A Norah Jones este disco le salió de las entrañas, sacudidas por el dolor y la melancolía de una ruptura sentimental. Se sentó a escribir y a tocar con Brian Burton y pasaron las canciones por el scanner de Danger Mouse. Aggiornado, menos jazzy que de costumbre, el sonido Jones sigue abrevando en las fuentes del soul y de un pop-rock tan amable como encantador. Norah habla de enemigos que duermen con ella y que se meten en su mente ("All a dream"), del orgullo de decir adiós ("Say goodbye") y de la tristeza en los ojos de quienes buscan su camino ("Little broken hearts"). El pretendido relax del single -"Happy pills"- no oculta el tono de bajón otoñal. Eso sí: Norah está lista para volver a la batalla. La foto de tapa lo dice todo.
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