Eduardo Duhalde está padeciendo en carne propia lo que vivió Fernando de la Rúa antes de dejar el poder, en diciembre pasado. La noche del miércoles encontró al presidente en un mar de dudas frente a los conflictos que estallaron en Buenos Aires. Duhalde trata de provincializar las quejas, pero todo parece indicar que está frente a un cuello de botella.
Para mal de todos, el FMI no da señales halagüeñas sobre su ayuda al país. Los gobernadores pusieron el grito en el cielo, porque no están dispuestos a asumir un alto costo político para aplicar el ajuste requerido sin garantías del desembolso de fondos. Julio Miranda sabe que, sin dinero fresco los problemas se multiplicarán y no habrá solución mágica para acallar los reclamos, menos para avanzar en ambiciosos proyectos políticos, como su reelección. Anoche, retornó de Buenos Aires con las manos vacías.
Roberto Lavagna no está seguro en el cargo. Pese a que el ministro de Economía tiene el aval de los banqueros, en Olivos ya se tiró un nombre para sucederlo: Mario Blejer.
Escenarios posibles
Los vaivenes de la economía ponen nervioso al Gobierno local. Las consecuencias son imprevisibles, pero vale la pena analizar algunas secuelas de lo que sucedería por la demora en el pacto fiscal.
- Salarios: es posible que el cronograma de junio termine hacia fines de julio. Ayer se inició la entrega de los tickets a los estatales.
- Aguinaldo: al PE no le queda otra alternativa que usar los cheques diferidos. Los entregaría antes del 9 de julio, si es que Duhalde viene a Tucumán.
- Bonos: si la ley del canje de los Bocade es vetada, la Cámara insistiría en su sanción. No hay certeza de que el Estado pague normalmente los depósitos que se hacen en la Operatoria FET.
- Deuda pública: en el contexto actual, la Nación no está en condiciones de asegurar un canje del endeudamiento provincial antes de setiembre próximo.
Cada día que pasa sin firmar el acuerdo con la Nación (Tucumán accedería a una ayuda de $300 millones) puede ser peor, dicen en la Casa de Gobierno. Ese convenio es la última carta de salvación para esta gestión. En el gabinete ya se está poniendo de moda una frase: "tenemos que cruzar los dedos".







