Desde Tucumán hasta la cima del Kilimanjaro

Ocho tucumanos y un salteño se internaron en el corazón de África. Además de escalar la montaña más alta del continente vivieron con los integrantes de una tribu de Kenia y donaron libros para las escuelas. "Es imprescindible el amor a la montaña y al sufrimiento, porque a veces al físico lo dejaste y seguís caminando con el ánimo", destacó Francisco Martínez Luque. Galería de Imágenes.

ANFITRIONES. Las mujeres de la tribu masai los recibieron el día que entregaron las donaciones de libros para las tres escuelas de la zona. FOTO GENTILEZA DE FRANCISCO MARTINEZ LUQUE
ANFITRIONES. Las mujeres de la tribu masai los recibieron el día que entregaron las donaciones de libros para las tres escuelas de la zona. FOTO GENTILEZA DE FRANCISCO MARTINEZ LUQUE
Por Natalia Viola 11 Febrero 2012
A 5.895 metros de altura, casi pisando el cielo africano, la vida debe parecerte más liviana. Con el físico extenuado y con el espíritu de a ratos resucitado, ¿qué pueden significar los problemas cotidianos cuando lo más importante es poder seguir respirando?

"Para el montañismo es imprescindible el amor a la montaña y al sufrimiento, porque a veces al físico lo dejaste y seguís caminando con el ánimo. Nada más", sintetiza Francisco Martínez Luque. Él es tucumano, tiene 28 años y se animó a desafiar dos veces el Kilimanjaro (en África) y cuatro veces el Aconcagua.

Este año arrastró con él a siete comprovincianos y a un salteño, para que vivieran el ascenso a la mítica cumbre más alta del continente africano. El viaje duró 25 días e incluyó visitas a otros lugares; compartir la vida en el seno de una comunidad aborigen, la tribu de los masai; donar libros para tres escuelas de Kenia (los compraron en Nairobi, la capital de ese país); y hacer safaris en las reservas Masai Mara y Amboseli. Además, cerraron la travesía descansando en la amplias y blancas playas del Índico.

En total visitaron Sudáfrica, Kenia, Tanzania, Kilimanjaro, Masai Mara, Amboseli, Lenkisem, las playas de Mombasa sobre las costas del Índico y la isla Wasini, también en ese océano. Seguramente, ni las anécdotas ni los gigas de memoria ocupados por fotografías podrán acercarse a transmitir la experiencia.

Primeras hazañas

Su "locura por la montaña", como él la define, es herencia de su tío, quien desde que era chico lo llevaba todos los años a trepar algún cerro, a acampar entre primos y hermanos para alejarse de la ciudad. Pero el momento que lo marcó fue cuando dos primos le propusieron subir al Aconcagua (6.962 metros). "Ellos venían de hacer la Ruta 40 y cuando pasaron por el cerro dijeron ?hay que hacerlo?. Ahí comenzaron a tentarnos a todos los primos y conocidos", cuenta Francisco. Finalmente, en 2004 emprendieron el ascenso. Antes, a modo de entrenamiento escalaron algunas montañas tucumanas y el Cerro Plata (6.300 m). Paralelamente, hace nueve años cada Semana Santa van hasta Anafama llevando donaciones. "Entre amigos, conocidos y familiares ya fuimos unas 200 personas en estos años", destacó.

Fue en una de las últimas visitas al Aconcagua que decidió convertir la pasión en un emprendimiento y también probar suerte con el Kilimanjaro. Así nació "Culmen", junto con Gonzalo Romero (h), empresa que organiza travesías de alta montaña. "Siempre me gustó hacer esto en grupo y llevar gente. Disfruto organizando la logística y soy el motivador", apunta sonriendo. Martínez Luque desmitifica eso de que sólo los que están superentrenados pueden hacerlo, porque las ganas son más importantes. "Estuve con gente muy entrenada, pero no aguantaron porque no sienten el amor por la montaña", ejemplificó.

El primer viaje a África lo hizo solo. Renunció al banco en el que trabajaba, compró los pasajes y comenzó a estudiar los lugares, la historia y las características del continente. "Me contacté con gente, una cosa llevó a la otra. Al final pasé tres meses entre Europa y África", relata. Cuando volvió, en 2010, comenzó a armar el siguiente viaje, realizado a principios de este año con el grupo.

"Si me preguntás cuál es mi próximo desafío te diría que la ilusión es subir al Everest, pero no es algo que quiera hacer ya ni que me desvele -sentenció-. Ahora quiero dedicarme a organizar los viajes y volver a África". Para acceder a la Galería de Imágenes, hace click aquí. 

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