Una noche con tensión sindical

Por Carlos Abrehu

27 Junio 2002
Sisto Terán puso otra vez la cara: defendió la reforma constitucional y recibió a los dirigentes de las dos CGT, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y de la Corriente Clasista y Combativa (CCC). La distensión parecía haberse alcanzado mediante ese gesto conciliador con el mundo gremial.
El gobernador también desplegó sus dotes de negociación. Antes de viajar a Buenos Aires, Julio Miranda acordó las reglas de la movilización con algunos de los jerarcas contestatarios. Estos desfilaron por el Grand Hotel durante la noche del lunes. Miranda conoce bien el paño sindical y las debilidades de sus pares.
La ausencia de desbordes y de incidentes graves signó la jornada, que contrastó con el corte de rutas del martes. El desalojo violento del puente Barros por la acción combinada de las fuerzas de seguridad provinciales y de la Gendarmería marcó un cambio de estrategia de la administración mirandista.
Fernando Juri es el brazo ejecutor de esa nueva política, que responde a la necesidad de mantener el orden en una situación de aguda convulsión social.
En Casa de Gobierno se vivió con inquietud el agravamiento del cuadro nacional, que evocó la caída de Fernando de la Rúa.
La preocupación se acrecentó con las inesperadas exigencias de la CCC, que fueron más allá del petitorio firmado con las otras organizaciones. Los clasistas despliegan una política propia de alcance nacional, que anoche podía chocar con los intereses del Gobierno. La instalación temporaria de una carpa en la plaza Independencia trajo malos recuerdos al oficialismo.
En lo más alto del poder se llegó a evaluar que los reclamos de la CCC eran de cumplimiento imposible. La intransigencia de esta iba a tener por contrapartida una reacción dura. "No nos dejan otra alternativa que la represión", deslizaban. Pero finalmente se descomprimió la situación. Juri y Fernando Juri Debo pasaron la prueba de fuego.

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