De las lenguas clásicas

(Del texto de Oscar Conde en "Los antiguos griegos y su lengua", por varios autores, Victoria Juliá editora, Biblos, Buenos Aires).

31 Marzo 2002
"Puestos como estamos todos, últimamente, a revisar la utilidad de todas las cosas, lo que se propone este trabajo es abordar la siguiente cuestión: ¿qué papel juega el análisis sintáctico en la enseñanza de las lenguas clásicas? Siempre que aceptemos como verdad axiomática que vale la pena todavía estudiar lenguas clásicas -y esto sin apelar a dudosas apologías donde se hace ingenuamente hincapié en el desarrollo de la capacidad y disciplina mentales-, responder esta pregunta presupone dos cosas: primero que nada, reconocer la utilidad del análisis sintáctico, tras lo cual se intentará definir -y esto es lo que procuraremos específicamente- qué criterios deben primar en él y por qué.
Más que útil el análisis sintáctico resulta ser una herramienta imprescindible en el aprendizaje del latín o el griego. Ante la pregunta de si este tipo de análisis es o no pertinente como metodología para arribar a la traducción de un texto clásico, ya nadie puede dudar de que efectivamente lo es. Ni siquiera los más acérrimos defensores de los métodos memorísticos y del paradigma deductivista están, a estas alturas, de acuerdo en eliminar por completo el examen sintáctico de los textos. La índole de ambas lenguas exige un reconocimiento exhaustivo de las estructuras, un análisis riguroso y preciso necesariamente previo al paso siguiente de la traducción. Cosa que no ocurre, en líneas generales, con la traducción al español de un texto escrito en otra lengua moderna (pongamos por caso, inglés, francés o italiano).
Y bien, entonces, ¿qué papel juega el análisis sintáctico en la enseñanza de las lenguas clásicas? Sin duda uno muy distinto del que cumple en las cátedras de Gramática Española. Porque si en estas guarda un carácter básicamente descriptivo, en los cursos de Latín y Griego su condición instrumental -se analiza sintácticamente para llegar a una buena traducción- es precisamente lo que hace de él un instrumento invalorable, aunque a menudo resulte injustamente menospreciado hasta por los mismos profesores de lenguas clásicas.
Empezando por confusas marcas de formalización (paréntesis, llaves, corchetes, flechas), con frecuencia se analiza sin el menor rigor. Por ejemplo, es habitual oír hablar, en cursos de griego, de participios apositivos, lo que de por sí es una contradicción en sí misma, ya que un adjetivo -el participio, en este caso- no puede cumplir la función de una aposición, ni siquiera cuando lleva artículo.
Otras veces, lo que falla es la identificación de los distintos sintagmas que aparecen en un texto, es decir, la integración de los elementos que los componen...(...)... Cosas como estas son, si se quiere, detalles, en vistas de que todavía hay quienes mandan estudiar de memoria toda la morfología y unas semanas esperan que sus alumnos analicen y traduzcan un canto de la Ilíada o la Eneida. Estas actitudes revelan el poco valor que algunos profesores de clásicas le asignan al análisis sintáctico, hasta el punto de parecer a veces un formalismo más, con el que los alumnos cumplen después de haber traducido el texto.
Unicamente un análisis sintáctico exhaustivo permite llegar a una correcta interpretación y, por consiguiente, a una buena traducción. ¿Pero qué perspectiva sintáctica es la más adecuada para el tratamiento de un texto que debe ser traducido? ¿Qué modelo gramatical convendrá que usemos?
¿El estructuralista? Ciertamente, no, al menos como se lo ha venido entendiendo en nuestro medio: de manera dogmática y alineada en la ya prehistórica negación total de la semántica de la Escuela de Copenhague, puesto que, si el estructuralismo representó en su momento un avance para la sintaxis descriptiva, su aplicación no examinada al análisis de textos latinos o griegos no ha generado sino cierta confusión".

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