Manuel Martínez Zuccardi - Ex presidente de UCIT y de la Estación Experimental
La importancia de la decisión del presidente Mauricio Macri de incrementar la producción nacional de bioetanol en un 2% para el sector sucroalcoholero de Tucumán es de una significación estructural y revolucionaria. La definición presidencial, en el marco del reciente tratado de París para control y cuidado del medio ambiente, que supera a su anterior de Kyoto al tener naturaleza vinculante y obligatoria para 197 Estados del contexto mundial, es de trascendencia esencial ante la perspectiva de que los materiales fósiles dejen de ser la principal materia prima de los combustibles.
La humanidad modifica su paradigma histórico al decir basta al petróleo como principal fuente energética. La humanidad ha reaccionado y las firmas de Estados Unidos y China (negadas anteriormente con Kyoto) viabilizarían la operatividad eficiente de las normas del tratado.
Así, la Argentina tiene el destino de sustituir su matriz asentada hoy en un 90% en el petróleo.
La oportunidad para los tucumanos es de una magnitud tan significativa como la misma instalación de la actividad azucarera. Es una real refundación.
Para que ello suceda es muy necesario proceder a dos fines muy importantes.
El primero es la solución seria y estable del tratamiento de las vinazas como efluente. Es un material rico en elementos positivos y recuperables y debe implementarse un sistema de tranquilidad para la población y seguridad para el medio ambiente, trabajando en serio, con inversiones adecuadas para superar el cuadro actual de salidas contingentes, de emergencia y nunca definitivas.
El segundo, la finalidad equitativa y distributiva del sistema productivo. Las ventajas del alcohol de caña deben ser para todos, al igual que la posibilidad de participar en la producción. Los cupos deben ser redistribuidos, de forma tal que industriales y cañeros tengan una participación real, equilibrada y efectiva.
Todos, la sociedad, obreros, industriales y cañeros, deben recibir en plenitud la distribución equitativa de la renta y de la producción.
En Brasil, uno de cada cuatro trabajadores dependen del plan alcohol. En Argentina, ya con el plan alconafta (por el decreto del presidente Raúl Alfonsín 1337/86) se fijó la maquila con participación cañera en 37 litros sobre 62, o sea el 60%.
Hay que dejar de importar petróleo, ya que se obliga a la sociedad a pagar un valor de los combustibles 50% más caro de lo que cuesta en el mundo, eximiendo en forma completa de impuestos a los sectores mineros tanto de Ganancias, IVA como provinciales. Se subvenciona a empresas trasnacionales y estatales a costa del consumo del pueblo argentino. Los argentinos pagan uno de los combustibles más caros del mundo y es uno de los sectores que más influyen en el déficit de la balanza de pagos.
El alcohol es expresión de trabajo, soberanía e integración nacional.
Está en la responsabilidad de todos concretarlo.








