28 Junio 2002 Seguir en 
En nuestra edición de ayer, una carta de lector hacía notar la necesidad de que concluyan de una vez los trabajos de ensanche de la calzada que se realizan en la calle 24 de Septiembre al 500. No puede discutirse la profunda razón de sus argumentos.
La referida no es una obra de tanta magnitud como para que sigan pasando los meses sin que se la libre al servicio público. Hay que tener en cuenta que complica sobremanera el tránsito de peatones por ese sector, así como crea un riesgo cierto para quienes cruzan la bocacalle. Ahora, los trabajos parecen estar, felizmente, en su instancia final. Corresponde entonces que se los acelere al máximo posible, como manera de normalizar definitivamente la circulación por esa cuadra.
Si siempre es necesario que las obras públicas se ejecuten con la celeridad correspondiente, y no se eternicen como ocurrió en muchos casos (piénsese, por ejemplo, en la peatonal de Muñecas al 200), tal exigencia se hace todavía mucho más premiosa, cuando están localizadas en sitios céntricos y frecuentados en todos los momentos de la jornada. Así ocurre en el presente caso.
La referida no es una obra de tanta magnitud como para que sigan pasando los meses sin que se la libre al servicio público. Hay que tener en cuenta que complica sobremanera el tránsito de peatones por ese sector, así como crea un riesgo cierto para quienes cruzan la bocacalle. Ahora, los trabajos parecen estar, felizmente, en su instancia final. Corresponde entonces que se los acelere al máximo posible, como manera de normalizar definitivamente la circulación por esa cuadra.
Si siempre es necesario que las obras públicas se ejecuten con la celeridad correspondiente, y no se eternicen como ocurrió en muchos casos (piénsese, por ejemplo, en la peatonal de Muñecas al 200), tal exigencia se hace todavía mucho más premiosa, cuando están localizadas en sitios céntricos y frecuentados en todos los momentos de la jornada. Así ocurre en el presente caso.







