Un tucumano trabaja en Silicon Valley para un proyecto secreto de Apple

La empresa que él fundó -junto a otros científicos- fue comprada por una millonaria suma. "Allá nuestro trabajo es valorado. Hay reconocimiento", cuenta el ingeniero Fabián Klass. En contrapartida, hasta en las fiestas de cumpleaños se habla de dinero. Video.

UN POLO TECNOLOGICO. Miles de empresas han establecido sus cuarteles generales en el Valle del Silicio. INFOGRAFIA TOMADA DE GEPWORLD.COM
UN POLO TECNOLOGICO. Miles de empresas han establecido sus cuarteles generales en el Valle del Silicio. INFOGRAFIA TOMADA DE GEPWORLD.COM
30 Julio 2008
Tenía todos sus estudios a flor de piel y ninguna experiencia en la vida. Cuando llegó a Palo Alto, una pequeña ciudad de la costa estadounidense, llevaba consigo sólo unos lentes de algunas dioptrías y una maleta repleta de libros. En sus recuerdos todavía se arremolina ese primer día en la universidad donde más tarde obtendría un doctorado. "Qué privilegio", pensó por aquel entonces Fabián Klass.

Tras más de 20 años de ausencia, el ingeniero en electrónica está de regreso en su Tucumán natal. Las distancias que separan a aquel estudiante que partió discretamente en la década del 80 de este investigador son tan grandes como sus logros. El de hoy es un hombre que disfruta con fruición del paseo por las callecitas donde creció y que con el mismo goce en unos días estará en su oficina de Silicon Valley.

Su futuro comenzó a fraguarse cuando viajó a Israel, en 1985. Ahí continuó estudiando y conoció a la mujer que se acostaría en la otra mitad de su lecho. Junto a la brasileña Simone se mudó luego hacia Holanda, donde siguió con las especializaciones. Al tiempo, el matrimonio desembarcó en el Valle del Silicio, en la zona sur de la bahía de San Francisco, en California.

Actualmente, la pareja tiene tres hijos y vive en una típica casa estadounidense de barrio. En el currículo del padre de familia figuran el título de la Universidad de Stanford y su paso por una de las tantas industrias tecnológicas instaladas en esa zona, donde se encargó del desarrollo de softwares y de hardwares.

Hace cuatro años, el tucumano abandonó esa compañía y fundó junto a más de un centenar de investigadores una star up (palabras inglesas utilizadas para designar empresas que se forman con el objetivo de desarrollar un determinado producto y en las cuales todos los miembros son accionistas).

Empero, meses atrás, la firma del comprovinciano y de sus colegas fue comprada por Apple, que pagó 275 millones de dólares. "Cuando se produjo la adquisición, nos encontrábamos desarrollando un prototipo de silicio único. Pero no compraron nuestra invención, sino a los científicos", explica Klass, sentado en el living de LA GACETA.

De hecho, luego de la operación, Apple intentó suspender los planes referidos al semiconductor químico para encomendarles a sus nuevos empleados un proyecto secreto. Sin embargo, el Ministerio de Defensa de Estados Unidos, que está interesado en ese microprocesador, le exigió a la compañía que continúe con el desarrollo.

Actualmente, una parte de los investigadores está abocada a la invención de ese plan reservado, y un número menor continúa con la invención del conductor de silicio. Aunque Klass no puede revelar nada con respecto  al proyecto de Apple, adelantó que en unos meses podría haber novedades.



- ¿Qué ganó y qué perdió con el exilio?
- La experiencia de vivir en otros países es, realmente, una ganancia. También el hecho de que nuestro trabajo sea valorado. Allá hay reconocimiento, y quien se esfuerza es promovido en su empleo. Pero el contacto con los seres queridos es una pérdida terrible. Por eso estamos aquí de visita. Queremos que nuestros hijos mantengan el vínculo con la familia.

- ¿Le costó forjar relaciones?
Es difícil cruzar sobre la intimidad de las personas. La gente es correcta y agradable, pero pone barreras. La amistad allá es vista con practicidad. Los norteamericanos seleccionan a sus amigos desde un punto de vista de conveniencia. No existe la amistad natural. La gente tampoco sale a tomar un café ni se queda charlando durante horas en un bar.

- ¿Cómo es trabajar en Silicon Valley?
- Impera la cultura del trabajo. Hace unos días, cuando llegamos a Tucumán, nos pareció increíble que aquí todavía duerman la siesta... ¡en pleno 2008! Allá, en cambio, se trabaja día y noche. Pero el estadounidense disfruta lo que hace.

-¿Qué aspectos valora de esa sociedad?
- Como dije, allá cuando uno trabaja sabe que obtendrá sus réditos. La mentalidad americana es optimista y ambiciosa. Por otro lado, tenemos una vida segura y estable. Los coches se dejan abiertos y nuestro hogar no tiene protección.

¿Cuáles cuestiona?
- Cuando uno va a una reunión social, por ejemplo, lleva sus tarjetas personales. Hasta en las fiestas infantiles se hacen contactos de trabajo. Permanentemente uno está conociendo gente, pero no existe una conversación simple porque todo el mundo se está midiendo. El nivel intelectual es altísimo, y por ello a veces se termina exhausto. LA GACETA ©

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