BUENOS AIRES.- El ministro de Economía, Roberto Lavagna, decidió no mencionar el efecto contagio, como otro argumento para convencer al FMI de que preste su asistencia a la Argentina. Pero el contagio existe, y como no se lo nombra, contagia el doble. Esto se produce en momentos en que el Fondo redobla su apuesta en pro de Brasil y de Uruguay, países a los que trata de aislar del mal argentino. En el caso brasileño, las fluctuaciones de su crisis económica y el hecho de ser un país mucho más grande hacen difícil que se le pueda achacar toda la responsabilidad al contagio argentino. Pero por otro lado, el gobierno de EE.UU. y el Fondo están interesados en desacreditar al Mercosur, y en ese sentido le interesa fomentar un divisionismo en el agrupamiento subregional para que estas áreas se transformen en satélites de la economía de EE.UU.
En lo que hace a Uruguay, las cosas son más claras. El gobierno uruguayo planteó en la carta de intención dirigida al Fondo, como única causal del agravamiento de su economía, el contagio argentino, soslayando toda responsabilidad interna y confirmando así la tesitura iniciada por su presidente Jorge Batlle de echar toda la culpa al país hermano. Para Lavagna, la visión de las cosas es distinta. Cada país es autónomamente responsable de sus frustraciones, o de los desaguisados que cometan sus gobernantes. Pero con una salvedad: en todos incide por igual lo que llama "disfunciones del sistema financiero internacional", consecuencia de la libertad con que se han movido los capitales volátiles especulativos en busca de rendimientos gordos de corto plazo. Esos capitales saltan de país a país y provocan la mayor destrucción de riqueza y quebrantos que se recuerden. Eso lo contrapone a la lentitud y la cautela que caracteriza a los capitales de riesgo y de activo fijo, que son los que invierten y hacen crecer la economía, que dan empleos, que tienen un recupero problemático; que tardan en irse, pero que si no tienen seguridades no vienen.En el caso argentino, desde mediados del 98 el dinero no ha hecho otra cosa que irse, y la situación empeoró. Las consecuencias están claras: la Argentina está sometida a la galopante fuga de capitales y a la fuga de dinero autóctono hacia el dólar, atrapada en la mayor recesión de su historia. Pero el efecto contagio tiene un escalón más, hasta ahora impensado: el propio EE.UU. La prueba está en lo que dijo el gobernador de Vermont, el demócrata Howard Dean, quien advirtió que "Estados Unidos terminará como la Argentina" a raíz de la política fiscal. Pasa que Bush transformó los superávits fiscales de su antecesor Bill Clinton en crecientes déficits; es cierto que en ello tuvo que ver el impacto de los atentados del 11 de setiembre pero no fue el único factor. Ni tampoco es Bush el único responsable de la gran corrupción que se registra en los balances falseados de grandes corporaciones de EE.UU., que provocó un escándalo tras otro y sacudió la fe casi evangélica que se tenía en los fundamentos del capitalismo norteamericano.
Pero en lo que respecta a los tratos con la Argentina, hay indicios de que por lo menos una parte de los norteamericanos no está de acuerdo con la forma como el FMI y su gobierno están castigando a nuestro país. Una nota de "Los Angeles Times" revela que "la Argentina no enfrenta la disyuntiva de aceptar o rechazar esta ?ayuda? (del Fondo) sino que es peor; el FMI utiliza el poder que tiene para prolongar el sufrimiento argentino". Y señala que el Fondo "practica una forma de extorsión que es muy despiadada". El propio economista Joseph Stiglitz fustigó al Banco Mundial por la forma en que trata a la Argentina y se asombró de que el país lo soporte. Pero todas estas consideraciones no alcanzan a disimular el hecho de que, como dice el comentarista Claudio Destéfano, la regla es que quien tiene el oro pone las reglas. Y aquí es el FMI el único que tiene el oro, pero que no lo quiere poner; a lo sumo quiere hacer un "revolving" de vencimientos pero seguir fijando él solo las reglas que debe acatar la Argentina. Y eso hay que ver hasta cuándo se va a seguir tolerando en una Nación que, en muchos aspectos, ya no da más. (DyN)
01 Julio 2002 Seguir en 
Por Pablo Kandel







