiempo en la era del default, de la que luego de más de tres años se estaría por salir.
En el supuesto caso de que la dirigencia argentina haya aprendido la lección, habrá que dilucidar cuál será la estrategia (o las estrategias, si se tiene en cuenta lo prolongado del período) a seguir en los años venideros, dejado a un lado el viejo truco de pagar deuda con nueva deuda.
Ni el más optimista cree que el actual esquema de superávit fiscal creciente y compra de dólares por parte del Banco Central pueda prolongarse indefinidamente en el tiempo.
Para el corto y mediano plazo son dos buenas herramientas para contar con las divisas suficientes para afrontar las obligaciones, pero ¿alguien puede asegurar que ambas puedan continuar por veinte o treinta años más?
Por otra parte, los salarios deprimidos y la elevada presión impositiva, dos de los principales puntales del superávit fiscal posterior al default, no podrán mantenerse sin riesgos de un aumento en los reclamos sectoriales cuyas dimensiones nadie puede prever.
Quizás a simple vista no pueda verse nada en común entre los reclamos salariales de los empleados de una repartición pública, con ingresos congelados desde hace casi catorce años, y los de las entidades agropecuarias que bregan por la eliminación o al menos la disminución de las retenciones a las exportaciones.
Pero la atención de ambas demandas por parte del gobierno nacional pondrían en peligro la principal carta de negociación ante los acreedores.
Las perspectivas
A no ser que se resuelva encarar la situación desde otro ángulo. Pagar la deuda renegociada sin nuevos endeudamientos, aumentar los salarios sin provocar inflación y bajar los impuestos sin comprometer el financiamiento del Estado. Aplicar todo esto, en forma simultánea, sólo es posible si se toma la decisión de llevar adelante la tarea pendiente de todo el siglo XX: una verdadera reforma del Estado en sus tres niveles.
No obstante, la experiencia de los últimos años es más que desalentadora. Hubo varias iniciativas para introducir mejoras en la administración, sin recortes de personal, pero fueron al cesto de basura en cuanto algunos intereses se sintieron perjudicados. Si Kirchner, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y sus sucesores se deciden a enfrentarlos, las posibilidades de éxito se multiplicarán.
Al final de todo este proceso Kirchner, con 97 años, y Lavagna, con 105, podrán corroborarlo. (DyN)







