Arte, colores y un show inquietante

El Tucumán Tattoo Festival, encuentro de tatuadores, perforadores y modificadores corporales, cerró con un espectáculo de suspensión y con la elección de Miss Tattoo. Cientos de tucumanos visitaron el centro cultural Juan B. Terán durante los tres días que duró la convención. La convocatoria aumentó respecto del año pasado. Víctor y Carlos dejaron petrificado al público.

13 Ago 2012
"¡Vamos che, aplausos! ¿O todavía se están comiendo las uñas?", arenga el conductor. Del otro lado, unas 100 personas - verdaderamente- se comían las uñas frente al show de Víctor Hugo Peralta, el tatuador que viaja por el mundo haciendo shows de suspensión. Con la técnica del piercing, le insertan unos ganchos metálicos en los omóplatos y luego lo suspenden con un sistema de poleas. Esta vez la parada fue el Tucumán Tattoo Festival, que reunió por tres días a tatuadores y tatuados en el centro cultural Juan B. Terán.

Antes de Víctor, conocido en el ambiente por sus hazañas corporales, se suspendió el tucumano Carlos Gómez, de 27 años. Lo hizo por primera vez. "No tengo miedo, algo de nervios me dará", le confesó a LA GACETA antes de subirse, pero sorprendió a todos los presentes al bajar. "Te duele un poco al comienzo, pero después no sentís nada de nada, es increíble", apuntó mientras le sacaban los ganchos.

El responsable de perforarlos fue Matías "Rata" Tafel, una de las "estrellas" que visitaron esta segunda edición del festival de arte corporal. "La piel no se desgarra porque va a varias capas de profundidad", explicó el experto antes de comenzar la función. Los aplausos fueron los laureles para estos dos héroes. Ellos coronaron un encuentro que sorpendió por la convocatoria y porque casi nadie se fue a su casa sin un (nuevo) tatuaje.

los protagonistas del cierre

poco común y no apto para impresionables

Carlos Gómez es tucumano, tiene 27 años y es tatuador. Ayer se animó a la primera experiencia en la suspención. Víctor Peralta tiene 42, se colgó unas 12 veces y la semana que viene lo hará en Venezuela. "Hay que respetar el cuerpo, muchos piensan que lo violentamos con esto, pero para mí es una satisfacción ponerme los ganchos y volar", reveló Peralta.

u faltan controles.- Los tatuadores siguen esperando que se reglamente la ley para que los locales especializados reciban controles del Estado y cuenten con habilitación formal. "Por lo pronto, cada uno trata de hacer lo mejor posible su trabajo teniendo en cuenta la seguridad, pero sería muy bueno que las cosas estuvieran más claras. Hay una ley, las 7.666, pero no se instrumentó todavía", explicó Ariel Farías, uno de los organizadores.

u todos tatuados.- El ruido de las máquinas era incesante: es que la gran mayoría de quienes fueron a visitar la muestra decidieron hacerse un tatuaje. El año pasado, en la primera edición, no hubo tanto trabajo para los artistas.

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