BUENOS AIRES.- Seguramente es un error analítico buscar similitudes entre los episodios del 20 de diciembre que impusieron su renuncia a Fernando de la Rúa -abandonado y hasta empujado por su propio partido-, y los que complican a Eduardo Duhalde, entre cuya base política no se observan señales de abandono. La descarga de presión que debieron hacer rápidamente el Presidente y el gobernador de Buenos Aires ha sido muy penosa para ambos, pero su rapidez y su sinceridad fueron muy útiles para no quedar afectados irreparablemente en el justicialismo nacional. La dramática aparición en las pantallas de TV del gobernador Felipe Solá confesando que en su provincia hay "policía-brava" y que el comisario Alfredo Franchiotti lo engañó ha significado una fuerte pérdida en el prestigio que el mandatario bonaerense estaba recuperando lentamente después de ponerse a controlar la hoguera administrativa dejada por su antecesor y hoy canciller, Carlos Ruckauf. En la denuncia judicial con que el Gobierno central está tratando de probar una conspiración de la izquierda máxima y de otros sectores proclives a la precipitación electoral, queda por el momento un sustancioso programa de objetivos del Bloque Piquetero Nacional, adoptado el domingo último en Villa Domínico, y que en la cartera política ha sido observado como "un propósito de provocar la intervención militar en la crisis".
Mejor suerte
Con ese clima político contaminante el Gobierno consiguió, al menos, moverse con eficacia para apoyar la gestión del ministro de Economía en Washington. Duhalde no sólo presionó directamente sobre el titular del Fondo Monetario, Horst Koehler, sino que -de acuerdo con información de esta columna- se habría comunicado el martes último con el primer ministro español, José María Aznar, para que intercediera con el mismo fin ante el G8 reunido en Canadá. Aznar lo hizo como último acto de su presidencia alterna de la Unión Europea, que finaliza mañana, logrando que se insertara en la declaración final de las deliberaciones una recomendación al FMI para que el organismo considere "la grave situación de la Argentina y los notables esfuerzos de su gobierno". Al regreso del ministro Roberto Lavagna este fin de semana deberá revelarse si en pocos días más las negociaciones se formalizarán en Buenos Aires.
La rápida difusión de una supuesta declaración del cardenal Raúl Primatesta -titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social-, desmentida después por el purpurado, causó más conmoción que sorpresa en un vasto círculo próximo a la Iglesia. En ella, el cardenal emérito de Córdoba aparecía sosteniendo que sin alternativas laborales y con una crisis social donde el hambre está haciendo estragos, el caos social puede ser la única salida. Esa difusión fue uno de los colofones de los dolorosos hechos del miércoles, a propósito de los cuales el secretario de Primatesta, Guillermo García Caliendo, envió un mensaje a Néstor Pitrola, dirigente del Polo Obrero. En él se lamentaba por "los innumerables argentinos lastimados en un nuevo hecho de represión (...) y la desordenada política social que manipula todo". (De nuestra Sucursal)







