10 Febrero 2005 Seguir en 
Tigres, leones, camellos, osos; las jaulas seguían y estaban repletas de animales. Podría imaginarse un zoológico, y el "Circo Australiano" no está lejos de serlo.
Donato Bevilacqua, gerente general del "Circo Australiano" (está en avenida Belgrano y Bulnes) contó que los animales son parte de la gran familia que es el circo. "Los tratamos con amor porque hasta merecen más atención. Además, creo que un circo sin animales es como un jardín sin flores", dijo Donato, quien además agregó que se realizan 9 actos con tigres, monos, leones, camellos y caballos, que son los más aplaudidos.
Crecer entre animales
Gustavo Yovanovich, de 35 años, se levanta entre los animales. Lo primero que hace al amanecer es darles de comer a los cachorros de tigre que, como él, nacieron en el circo.
"Fui equilibrista y payaso, pero siempre quise ser domador. Mis padres no querían que me dedicara a esto, porque es algo muy peligroso. Pero cuando tenía 14 años, un domador brasileño que ya era viejo me enseñó todos los trucos para que yo herede el puesto", contó Gustavo mientras mostraba sus numerosas cicatrices, producto de su profesión. "Por estar tan cerca de los animales muchas veces me lastimaron. Por ejemplo tengo una herida, de oreja a oreja, de 18 puntos que me hizo un tigre en medio de la función".
Muchos animales nacen en el circo, mientras que otros son comprados en los lugares donde las carpas desembarcan. Y enseñarles los trucos o piruetas de las funciones es lo más difícil y lo que más tiempo lleva. "Domar un león no sólo es peligroso, sino también difícil. Porque es un animal salvaje y puede llevar dos años hacerlo. Les enseño con pedacitos de carne, como si fuera un premio. Ellos responden bien, son muy inteligentes. Mientras que a los monos es más fácil enseñarles porque imitan los movimientos huma nos", dijo.
Nacer y morir adentro
Los integrantes del circo viven en una comunidad de 18 familias y son alrededor de 70 personas. Se distribuyen los quehaceres como una verdadera comunidad. Pero cuando la función está por comenzar todos tienen un mismo objetivo: hechizar a los espectadores con la magia que llevan dentro.
Gustavo está casado y tiene tres hijas, una es contorsionista y la más chica trapecista por elección propia. "Pertenezco a la quinta generación. Toda mi familia nació y murió acá. Yo no me imagino otra vida que la del circo. Pero nunca obligaría a mis hijas a que se quedaran, porque creo que la elección es personal", confesó.
Bevilacqua también creció en este mundo de animales y malabaristas. No se imagina en otro lugar. "Vivimos de esto y para esto. Mientras exista un niño, el circo será eterno y nosotros también" dijo un poco melancólico.
Donato Bevilacqua, gerente general del "Circo Australiano" (está en avenida Belgrano y Bulnes) contó que los animales son parte de la gran familia que es el circo. "Los tratamos con amor porque hasta merecen más atención. Además, creo que un circo sin animales es como un jardín sin flores", dijo Donato, quien además agregó que se realizan 9 actos con tigres, monos, leones, camellos y caballos, que son los más aplaudidos.
Crecer entre animales
Gustavo Yovanovich, de 35 años, se levanta entre los animales. Lo primero que hace al amanecer es darles de comer a los cachorros de tigre que, como él, nacieron en el circo.
"Fui equilibrista y payaso, pero siempre quise ser domador. Mis padres no querían que me dedicara a esto, porque es algo muy peligroso. Pero cuando tenía 14 años, un domador brasileño que ya era viejo me enseñó todos los trucos para que yo herede el puesto", contó Gustavo mientras mostraba sus numerosas cicatrices, producto de su profesión. "Por estar tan cerca de los animales muchas veces me lastimaron. Por ejemplo tengo una herida, de oreja a oreja, de 18 puntos que me hizo un tigre en medio de la función".
Muchos animales nacen en el circo, mientras que otros son comprados en los lugares donde las carpas desembarcan. Y enseñarles los trucos o piruetas de las funciones es lo más difícil y lo que más tiempo lleva. "Domar un león no sólo es peligroso, sino también difícil. Porque es un animal salvaje y puede llevar dos años hacerlo. Les enseño con pedacitos de carne, como si fuera un premio. Ellos responden bien, son muy inteligentes. Mientras que a los monos es más fácil enseñarles porque imitan los movimientos huma nos", dijo.
Nacer y morir adentro
Los integrantes del circo viven en una comunidad de 18 familias y son alrededor de 70 personas. Se distribuyen los quehaceres como una verdadera comunidad. Pero cuando la función está por comenzar todos tienen un mismo objetivo: hechizar a los espectadores con la magia que llevan dentro.
Gustavo está casado y tiene tres hijas, una es contorsionista y la más chica trapecista por elección propia. "Pertenezco a la quinta generación. Toda mi familia nació y murió acá. Yo no me imagino otra vida que la del circo. Pero nunca obligaría a mis hijas a que se quedaran, porque creo que la elección es personal", confesó.
Bevilacqua también creció en este mundo de animales y malabaristas. No se imagina en otro lugar. "Vivimos de esto y para esto. Mientras exista un niño, el circo será eterno y nosotros también" dijo un poco melancólico.







