Corridas, rumores, robos y terror en el centro

Miles de tucumanos estaban en la peatonal haciendo las compras de fin de año cuando estalló el caos. Según testigos, grupos aparentemente organizados tenían dos objetivos: el Mercado Persia y la Feria del Jardín. Una marea humana comenzó a avanzar, despavorida, en busca de seguridad. Los locales bajaron las persianas. Los ambulantes se armaron con palos

23 Dic 2012 Por Luis María Ruiz
Nadie sabe muy bien cuándo ni por qué, pero la gente empezó a correr. En las calles del centro, una marea humana que iba de un lado hacia el otro, invadida por el pánico, trataba de escapar de las alertas de los saqueos. Hubo gritos, llantos y heridos. Quienes habían salido a hacer las compras navideñas ayer a la tarde acabaron encerrados en los negocios, buscando resguardo tras las rejas, huyendo de supuestas bandas organizadas que trajeron a la memoria las jornadas negras de diciembre de 2001.

Parado en la peatonal, en la esquina de Muñecas y Mendoza, el jefe de Policía, Jorge Racedo, le decía a quien se cruzara en su camino que todo era producto de la paranoia colectiva. Y pedía tranquilidad. Los vendedores ambulantes, sin embargo, levantaron los juguetes, los guardaron en cajas y se armaron con palos. A pocas cuadras de allí, en dos ferias céntricas, se habían producido atracos -o intentos de atracos-, y los desmanes se propagaron por toda la ciudad. Fue la tarde en la que el miedo se apoderó de los tucumanos.

Los primeros comentarios comenzaron después de la siesta, cuando el microcentro estaba repleto de compradores. Todos los negocios estaban abiertos; los ambulantes, listos para vender cajas y cajas de juguetes. Para entonces se habían registrado corridas en El Bajo y en la feria del barrio Independencia. Pero en las peatonales el movimiento era el típico de las fiestas de fin de año.

A las 19, cientos de voces explotaron en el centro, y se unieron en un solo alarido que hizo erizar la piel. La gente avanzaba despavorida por calle Muñecas, desde 24 de Septiembre hacia el norte. Por calle Junín, luego, las corridas se dirigían hacia el sur. Desorientados, muchos compradores se metieron en los locales, y los dueños los cobijaron junto con sus productos, bajando las persianas y las rejas.

"Me acaba de comentar una señora que vio llegar cuatro colectivos que trajo a esta gente. Pero no vinieron a robar por hambre", aseguró, en medio de la incertidumbre, Pablo Sosa, encargado de un negocio de Córdoba al 600.

Al parecer, todo comenzó en esa zona. En el Mercado Persia hubo forcejeos, robos y personas golpeadas. Daniela Molinari, de 19 años, vivió los desmanes desde su puesto. Y contó que vio a vándalos y a colegas enfrentarse por la mercadería. "Había gente corriendo para todas partes", relató.

Su colega, Ivana Ligerón, de 23 años, remarcó que la tensión se apoderó de todos en esa galería, que tiene puertas de entrada por Salta y por Córdoba. "Acá nadie vende comida", agregó Ligerón, indignada y nerviosa.

En la Feria del Jardín, por el acceso de calle Junín, también se registraron incidentes. "Estaban por tratar de entrar, pero cerraron rápido las puertas. No se podía ver mucho, había un alboroto tremendo", destacó Víctor Fernández, de 42 años. Él tiene un puesto allí.

Estos atracos desataron el pánico. En el microcentro, por Córdoba, Mendoza, San Martín, 24 de Septiembre, Salta, Junín, Maipú y Muñecas, los compradores corrían sin saber dónde ir. Los agentes de Policía, igual de desorientados, hablaban por radio para tratar de saber qué estaba pasando. "No hay nada concreto", fue la respuesta recurrente que recibió LA GACETA ante las consultas.

Entre los disturbios alguien se acercó a un oficial. "Unos muchachos que están vestidos con ropa de Atlético Tucumán andan en un taxi levantando bolsas", le comentó. A los pocos minutos, los uniformados interceptaron ese vehículo en Córdoba al 700. Pero las corridas y los rumores siguieron.

El caos y el terror persistieron durante al menos dos horas y media en el sector más concurrido de la ciudad. Sobre Muñecas, entre Junín y 25 de Mayo, los vendedores ambulantes decidieron no moverse de su lugar. Armados con palos, e incluso con patinetas y otros juguetes que hasta hace algunos minutos ofertaban a viva voz, su actitud era elocuente: ningún saqueador que intentara acercarse por allí la iba a sacar barata.

A la noche, pasadas las 22, el centro estaba casi despoblado. En las calles sólo había papeles, basura, y ecos de los desmanes que ayer sembraron miedo y preocupación entre los tucumanos.

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