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Aumentar las chances

21 Feb 2021
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Aumentar las chances

La respuesta sexual puede verse alterada por múltiples factores, de todo tipo. La mente y sus pensamientos son un gran condicionante, como también la información y las creencias que tenemos alrededor de la sexualidad o el vínculo que establecemos con el otro, objeto de nuestro deseo. Desde luego, también inciden factores de orden biológico bien concretos y materiales, que han sido ampliamente estudiados y que pueden aumentar o disminuir nuestras posibilidades de gozar sexualmente.
Como es lógico, la alimentación juega un papel muy importante a nivel sexual: la dehidroepiandrosterona (DHEA) –hormona que estimula el deseo- es más alta cuanto menores son los niveles de grasas. Por consiguiente los alimentos reducidos en grasas son más recomendables que los otros. En este sentido, niveles de colesterol en rangos saludables nos libran de la acumulación de placas grasas en las arterias, facilitando el flujo de sangre a los genitales.
Los ejercicios de meditación y la práctica de yoga son buenos aliados, ya que la relajación producida por el tipo de respiración que involucran estas actividades elevan los niveles de DHEA.
Del mismo modo, la gimnasia y la actividad física en general pueden incrementar los niveles de testosterona. Por otra parte, cuando nos ejercitamos los vasos sanguíneos se dilatan aumentando el volumen de sangre en la zona genital y se sensibiliza el tejido vaginal. Algunos ejercicios especiales, como el de contracción de los músculos pubococcígeos han demostrado elevar la capacidad de llegar al clímax.
El estrés provocado por la vida cotidiana, consecuencia de situaciones ajenas al momento del acto sexual, es susceptible de bajar los niveles de testosterona.
La prolactina, hormona responsable de la producción de leche, disminuye el impulso sexual durante la lactancia. Sin embargo, la oxitocina que libera la leche materna estimula la contracción uterina, lo cual es promisorio en relación al orgasmo.
Otro factor orgásmico constituyen las lecturas y las imágenes eróticas, porque  tienen el poder de estimular fantasías: textos, películas, fotografías suelen aumentar los niveles de las sustancias que el cuerpo produce cuando sentimos deseo sexual.
Algunos autores afirman que en la mitad del ciclo menstrual –cuando se produce la ovulación- la testosterona aumenta y, con ella, también el impulso sexual: las mujeres tienden a masturbarse más, a tomar más veces la iniciativa para las relaciones sexuales y a lograr el orgasmo. Los estrógenos y la oxitocina aumentan en los cuatro días posteriores a la ovulación, incrementando el impulso sexual.
A la inversa, cuando aumenta la progesterona durante la semana anterior al período menstrual, el deseo puede casi desaparecer en algunas mujeres.
El tabaquismo es una gran contra en más de un sentido respecto de la sexualidad: las mujeres que abandonan el cigarrillo, por ejemplo, pueden tener más orgasmos que cuando fumaban.
Los hábitos de sueño también son un aspecto a tener en cuenta: acostarse más tarde que de costumbre puede afectar la libido al día siguiente. Y es que la falta de sueño provoca una acumulación de cortisol, la hormona del estrés, lo que puede afectar el deseo sexual.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.