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Acerca de las fantasías sexuales

14 Dic 2020
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Acerca de las fantasías sexuales

Los psicólogos Sheree Conrad y Michael Milburn, docentes de la Universidad de Massachusetts, realizaron hace algunos años una investigación sobre lo que bautizaron como "inteligencia sexual". Desde luego que una parte importante de sus indagaciones se centró en el tema de las fantasías sexuales.
Y formularon a los más de 500 participantes –provenientes de distintos lugares de Estados Unidos y de alrededor del mundo- la siguiente pregunta: “¿Cómo se siente acerca de la naturaleza de la fantasía sexual que tiene más a menudo o que le resulta más excitante?” Curiosamente, sólo un 50% de la muestra dijo creer que otras personas tenían fantasías similares a las suyas; un 2% estaban convencidos de que sus fantasías eran “anormales”; un 22% dijo que se sentían capaces de contarles sus fantasías a alguien con quien tuviesen amistad íntima, pero no a su pareja; y el 19% aseguró que se sentirían muy violentos e incluso “horrorizados” si alguien conociese la naturaleza de las fantasías.
Datos que revelan que todavía no es raro avergonzarse de la propia sexualidad. Pero lo asombroso también fue que, si bien muchos sentían sus fantasías como turbadoras o embarazosas, la gran mayoría -casi el 70%-, “aunque titubeantes”, confesaron que los excitaría compartirlas con su pareja. En una palabra: las personas desean compartir su vida sexual interior, pero suelen tener miedo de hacerlo.

Una fantasía común

Las fantasías escenifican situaciones que, por más carga erótica que conlleven, y por más excitante que sea imaginarlas, no reflejan siempre comportamientos que quisiéramos adoptar en realidad. Pensemos, por ejemplo –a riesgo de que resulte un poco artificial presentar la orientación sexual como dos categorías fijas- en una de las fantasías más comunes entre los que se consideran heterosexuales: tener relaciones homosexuales. (Y al parecer la fantasía hétero es también frecuente entre los gays). Digamos que la mayoría no hace realidad estas fantasías y, sin embargo, millones de personas fantasean con tener relaciones distintas a las de su orientación sexual. Y esto no significa estar enmascarando nada… pero aún así, muchos se sienten turbados por albergar tales pensamientos o pueden llegar a una falsa conclusión si descubren que su pareja los tiene.
En relación a este asunto, Conrad y Milburn preguntaron: “Si su pareja le revelase fantasías acerca de hacer el amor con una persona de un sexo distinto al de usted, ¿qué conclusión sacaría?” El 21% contestó que deduciría que su pareja era potencialmente homosexual o heterosexual (según a quien estaba dirigida la pregunta). El 15% repuso que pensarían que tales fantasías eran sintomáticas de que su pareja tenía problemas psicológicos, y un 20% expresó que concluiría que su pareja ya no los consideraba atractivos. Sólo un 44% reconoció que muchas personas tenían tales fantasías y justamente este porcentaje coincidió con aquellos que puntuaron como más inteligentes desde el punto de vista sexual que el resto de la muestra.
La realidad es que las fantasías forman parte de nuestro “yo sexual” y no debiéramos avergonzarnos de ellas ya que, por lo pronto, tienen la capacidad de incrementar la excitación durante las relaciones sexuales. Y confiárselas a nuestra pareja no significa –al menos no necesariamente- que vayamos a ponerlas en práctica.
En definitiva, el enfoque sexualmente inteligente consiste en aceptar estos sentimientos y poder hablar abiertamente de ellos en el momento apropiado. Lo que no puede sino enriquecer nuestra vida sexual. Como es bien sabido, nada tiene más potencial erógeno que la mente.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.