La solidaridad convoca más que cualquier trofeo

Mientras algunos pasean en familia, otros corren por placer.

DE ESTRENO. Lourdes y sus hermanos, subidos a su nuevo auto. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
DE ESTRENO. Lourdes y sus hermanos, subidos a su nuevo auto. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
09 Septiembre 2007
Los atletas federados reconocen que lo más importante de la Maratón Don Orione es la solidaridad y los competidores informales ratifican este sentimiento. A abuelos, bebés, madres rodeadas de hijos y perritos no les interesaba un lugar en el podio. Ellos habían asistido para colaborar con el Pequeño Cottolengo.
Lo mismo vale para la mayoría de las personas con capacidades diferentes que participaron, muchos de ellos en muletas, de la prueba. Tal es el caso de Pedro Díaz, de 61 años, que sólo faltó a una de las 13 ediciones: fue en 2000, cuando a causa de su diabetes le amputaron la pierna izquierda. “Nací junto a la Facultad de Educación Física; mi esposa es atleta y entrena a mi hijo, rankeado en cuarto lugar en el país en la categoría Cadetes. Esto para mí no es una revancha; llevo dentro de mí el atletismo y pienso correr hasta que Dios diga basta”, desafió “Pedrito”, como lo llaman.
Según Verónica Giménez, la emoción está en participar. “Es gratificante saber que estamos colaborando, mientras pasamos una tarde agradable y en familia”, dijo, mientras sus hijos Agustín (de 7 años), Martín (5) y Santiago (1), desde el cochecito, se impacientaban por largar.
Párrafo aparte para Efraín Wachs. Con sus 89 años llegó sobre la hora a llenar el cupón de inscripción. “Llegué tarde porque vivo lejos”, se disculpó el atleta, mientras caminaba hacia la largada.

Volvió a su casa en un auto 0 kilómetro

“Estoy muy emocionada. La suerte me la trajo mi hermanita, así que será mío y de ella”, gritaba entre risas Lourdes Llanos, tras haberse enterado de que había ganado el Corsa 0 kilómetro. “Compro siempre la pechera, pero es la primera vez que vengo a competir; estoy aprendiendo a manejar, así que esto es buenísimo”, dijo en medio de los abrazos de sus hermanos y de sus tíos.
Gabriela Toledo había ganado, en la largada de la prueba, la moto que se sorteaba. “Debo haber tenido suerte, porque es la primera vez que vengo a la maratón”, dijo.

Pista y campo

- Colaboración de la Facdef. Alumnos de varios cursos de la Facultad de Educación Física de la UNT aportaron su granito de arena en la organización de la prueba. “A nosotros nos pidieron que caminemos junto a las familias, junto a los mayores, junto a los que participen con chicos y junto a los discapacitados. La idea es amenizar el trayecto con conversaciones. Nos invitó la profesora de voley, la vicedecana Susana Villaroel”, explicó Jéssica Domínguez, de primer año.

- Supera las expectativas. “La maratón se fue convirtiendo, solita, en la fiesta de la familia. Cada año supera en cantidad a la anterior. Es un día especial”, destacó el Hermano Jorge Alarcón, director del Pequeño Cottolengo Don Orione.

- Los chicos, presentes. Como si fuera un juego más, un sinnúmero de chicos participó en la tradicional competencia. Acompañados por sus familias, le imprimieron color y calor a la prueba. Algunos corrieron en patines, otros lo hicieron en bicicleta o caminando; pero hubo quienes recurrieron a vehículos de mayor rodado. En la foto, cuatro amigos se aprestan a recorrer el circuito a bordo de su auto a pedales.

- Copani copó. Comenzó cantando junto a 10 chicos del Cottolengo la canción que escribió para Don Orione, “Hay un Corazón”. El cantautor conquistó a todos ofreciendo clásicos como “Cuántas mina que tengo”, o “Lo atamo’ con alambre”. Pero, además, composiciones de Lito Nebbia, Charly García y Joan Manuel Serrat también dijeron presente en su repertorio. Al final, mostró el video de su canción a Eva Perón. - Tarde calurosa. En la largada, para refrescarse había que recurrir a comprar helados o gaseosas. Ya en la meta se repartieron botellitas de agua mineral Kin, para calmar la sed de los participantes.