¿Se vendrá un julio maldito?

El adelantamiento de las elecciones de legisladores nacionales puede cambiarle para mejor la vida a la gente o provocar una tormenta política. La vuelta al FMI. Por Hugo e. Grimaldi - Columnista de DyN.

15 Marzo 2009

BUENOS AIRES.- Los opositores han dicho que el adelanto de las elecciones de octubre a junio suma un conflicto más al collar de tensiones que vive la ciudadanía, como la inseguridad o la situación económica, sin olvidar la pelea con el campo que ha quedado congelada , al menos hasta el martes, por la sorpresiva decisión presidencial. Hablan de gravedad institucional y no les falta razón, o definitivamente exageran con la palabra locura.
Por su lado, el oficialismo se ufana al mostrar como un gran mérito el haber retomado, después de mucho tiempo de recibir muchos goles en el arco propio, la capacidad para fijar la agenda. En su modo de ver la realidad política, poco le importa a los K que hayan quedado desairados por declaraciones anteriores nada menos que Cristina y Néstor Kirchner. La Presidenta por sus burlas al efecto Jazz y su esposo, cuando hace dos semanas se preguntó en Catamarca, a voz en cuello y desde un palco, dónde está la calidad institucional, ya que la dirigencia de esa provincia tenía miedo de perder, dijo y que, por eso, manipulaba la fecha de las elecciones. Para justificar la decisión, derivada de las encerronas a las que el Gobierno nacional estaba siendo sometido por la realidad, más allá del escollo electoral (sic) que parece haber sido como una piedra de la montaña que cayó de improviso a la ruta y que obligó a la huída hacia adelante, Cristina ha utilizado un argumento algo tirado de los pelos para el estándar gubernamental: que la gravedad de la crisis requerirá de mucho diálogo y debate que atempere las pasiones, algo que una campaña electoral muy larga no toleraría. Precisamente, estos atributos esenciales de la convivencia democrática es lo que le viene faltando al Gobierno nacional desde siempre, algo que tampoco apareció en esta oportunidad, ni siquiera ante la propia tropa, para darle un marco institucional a la movida imaginada en soledad en el dormitorio de Olivos. Esta característica de los Kirchner de resolver todo manu militari es la que irrita a los opositores, ya que el matrimonio nunca se allanó a conversar con ellos ninguna medida para obtenerla por consenso y por eso, cuando escuchan a la Presidenta hablar de apertura mental o aprendamos escuchar al otro, se lo facturan. En cuanto al argumento de la crisis internacional como fundamento de la medida, los embajadores en Alemania y la Unión Europea, ambos economistas y ex funcionarios, Guillermo Nielsen y Jorge Remes Lenicov, respectivamente, parecen ser los que le han abierto los ojos a Cristina sobre el grado de virulencia de la situación global y de modo indirecto han sido los que le han dado letra a la explicación oficial.
Desde una interpretación más de entrecasa, la sucesión de elecciones y las probables palizas que podría haber sufrido el kirchnerismo en la Capital Federal y Santa Fe sobre todo, es lo que pone a la política en el centro de las explicaciones y sobre todo la posibilidad de ganar en junio y no en octubre los votos que se necesitan en segundo cordón del Conurbano, el único bastión que parece quedarle a Néstor Kirchner, quizás candidato a diputado, para torcer la historia.
En Olivos, se ha tomado debida nota que lo que ocurrió con las 62 Organizaciones, las que por primera vez irán divididas en apoyo de Kirchner y de Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires, se podría repetir una por una en todas las intendencias del Gran Buenos Aires, cuyos barones le han taladrado durante los últimos días los oídos al ex presidente ya que, sin plata en obras, le dijeron, era casi imposible la patriada. Esta realidad es lo que ha apuntalado la teoría de que el Gobierno nacional iba a llegar a octubre con cero pesos en la caja.
Pero los intendentes también están jugando a dos puntas, ya que le están mordiendo el monedero a los Kirchner, mientras colocan tropa propia también en las dos listas, para mantener las mayorías en los concejos deliberantes, con la excusa de que esta vez no pueden garantizar que sea posible apuntalar el voto cadena o sustraer las boletas de los cuartos oscuros.
A las interpretaciones de oficialistas y de opositores se le han sumado también sesudos análisis de constitucionalistas, de politólogos, de economistas y aún de periodistas que han complementado las visiones de los políticos y casi todos han machacado sobre la oportunidad y los motivos. Temor, espanto, picardía y pragmatismo han sido de las palabras más usadas para calificar la jugada que imaginan muchos surgida de Kirchner, algo que los funcionarios nacionales le endilgan, por decoro, a Cristina, a cuya investidura le queda muy mal que se piense que sólo cumple la función de un simple heraldo.
Pero, más allá de las formas y de las cuestiones de desapego institucional, pocos han planteado hasta ahora lo mismo que se pregunta el ciudadano de a pie: ¿cómo me va a cambiar la vida esta decisión? Con el adelanto de la fecha y tras el descarnado discurso de la Presidenta, los argentinos se han preocupado un poco más, estarán prestos a bajar un poco más el nivel de consumo y es quizás también se pregunten en qué puede mejorar la situación el adelanto del turno electoral, junto a una serie de interrogantes que hacen a la situación económica que se vislumbra: ¿Es el adelanto un antídoto contra la crisis? ¿Votar antes será para bien? ¿Por qué sería casi suicida hacerlo en octubre y no lo será en junio? ¿Qué pasará después? ¿Habrá mayor recaudación, mejorará el nivel de actividad económica y las exportaciones, se atenuará el índice de precios y permitirá que no sigan creciendo la pobreza y el desempleo? ¿El Estado podrá ser más eficiente a la hora de brindar los servicios básicos de salud, educación y seguridad? ¿O será todo a la inversa y habrá que maldecir el mes de julio?
Y ante la enjundia que ha puesto la Presidenta en defender un modelo que ella sueña que se haga carne en todos los argentinos, seguro que los ciudadanos también se plantearán ya desde ahora la pregunta fatal para el Gobierno nacional: ¿no será que todo esto tiene que ver con las debilidades del plan económico y/o con la gestión y que la crisis global finalmente impactará más fuerte en la Argentina por qué una vez más el Gobierno nacional se ha enamorado de su plan y se aferra a una ficción? Y también están los interrogantes derivados de la política, ya que si el kirchnerismo mantiene las mayorías en ambas Cámaras, esa ratificación del modelo, ¿no lo habilitará para hacer un superajuste, con las peores calamidades que se imaginen, habida cuenta del panorama que pinta? Y si las pierde, ¿será tan generosa la oposición como para brindarle sustento a la gobernabilidad, para que Cristina llegue fortalecida a 2011 y la población sufra lo menos posible?
Hoy, los opositores se han abroquelado casi todos, salvo en primera instancia Francisco de Narvaéz y Mauricio Macri, para impedir el adelanto de la fecha, tal como antes del bombazo habían hecho contra la futura Ley de Radiodifusión y para eliminar las retenciones a las exportaciones de soja.
En el primero de los dos casos, el espectro opositor le ha dejado un flanco abierto al Gobierno nacional, ya que el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (tal su nombre, que amplía el concepto restrictivo de la radiodifusión) que será presentado el miércoles en La Plata, aún no se conoce y ya ha sido rechazado. Es probable que en este caso, a la oposición le ocurra lo mismo que con los llamados al diálogo, ya que el Gobierno nacional se torna poco creíble cuando quiere avanzar con un proyecto que considera modernizador y, a la vez, como lo ha hecho desde siempre, golpea sin piedad a la prensa cuando no le gusta lo que publica o cuando, como ocurrió en la semana, la Presidenta en persona se toma el trabajo de intentar ridiculizar a un movilero que le había hecho una pregunta. En el caso de las retenciones, la oposición es mucho más orgánica, ya que dicen que cuentan con 100 diputados y que semana a semana ese número podrá ir creciendo para forzar el quórum. Desde el testimonio político, señalan que se van a plantear un llamado a sesión por semana hasta lograrlo, pero en el fondo hay una gran irresponsabilidad en los planteos, ya que, por empujar al Gobierno nacional a la derrota, nadie dice cómo se van a reemplazar los ingresos que dejarían de entrar por retenciones ni qué partidas se podrían podar para compensar.
También se puede especular que el adelanto de las elecciones le permitiría a la Argentina volver al FMI en julio, para atemperar así, con endeudamiento, la crítica situación fiscal y hacerlo con menor costo político, siempre y cuando los países del G20, que se reunirán el 2 de abril en Londres, resuelvan una reformulación de los organismos internacionales, que permita el desembolso de dinero sin condicionalidades. El kirchnerismo había ideado primero la estrategia de enrostrarle en la cara a los países más grandes -a Estados Unidos,en particular- la propensión del FMI a prestar dinero contra planes de ajuste recesivos, pero el canciller y los embajadores que estuvieron en Buenos Aires en la semana parecen que lograron convencer a la Presidenta y a su esposo que la diplomacia no anula los principios. Esta postura también ha sido inducida (y celebrada) por los mensajes que partieron de la nueva embajadora del Reino Unido en la Argentina y aún de la charla que Cristina mantuvo con el presidente Obama.
Cuando la Presidenta acuda a esa Cumbre, tal vez lo hará no sólo con mayor serenidad de su espíritu contestatario, sino con los temas más o menos cerrados, tal como se estila en esos foros, porque ya se sabe que de las discusiones no va a salir finalmente una reforma del Fondo a su pleno gusto y paladar. La gravedad de la situación global -en la que se imponen el diálogo y el consenso-, será retratada con crudeza en la declaración final, lo que podrá servirle a la Presidenta, en lo interno, para ratificar su discurso sobre la gravedad de la crisis.
No sea cosa que, para amargarle la estadía, a alguno se le ocurra recordarle que si la Argentina llegó a esa mesa de decisión y tiene voz y voto en el mundo, ha sido por la acción y la gestión de Carlos Menem.

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