Inseguridad, cuestión candente

La Policía tiene serias carencias en armamento y movilidad.

30 Junio 2002
El problema de la inseguridad se halla instalado desde hace ya varios años en Tucumán. El paso del tiempo, lamentablemente, no lo ha hecho decrecer, sino todo lo contrario. No es necesario abundar sobre aquello que la realidad nos muestra y que ha determinado que ningún sector de la ciudad pueda considerarse a salvo del flagelo. Para nadie es una novedad que la circulación por el centro y por los barrios se ha convertido en peligrosa, no solamente por la noche sino a cualquier hora de la jornada cotidiana, a causa de "motoarrebatadores" y asaltantes en general. Y qué decir de lo que ocurre en los domicilios particulares, sometidos constantemente a la posibilidad de atracos a mano armada, sin que las rejas o las alarmas puedan protegerlos.Nuestra información cotidiana ha testimoniado y testimonia todo eso como algo habitual. Y revela el punto extremo a que hemos llegado, el hecho de que prácticamente ninguna persona haya dejado de sufrir -ella o alguien de su familia- algún tipo de estos delitos, en los últimos años. Tucumán es, actualmente, una ciudad cargada de peligros.
No es este el espacio para analizar las causas de tal situación. Sin duda son muchas y diversas. Tienen que ver con la ruptura de los valores éticos y con el quebrantamiento de ese respeto a la ley que debe ser la norma de una sociedad y que, desgraciadamente, no parece serlo de la nuestra. A ello se suma el incremento de las adicciones y el agravamiento de la marginalidad por la crisis socioeconómica. Indagar en tales temas corresponde sin duda a los sociólogos y a los estudiosos de la conducta. Pero al ciudadano común, al hombre de la calle, lo que le interesa es que la ola cese en algún momento, y que esta ciudad vuelva a constituir un espacio razonablemente seguro para vivir y trabajar en paz.
Evidentemente, la única manera de terminar con el delito es contar con una Policía eficiente. No puede negarse que el Estado provincial está dando pasos concretos en esa dirección. Hace pocos días se anunció la incorporación -luego de cumplir con diversos requisitos de idoneidad- de 7.000 vigías, elegidos entre los beneficiarios del Plan Jefes de Familia Desocupados, y la efectivización de 400 agentes contratados. Pero el tema requiere bastante más.
Sabemos, en primer lugar, que estamos lejos de la media internacional en materia de número de efectivos, que se fija en 1 policía por cada 200 habitantes. Sabemos también que la Policía de Tucumán tiene serias carencias en materia de armamento y de movilidad: de sus pocos vehículos, una apreciable proporción se halla en pésimo estado. Hemos informado que las deficiencias también alcanzan a los caballos, que son pocos y mal alimentados, a pesar de la importancia que tienen en las tareas de prevención y vigilancia.
La mala movilidad impide hacer esas recorridas que resultan fundamentales para disuadir y para atrapar a los delincuentes. Es decir, limita la presencia de la Policía en la calle, que constituye un requerimiento fundamental.
El Estado debe, pensamos, avanzar resueltamente en estos temas, donde las buenas intenciones no son suficientes. Es necesario, así, que logre los recursos necesarios para equipar a sus policías de la manera que exigen, indudablemente, estos tiempos de auge del delito. Se trata de una auténtica prioridad y como tal se la debe encarar.No es ocioso resaltar, además, que deben buscarse los medios para mantener debidamente los vehículos, cosa que en la actualidad no ocurre. Es de recordar, por ejemplo, aquel efímero convenio que funcionó años atrás en el barrio Marti Coll, y por el cual los vecinos se encargaban de mantener en buen estado y con combustible suficiente el automotor policial. En síntesis, se trata de un tema donde resulta urgente concentrar los esfuerzos del poder público, a fin de obtener un descenso drástico en nuestro alarmante nivel de inseguridad.

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