La hora para nuevas inversiones

El gran desafío de la economía argentina es lograr atraer a nuevos capitales para sostener el crecimiento. Los bancos siguen prestando poco.

27 Febrero 2005
La situación de default del Gobierno nacional está siendo superada de manera sensiblemente más exitosa de lo que la opinión pesimista de los más influyentes analistas económicos ayudaban, hace no mucho tiempo, a predecir.
A medida que esta salida exitosa del estado de cesación de pagos se incorpora como información en los mercados financieros, lo que se genera es un aumento gradual en la confianza que los inversores potenciales depositan en el futuro de nuestra economía, incrementándose la entrada de capitales del exterior.
Esto último termina produciendo una situación financiera paradójica, en la medida que el Estado insista en su política de intervenir sistemáticamente en el mercado cambiario. En particular a través de la compra significativa de dólares para evitar que su valor se deprecie frente al peso.
Lo que busca el gobierno con la compra de divisas es, por supuesto, evitar que la economía revierta el proceso de aumento de competitividad externa que apareció con la gran devaluación y la moderada inflación que le sobrevino. Es sobre esta competitividad que está asentada la alianza básica que este gobierno construyó con el sector industrial y exportador de nuestra economía. De esta forma se alejó de la alianza que durante la década de los 90 se produjo con los bancos y las grandes empresas de servicio privatizadas. Además, el aumento fenomenal de recaudación impositiva de los últimos dos años está ligado a la ganancias de estas empresas productivas y exportadoras.
Si a eso le sumamos la suspensión de una parte importante de los compromisos externos del Estado nacional, el resultado fue el fuerte superávit fiscal con el que se financió, en definitiva, la compra de dólares por parte del Banco Central y del Banco Nación.
La paradoja aparece cuando observamos que buena parte de la liquidez que nace del superávit fiscal y de la entrada de capitales no se vuelca en los mercados para financiar inversiones productivas públicas o privadas.
Los bancos comerciales tienen mucha liquidez pero prestan poco, y el Estado gasta buena parte de sus ingresos netos en la compra de dólares. Pero el Estado no podrá mantener mucho tiempo más la competitividad externa con la compra sistemática de divisas, puesto que el superávit, que no puede mantenerse todo el tiempo en los altísimos niveles de los últimos años, estará destinado básicamente al pago de la deuda ya normalizada.
Sólo nuevas inversiones podrán sostener el crecimiento de nuestra economía. Este es justamente el gran desafío de la economía argentina necesita en su etapa post-default.

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