27 Junio 2002 Seguir en 
Sucede a menudo en San Miguel de Tucumán que los homenajes a los hombres que entregaron su inteligencia, su saber, sus acciones destacadas o su coraje a nuestra sociedad se transforman, con el tiempo, en una suerte de agravio.
Manuel Lizondo Borda (1889-1966), abogado y catedrático, dedicó una parte vital de sus horas a reconstruir la historia de Tucumán y dejó varios libros importantes. Con la Generación del Centenario participó de la fundación de la Universidad Nacional de Tucumán, casa de estudios que décadas después le concedió el doctorado honoris causa.
La calle que lo evoca, ubicada a la altura del 3.500 de la avenida Mate de Luna, era el paso preferido de los automovilistas para dirigirse a los barrios Villa Luján, Modelo y Kennedy, evitando la congestión de la avenida de las Américas. Desde hace más de siete meses, como un reflejo de la decadencia que nos conquista, la segunda y la tercera cuadra -que son de tierra- han sido invadidas por pozos de todos los tamaños que hacen imposible la circulación de vehículos.
Como ya es habitual, la indiferencia ha sido la respuesta municipal a los reclamos vecinales. Seguramente, si don Manuel despertara, sentiría una infinita tristeza por la ingratitud de sus comprovincianos.
Manuel Lizondo Borda (1889-1966), abogado y catedrático, dedicó una parte vital de sus horas a reconstruir la historia de Tucumán y dejó varios libros importantes. Con la Generación del Centenario participó de la fundación de la Universidad Nacional de Tucumán, casa de estudios que décadas después le concedió el doctorado honoris causa.
La calle que lo evoca, ubicada a la altura del 3.500 de la avenida Mate de Luna, era el paso preferido de los automovilistas para dirigirse a los barrios Villa Luján, Modelo y Kennedy, evitando la congestión de la avenida de las Américas. Desde hace más de siete meses, como un reflejo de la decadencia que nos conquista, la segunda y la tercera cuadra -que son de tierra- han sido invadidas por pozos de todos los tamaños que hacen imposible la circulación de vehículos.
Como ya es habitual, la indiferencia ha sido la respuesta municipal a los reclamos vecinales. Seguramente, si don Manuel despertara, sentiría una infinita tristeza por la ingratitud de sus comprovincianos.







