BUENOS AIRES.- El dólar tuvo a maltraer al Gobierno nacional durante la última semana y lo hizo asomar al dramático escenario que es el abismo.
La incertidumbre por el futuro de la divisa, el comportamiento del Gobierno y la falta de un apoyo concreto del FMI llevaron el dólar a 4 pesos en la locura del lunes 25 de marzo.
No eran grandes operadores los que se movían delante de las cámaras de televisión (no es el terreno en el que suelen actuar) sino pequeños ahorristas que perdían horas de su vida en procura de comprar insignificantes sumas de dólares en las casas de cambio, a cifras asombrosas, que, por ahora, lamentan.
Por esas horas, el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, buscaba apoyo político para su plan y el respaldo del Congreso a las leyes que reclama el FMI, en una serie de demandas que, una vez cumplida, desembocaría en la tan ansiada ayuda financiera para el país.
El jefe del Palacio de Hacienda se alineó en la flotación libre de esa divisa como lo recomienda el FMI, frente a quienes apuntaban a fijar el tipo de cambio.
Alivio
El Gobierno, que por momentos también se vio preso del pánico ante la escalada del dólar, respiró aliviado cuando el martes y el miércoles arrojó resultados positivos la estrategia del Banco Central para contener el precio de dólar, junto a la venta efectuada por los exportadores, a quienes les aumentarán las retenciones para evitar un descontrol del verde que lleve a la hiperinflación.
Los aumentos de precios, la inflación y la situación social de la Argentina desvelan al presidente Eduardo Duhalde, quien desea recomponer la deteriorada relación con el Parlamento para poder cerrar un acuerdo con el Fondo, recién en mayo próximo.
La misión que llegará esta semana a la Argentina, anticipándose al ya conocido Anoop Singh, traerá un mensaje claro y conocido para Duhalde.
La negociación será dura, como lo muestra el clima previo sembrado por declaraciones, no sólo de funcionarios del FMI, sino del propio gobierno de los Estados Unidos.
Es como si a Duhalde el FMI le mostrara la zanahoria, pero le corre constantemente la meta de llegada, en un juego perverso.Como lo reconoció el propio Presidente, a la Argentina que cayó en default ya no le creen en el exterior y la tratan con extrema severidad, de forma tal que sea un ejemplo de lo que les podría suceder a las naciones que piensan en la cesación de pagos.Los mensajes que llegan desde el exterior son muy claros. No sólo desde los Estados Unidos, sino de Europa. Acuerdo con el Fondo, un plan económico sostenible, respaldo político y seguridad jurídica.
Los unos y los otros
En ese marco, se hace indispensable un acuerdo con el Congreso para modificar las leyes de Subversión Económica (que permitió abrir causas contra banqueros por fuga de capitales) y de Quiebra.
Esa no será una tarea fácil por la resistencia que genera entre los legisladores la imposición del FMI.
También el Fondo quiere alcanzar un nuevo pacto de coparticipación con las provincias. Por lo pronto, y como paso previo para esa nueva ley federal de impuestos, diputados y senadores deben ratificar el último acuerdo entre la Nación y los gobernadores.
Duhalde debió encabezar personalmente la recomposición de la relación con el Congreso, durante reuniones que tuvo con legisladores del PJ y de la UCR, donde prometió que habrá algunos límites a los reclamos de los acreedores externos, para evitar un mayor desempleo y crisis social. La tendencia "bajista" del dólar permitió disminuir un poco la temperatura en el Gobierno para poder trabajar en soluciones de rápida implementación.
Un tormento para Duhalde
El fantasma del estallido social atormenta a Duhalde.
Teme que si no se detiene la suba de precios, en sintonía con el comportamiento del dólar, mucha más gente tenga prohibida la llegada a artículos de extrema necesidad para mantener a las familias, como alimentos y medicamentos.
Por ahora aparecieron focos aislados de saqueos a supermercados en el Gran Buenos Aires y en algunas provincias.
Duhalde acelera la ayuda para los desocupados, por ejemplo, a través del plan de empleo para jefes y jefas de hogar, que significa un subsidio de 150 pesos. El problema que se presenta es cómo lograr que todo el dinero que se destine para ayuda social llegue directamente a manos de quienes lo necesitan. El paso por las provincias o municipios puede ser un arma que haga todo más burocrático y que buena parte de ese dinero se pierda en el camino.
Hoy, en la Argentina ya no hay lugar para la corrupción. La gente perdió la paciencia y reclama lo que es justo. (DyN)





