No queremos más víctimas sobre el pavimento y con los ojos cerrados

Por Miguel Velardez 09 Mayo 2012
No eran cadáveres, pero parecían. No estaban muertos, pero podrían terminar así. No tenían violencia contenida, aunque sí mucha impotencia. Fueron un gran ejemplo de civilidad. Los jóvenes que ayer llegaron a la plaza Independencia dieron una muestra cabal de que la indignación y la bronca pueden expresarse en público, pero en un marco de respeto y con una expresividad que llegaba a estremecer.

Sin utilizar el insulto, sin necesidad de recurrir al ataque prepotente como suelen hacerlo algunos grupos sindicales que desfilan por la city en actitud patoteril, pintando paredes ajenas, estos jóvenes expresaron ayer el dolor con las herramientas de la juventud: la irreverencia del lenguaje corporal.

Observarlos recostados sobre el pavimento, boca arriba, con los ojos cerrados, inmóviles, como si no respiraran y con las zapatillas sobre el pecho fue tremendamente impactante. Por un instante, tan sólo unos minutos, ellos fueron cuerpos sin vida, como aquellos que se convirtieron en un número más de las estadísticas de la inseguridad.

Allí estaba representado Gonzalo Barrionuevo, el joven catamarqueño de 23 años, que soñaba ser profesor de Educación Física, al que, sin embargo, le arrancaron la vida por un par de zapatillas. Frente a las narices del poder político también estaban la memoria de Iván Sénneke (asesinado para robarle un mochila); de Constanza González (la mataron para quitarle el celular); y de Elda Hovannes (le dispararon para arrebatarle una cartera).

Antes de la plaza Independencia, estos jóvenes pasaron por Tribunales para mostrarles a los fiscales y a los jueces que también tienen su cuota de responsabilidad por la inseguridad que crece en las calles como una enredadera. "Hoy los matan, mañana los liberan", podía leerse en una pancarta gigante. Estos jóvenes merecen respeto y deben ser escuchados, porque en Tucumán le pueden pegar un tiro a cualquiera por un celular, una mochila o una cartera y ya nadie quiere más víctimas sobre el pavimento, con los ojos cerrados.

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