Para algunos vecinos de Villa Urquiza, la solución es "prenderle fuego a la basura"

Un vaciadero en República del Líbano y Paraguay es nido de ratas y cucarachas. Reclaman custodia policial y más limpieza.

22 Ene 2013
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ANTES EL TREN, AHORA LA ROÑA. Los carreros viven en las inmediaciones del basural y los desperdicios empezaron a cubrir los rieles del ferrocarril. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA

Paola (7) y Nelson (5) son hermanos. No extrañan la rutina escolar y se las ingenian para vacacionar en el barrio donde viven. De vez en cuando, ella limpia el parabrisas de cada automóvil que se detiene a la vuelta de su precario hogar. Él pide plata en la misma esquina, mientras su hermana echa baldasos de espuma gris sobre el vidrio delantero de un vehículo polvoriento. Cuando su atareada jornada termina, juegan a mojarse con el agua de una pelopincho desgastada. Si se aburren, prefieren buscar un "tesoro" en el basto y ancho basural que adorna la entrada de su casa, en avenida República del Líbano y Paraguay. No son aprensivos, tienen curtido el olfato y se desplazan sobre el montículo de desperdicios con absoluta indiferencia. Son las 13, hace calor y la tierra se pega en las nucas transpiradas de los jóvenes aventureros. Ninguno quiere volver al rancho con las manos vacías. Algún juguete esperan encontrar.

Sin embargo, el vaciadero a cielo abierto que asquea a los vecinos de República del Líbano y Paraguay no esconde ningún juguete. Todo lo contrario. Entre neumáticos pinchados, bolsas de consorcio apestosas, escombros enormes, verduras podridas, animales muertos y pañales usados, conviven ratas y cucarachas. Este curioso muestrario de desechos crece sobre los rieles ferroviarios que atraviesan la cuadra. Allí, según el testimonio de varios vecinos, viven los mismos carreros que arrojan basura en el predio abandonado. "No les digo nada cuando los veo tirando bolsas detrás de mi casa. ¿Qué les voy a decir? Viven acá. A mi cuñada y a mí se nos ocurrió limpiar la zona. La única solución es prenderle fuego a toda la basura. Es la única manera de hacerla desaparecer. No pasa el camión de limpieza, no hay policías cerca. Vos ve", se quejó Verónica Lazarte, de 32 años, empleada doméstica. Uno de sus sueños es que, durante 2013, se fumigue y desinfecte el vaciadero clandestino. "Es lo único que pido. Si vieras las ratas que hay...", contó impresionada.

"Navidad de los perros"
Una vez puso un cartel que rezaba: "prohibido tirar basura". Pocos, muy pocos, le hicieron caso. Francisco César Morales, de 51 años, no volvió a intentarlo. "Festejamos la Navidad de los perros muertos", ironizó, y afirmó que, durante las fiestas de fin de año, el vecindario apestaba porque varios perros sin vida se pudrían al aire libre, a un costado de la vía del tren, sobre el arraigado basural.

"El camión de recolección viene cada seis días". "Los carreros tiran basura por la noche, cuando nadie los ve". "Es muy triste que nadie haga algo". Los lamentos de Hugo González, casado y desempleado, no le impidieron cocinar una humita casera. Compró los choclos en la verdulería del frente, no sin antes caminar por ese tramo de la calle en el que sobrevive, desde hace años, el basural del barrio.

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