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El orgasmo femenino

12 Sep 2020
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IMAGEN ILUSTRATIVA

El sexólogo argentino León Roberto Gindin en su libro “La nueva sexualidad de la mujer” comparte una variedad de testimonios de mujeres relatando lo que experimentan al momento del orgasmo:

“Después de la enorme tensión acumulada, me sentí como si me proyectaran al firmamento, y continué subiendo y subiendo, recibiendo el aire fresco que rompía en mis costados. Me cosquilleaban las entrañas y tenía la piel fría. El corazón me palpitaba con fuerza y me costaba respirar”.

“Cuando sucede, o bien es como una avalancha de placer que se derrumba sobre mí, o como una comida ligera y refrescante, satisfactoria de momento, hasta que al poco vuelvo a estar a punto”.

“Mis orgasmos son como palpitantes estallidos de energía que empiezan en la zona pélvica y luego me inundan todo el cuerpo. A veces me parece que me precipito al vacío en caída libre y otras tengo la impresión de que mi cuerpo es una gran orquesta que interpreta un gran crescendo”.

“El término que me viene a la boca es el de regocijo, alegría alborozada. Me siento como un globo hinchado que en vez de estallar me inunda de una enorme ola de felicidad y de sentimientos que pasan por mí como una exhalación”.

“Me siento como el tapón de una botella de champán en el momento de descorcharla”.

Sin duda se trata de una vivencia difícil de poner en palabras, por lo que las personas recurren a diversas imágenes para acercarse aunque sea un poco al inédito fenómeno que recorre el cuerpo -y el alma- en esos breves segundos.

¿Lo tuve o no lo tuve?

Esta diversidad de percepciones y significados tan vastos tiene derivaciones igualmente interesantes. Por ejemplo -y así lo afirman algunas investigaciones- hay mujeres que creen padecer disfunciones sexuales cuando en realidad no las tienen. Y a la inversa, podríamos decir: J.G. Bohlen, urólogo que desarrolló su trabajo a principios de los 80, realizó un descubrimiento notable. Hay una mínima relación entre la percepción del orgasmo y los síntomas fisiológicos que se observan en el laboratorio. Así, un buen número de las mujeres a las que estudió, aseguraron alcanzarlo, cuando en realidad las pruebas no mostraban ni una sola contracción muscular.

Por otra parte, la pareja de sexólogos norteamericanos William E. Hartman y Marilyn Fithian examinaron, en los 60, a un grupo de pacientes de terapia que aseguraban ser anorgásmicas. Sin embargo, descubrieron que muchas de ellas efectivamente pasaban por las respuestas físicas clásicas del orgasmo. Una vez que fueron concientes de estos cambios, casi todas pudieron identificar por sí mismas su llegada al clímax. Al parecer, estas mujeres habían leído sobre el tema, pero consideraban que lo vivido no se asemejaba a esas descripciones. La percepción de que sus experiencias eran muy inferiores a lo que creían que debía ser, se había convertido en un obstáculo para poder registrarlas… y gozar.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.