Una lectura de Heidegger

(De la "Lectura de Heidegger. La cuestión de Dios", por Néstor A. Corona, Biblos, Buenos Aires).

28 Junio 2002
"En su sentido más radical, pensar es, para Heidegger -y en rigor, en distintas formulaciones, para todo gran pensador-, en un primer momento, permitir el mostrarse, por el advenimiento a la palabra, de lo uno último que se anuncia en todo lo que es; y en un segundo momento permitir, precisamente desde eso último -ahora primero-, el mostrarse en lo suyo propio de todo cuanto es y de todo cuanto acerca de ello ha sido pensado.
Y como todo gran pensador, Heidegger no ha podido soslayar el preguntarse por la identidad o semejanza u oposición de eso último y primero con lo último y primero que se figura en las palabras y el obrar del hombre religioso, y que en este recibe el nombre de Dios. Las primeras lecciones de Heidegger ya testimonian de la proximidad de lo filosófico y lo religioso en su pensamiento. En efecto, los primeros pasos de su crítica a la ontología tradicional vienen provocados por la meditación sobre la experiencia cristiana de la vida.
A partir de Ser y Tiempo esa crítica procederá en terreno formalmente filosófico; pero lo religioso reaparecerá cuando esta crítica se especifique como develamiento del carácter ontoteológico de la metafísica. Y las consideraciones ya positivas sobre lo religioso aparecerán en Heidegger en sus reflexiones sobre lo dicho en el poetizar, en especial de Hölderlin.El develamiento del ser como diferente permite descubrir la raíz oculta del proceder fundamentante de la razón y el ?lugar de nacimiento? del principio de razón. Y con el ?paso atrás? y el ?salto? hacia lo más originario del ser como ?él mismo? y finalmente hacia su historia (Seinsgeschichte) -posibilitado ello en rigor por la ?vuelta? (Kehre) del ser mismo hacia el hombre, luego de su olvido- se puede pensar y recordar (Andenken) la metafísica como un pensar fundamentante que finalmente hace rendir cuentas a todo ente ante el sujeto racional, haciendo rendir cuentas ante él al ente supremo que asegura la objetividad de todo ente, en cuanto aparece como la causa productora objetiva primera de todo cuando es. La metafísica, que es así ontoteología, procede del olvido del ser mismo como diferente del ente como fundamento-abismo (Abgrund) inobjetivable y así in-dominable: el fundamento-abismo, olvidado, ?da lugar? al ente supremo-causa primera.
El ser se ha mostrado como fundamento desde los comienzos mismos del pensamiento, pero desde su carácter de fundamento abismal diferente del ente ha pasado histórico-destinalmente a ser ?lo que más es?, el ente objetivo supremo, causa primera productora de todo ente. En uno y otro caso se ha tratado de modos de la conciliación de ser y ente, a partir de la Diferencia de ambos.
La metafísica ontoteológica, ?desfondada? así desde el carácter originario del ser como fundamento y desde la Diferencia, merece ahora una nueva mirada desde la experiencia religiosa: en el ente supremo-primera causa no puede el hombre religioso reconocer al Dios ante el que él cae de rodillas. Esta crítica de la metafísica y de su Dios, desde la nueva experiencia del ser, ocupa el primer capítulo de este libro.
Según Heidegger este ser, que configura mundo permitiendo el manifestarse de los entes según un ?cómo? abarcador, podría permitir, con su ?cercanía?, la manifestación de los entes de tal manera que, al mismo tiempo, desde lo Sagrado y la Divinidad, se pudiera hacer presente Dios.
Pero aquí el pensamiento queda en suspenso frente a la cuestión del carácter propio de Dios: ¿qué lugar ha de ocupar Dios en la constelación ser-entes-pensamiento? o más en particular: ¿ha de contarse a Dios entre los entes?".

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