Muy pronto publicaremos en Tucumanos un informe acerca de la incesante multiplicación de basurales en la ciudad. Los datos son contundentes: no pasa un día sin que se formen vaciaderos (de los chicos y de los grandes) en descampados, baldíos, al costado de rutas y autopistas. En las esquinas; junto al cordón de cualquier vereda. No hay manera -hasta el momento- de evitarlo, confiesan los funcionarios municipales. Se sienten impotentes.
La vida útil de los papeleros sigue achicándose violentamente. Algunos no llegan a sobrevivir 24 horas. Es el vandalismo a pequeña escala; a gran escala se refleja, por ejemplo, en la depredación de la que sigue siendo objeto la remodelada plaza Urquiza. ¿Qué puede hacer un placero -argumentan los responsables del área- contra una patota?
La única verdad es la realidad, decía Aristóteles y parafraseaba Perón, y nuestra realidad indica que San Miguel de Tucumán hace todos los méritos para mantenerse en el podio de las capitales de provincia más sucias de la Argentina. Y que buena parte de la culpa es de los ciudadanos. ¿Por dónde empezamos a arreglar esto?
La vida útil de los papeleros sigue achicándose violentamente. Algunos no llegan a sobrevivir 24 horas. Es el vandalismo a pequeña escala; a gran escala se refleja, por ejemplo, en la depredación de la que sigue siendo objeto la remodelada plaza Urquiza. ¿Qué puede hacer un placero -argumentan los responsables del área- contra una patota?
La única verdad es la realidad, decía Aristóteles y parafraseaba Perón, y nuestra realidad indica que San Miguel de Tucumán hace todos los méritos para mantenerse en el podio de las capitales de provincia más sucias de la Argentina. Y que buena parte de la culpa es de los ciudadanos. ¿Por dónde empezamos a arreglar esto?







