27 Junio 2002 Seguir en 
"Para Campbell, la mitología era, en un sentido, el poderoso órgano catedralicio a través del cual las resonancias tonales de cien tubos distintos se funden en la misma música extraordinaria. Lo común a estos temas múltiples era su origen humano, como si cada uno fuera el contenedor del mismo eterno grito del espíritu, declinado en extraordinarias y mareantes variaciones, en el campo del tiempo.
Los hombres y las mujeres nos encontramos en las expresiones creativas de nuestros anhelos humanos, aspiraciones y tragedias de nuestra tradición particular. De hecho, tan familiar es y casi naturales nos parecen estos que casi excluyen la posibilidad de que los mismos sentimientos e ideales puedan ser expresados de modo muy diferente en alguna otra tradición. Si escuchamos y miramos con cuidado, empero, nos descubrimos a nosotros mismos en la literatura, los ritos y símbolos de otros, aun cuando al principio nos parezcan deformados y extraños. Tú eres eso, diría Campbell, citando la subterránea intuición espiritual de su vida y obra. Tat tvam asi.
Lo que oyó Campbell, en estos coros variados y a veces casi indescifrables, fue un compartido sentido de maravilla y respeto ante el misterio del ser. La compasión que Campbell reconoció como la más ennoblecedora de todas las reacciones humanas no era, como comprendió bien, evocada por todas las tradiciones con el mismo interés o convicción. No obstante, la tradición judeocristiana, de la que provenía él mismo, era una vigorosa fuente de enseñanza sobre la compasión de un modo que no estaba desarrollado o acentuado tan sensiblemente en las tradiciones de algunas otras culturas. Cuando la tradición judeocristiana fue traída a tierras donde no había sido conocida, trajo consigo sus muy criticados defectos y excesos. Pero también trajo algo nuevo y revolucionario, un desarrollado sentido de la compasión por el sufrimiento de los otros.
Es por eso que, al reunir, y en algunos casos injertar en una sola rama, las muchas reflexiones de Joseph Campbell sobre la herencia espiritual judeocristiana, el tema de la compasión emerge con tanta elocuencia. Muchos de los que estuvieron cerca de Joseph Campbell comparten una convicción sobre este notable e independiente estudioso de la religión comparada. Tanto se absorbía cuando conversaba sobre este tema que no tenía clara conciencia de sí mismo o de cuánto sabía. A veces, preguntas de un público o de amigos sacaban a luz notables observaciones o explicaciones. Aquello se parecía a los tesoros mitológicos en el campo, de los que a veces hablaba, que sólo podían ser desenterrados por accidente. ?Cuando tropiezas y caes?, decía, recordando un tema sobre nuestra común humanidad, ?entonces descubres el oro?.
Esto se aplica a la travesía que exigió hacer este libro, pues muchas de las reflexiones de Joseph Campbell sobre los símbolos y mitos judeocristianos estaban incrustadas en conferencias en las que sólo eran ejemplos de temas más amplios.
También las preguntas extrajeron de él, por así decirlo, tesoros de erudición que de otro modo podían no haber salido a la superficie. Estas respuestas, que a veces se extendían en clases en miniatura, a menudo iluminaban vastos paisajes de historia bíblica".
Los hombres y las mujeres nos encontramos en las expresiones creativas de nuestros anhelos humanos, aspiraciones y tragedias de nuestra tradición particular. De hecho, tan familiar es y casi naturales nos parecen estos que casi excluyen la posibilidad de que los mismos sentimientos e ideales puedan ser expresados de modo muy diferente en alguna otra tradición. Si escuchamos y miramos con cuidado, empero, nos descubrimos a nosotros mismos en la literatura, los ritos y símbolos de otros, aun cuando al principio nos parezcan deformados y extraños. Tú eres eso, diría Campbell, citando la subterránea intuición espiritual de su vida y obra. Tat tvam asi.
Lo que oyó Campbell, en estos coros variados y a veces casi indescifrables, fue un compartido sentido de maravilla y respeto ante el misterio del ser. La compasión que Campbell reconoció como la más ennoblecedora de todas las reacciones humanas no era, como comprendió bien, evocada por todas las tradiciones con el mismo interés o convicción. No obstante, la tradición judeocristiana, de la que provenía él mismo, era una vigorosa fuente de enseñanza sobre la compasión de un modo que no estaba desarrollado o acentuado tan sensiblemente en las tradiciones de algunas otras culturas. Cuando la tradición judeocristiana fue traída a tierras donde no había sido conocida, trajo consigo sus muy criticados defectos y excesos. Pero también trajo algo nuevo y revolucionario, un desarrollado sentido de la compasión por el sufrimiento de los otros.
Es por eso que, al reunir, y en algunos casos injertar en una sola rama, las muchas reflexiones de Joseph Campbell sobre la herencia espiritual judeocristiana, el tema de la compasión emerge con tanta elocuencia. Muchos de los que estuvieron cerca de Joseph Campbell comparten una convicción sobre este notable e independiente estudioso de la religión comparada. Tanto se absorbía cuando conversaba sobre este tema que no tenía clara conciencia de sí mismo o de cuánto sabía. A veces, preguntas de un público o de amigos sacaban a luz notables observaciones o explicaciones. Aquello se parecía a los tesoros mitológicos en el campo, de los que a veces hablaba, que sólo podían ser desenterrados por accidente. ?Cuando tropiezas y caes?, decía, recordando un tema sobre nuestra común humanidad, ?entonces descubres el oro?.
Esto se aplica a la travesía que exigió hacer este libro, pues muchas de las reflexiones de Joseph Campbell sobre los símbolos y mitos judeocristianos estaban incrustadas en conferencias en las que sólo eran ejemplos de temas más amplios.
También las preguntas extrajeron de él, por así decirlo, tesoros de erudición que de otro modo podían no haber salido a la superficie. Estas respuestas, que a veces se extendían en clases en miniatura, a menudo iluminaban vastos paisajes de historia bíblica".







