LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
Es un día de semana cualquiera. Ocho extraños son citados para reflexionar sobre los avances de un anhelo que, en la lejanía, los une: todos sueñan con un Tucumán mejor. Ninguno sabe cuál es el otro que fue llamado a la charla. Llegan con timidez, pero en cuanto empiezan a saludarse, descubren que tienen más en común de lo que creen, y se dan cuenta que el año pasado han luchado juntos para hacer realidad esa (ex) utopía. Lo más importante es la conclusión a la que llegarán: la ciudadanía se ha dado cuenta de que la salida es colectiva y que, juntos, todo se puede lograr.
Las calles están pintadas de colores; las colillas tienen lugar de disposición final y hay cada vez más basureros para recolección diferenciada. Si ves a alguien ensuciando la vía pública, es probable que le hagas algún reclamo. De repente, unos “locos” se proponen crear un bosque (o varios). Se limpia, se hacen acciones colectivas, se promueven actividades solidarias, en fin: se impulsa la construcción ciudadana. No es algo que haya pasado sólo en 2023 -coinciden los entrevistados-, pero ahora “el comienzo del cambio” empieza a hacerse visible.
Ellos saben mejor que nadie que las cosas están mutando, pero aseguran que se debe a una suma de acciones. Es que los protagonistas de hoy lo viven desde adentro: cada uno forma parte de alguna asociación, fundación o grupo que desde hace más o menos tiempo apoya esta idea de que un Tucumán mejor es posible. El compromiso social es algo que siempre ha existido, pero hoy hay más visibilidad y las nuevas generaciones están mucho más comprometidas que las anteriores. Entienden la situación social y ambiental que vivimos y son conscientes del compromiso que se necesita”, reflexiona Soledad Bestani, de la Fundación del Tucumán.
“Hay muchas asociaciones y grupos trabajando en Tucumán, pero antes no había tanto diálogo. Lo que pasó ahora es que, en vez de pisarnos o taparnos con las actividades, nos potenciamos; eso es lo que se ha estado viendo”, explica Javier Risso, de la fundación Ciudadanía Positiva.
Alianzas y consciencia
La pregunta obvia es la de qué ha cambiado para que se dé esta sinergía. ¿Por qué de repente se ve a tanta gente haciendo tantas cosas buenas por Tucumán?
La sociedad civil y las empresas están trabajando juntas por una provincia mejor. “La pandemia fue clave. Se empezaron a valorar los espacios públicos y todo lo que tenemos; nos dimos cuenta que somos los únicos que podemos revalorizarlos. Además, ha habido un recambio generacional muy importante en organizaciones y empresas... todo eso ha generado este impacto positivo en la ciudadanía”, añade Alejandro Aybar, representante de la Unión Argentina de Jóvenes Empresarios (Unaje).
“La agenda 2030 lleva a estas alianzas estratégicas; lleva a trabajar en conjunto. La sociedad, en tanto, se está dando cuenta de que fundaciones y asociaciones llegan a lugares donde el Estado no”, añade Javier. Hay, además, un cambio de mentalidad. “Ya no se trata de ciudadanos comprometidos porque sí, sino de personas dando una batalla cultural ciudadana. La idea es lograr ciudadanos conscientes con herramientas. Se trata de que, sabiendo que no todos tenemos la misma responsabilidades, la sociedad pueda cambiar su demanda y, además de quejarse, puedan proponer cambios”, considera Solana Colombres, de Meta Tucumán.
Y hay otra cuestión -interrumpe por primera vez Nuza Guerra, de Ciudadanía Positiva-. “El Estado es muy grande y ha perdido la dinámica de medir y cuantificar, de funcionar como una empresa y medir la realidad de forma efectiva. Entonces, en ese contexto, el cara a cara de las organizaciones con el ciudadano hacen que a mediano plazo se produzcan cambios y que, esas acciones que se producen en conjunto, puedan ser medibles”, indica.
Sumar, no sufrir
Todo lo que cada uno dice en la charla es compartido por los demás entrevistados. Ellos ven, de forma clara, un crecimiento en esta construcción de ciudadanía: coinciden, además, en que hay un punto más que apoya este “florecer” del interés por parte de la sociedad.
“Uno tendría que sumar, no sufrir. Hay que colaborar activamente en un plano en el que todos podamos ir tejiendo redes y sostenernos. Eso es lo que está pasando y eso es lo que genera consciencia ciudadana, crea una responsabilidad que vos también tenés como ciudadano, hacedor de cosas y responsable vos mismo frente a los otros”, reflexiona María Laura Canigia, representante de la Fundación León y surge otra idea: este empoderar a la sociedad para “hacer cosas”, también debe servir para exigir cambios. “Cuando uno habla de un mundo más justo, que es lo que queremos al fin y al cabo, hablamos de más derechos, estamos pensando en construcciones más profundas, cosas que tengan un impacto real y que construyan un ciudadano responsable, pensante”, añade.
“Eso también hace que la gente quiera hacer cosas por Tucumán. Cuando hablamos de gobernantes, en el momento de elegir, a veces nos pasa que no tenemos por quién votar. Y eso nos ha motivado a querer mejorar la calidad de ciudadanos que queremos, a través de todas las acciones que realizamos”, resalta Martín Slozberg, también de Meta Tucumán.
Y ahí surge uno de los puntos principales que responden a la primera incógnita. “Lo que hace más visible nuestra tarea es que hay un sentimiento de esperanza. El ver gente que se está moviendo te da esperanza, y se produce un efecto contagio. Estamos re lejos, principalmente de la gente adulta, pero todo eso que hacemos se contagia”, reflexiona Nuza.
Tanto por hacer...
Esta necesidad desmedida de querer hacer cosas por la ciudad está produciendo -explican los entrevistados- un proceso de cambio cultural. “Los políticos, que antes llenaban de pintadas, se vieron perjudicados por los murales. Ahora salen ellos a pintar murales; hay una necesidad de hacer cosas buenas”, dice Solana. “Esto que se ve ahora es un proceso. Todos los que participamos de grupos o de estas asociaciones no hemos salido de la nada. Hemos consumido o aprendido todo esto que hoy se contagia. Es un proceso que se viene gestando hace años, pero da sus resultados ahora”, comenta Javier.
“Los chicos” le ponen diferentes nombres. Transformación cultural, cambio de mentalidad, generación de herramientas... pero hay alguien que logra resumir este sentimiento. “Vamos migrando del individualismo a algo mucho más comunitario. Antes, yo no hacía nada porque le exigía todo al Estado. Hoy nos proponemos hacer, y que luego el Estado vea cómo se reconvierte para no desaparecer. De repente se instala esta idea de que nadie se salva solo; de que podemos construir para un otro. Estamos viviendo un cambio en la forma de pensar”, considera Alberto Núñez, director ejecutivo de la Fundación del Tucumán.
Es la primera vez que los diferentes grupos reflexionan sobre lo conseguido. Es la primera vez que escuchan, de boca de “alguien de afuera”, el impacto que las acciones realizadas en 2023 tuvieron en la sociedad. Plantaciones, limpiezas, jornadas de concientización, eventos solidarios... Todas esas cosas “sembraron” en la mente de muchos más ciudadanos, que se sumaron a esta propuesta de hacer un Tucumán mejor.
Pero todavía hay mucho por hacer. Este es solo el comienzo. “Hablamos de construcción ciudadana, y hay una cuestión que está faltando: ¿cómo enseñamos educación cívica? Es un manual, algo que se reproduce, que no busca que el ciudadano se integre con la realidad. Ese es un punto flaco de la enseñanza; enseñamos derechos, pero no deberes, ni garantías, ni compromisos”, considera Nuza. “Estamos formando ciudadanía para un mundo que no existe; formamos personas que la tecnología va a reemplazar. Formamos para un mundo competitivo, no colaborativo, y ese es uno de los principales obstáculos que tenemos”, añade Alberto.
Sí, falta mucho por hacer, principalmente en la educación, pero los frutos de esta semilla de construcción ciudadana ya están a la vista. Diferentes grupos, diferentes acciones, diferentes posibilidades y diferentes formas de actuar, pero muchos en puntos en común. Al principio de la charla todos dijeron que “luchan” en diferentes frentes, pero, para este punto, se dan cuenta que hay algo fuerte que los une: todos comparten una visión estratégica, un punto común: la utopía que los mueve. “Uno cambia por lo que lo hace soñar, o por lo que no lo deja dormir”, resume Alberto. “Esos sueños son a veces utopías. Eduardo Galeano dice que hay que seguir las utopías. Soñar está bueno, pero uno tiene que ir detrás de ese sueño”, añade María Laura.
¿Cuál es el sueño común? El que nombramos al principio, un Tucumán mejor. Un sueño que, evidentemente, no es más una utopía; está camino a realizarse. Con María Laura, Soledad, Alberto, Javier, Nuza, Martín, Alejandro, Solana y con todos los tucumanos que se han sumado a las decenas de propuestas que buscan cambiar nuestra realidad. Porque, al final, de eso se trata todo.








