"Este es el octavo robo; hice seis denuncias y no pasó nada"
En enero, un comercio de Ayacucho al 500 recibió tres veces la visita de ladrones. Tres hombres armados ingresaron al local el viernes de la semana pasada. Se llevaron $ 400 de la caja y les quitaron celulares y zapatillas al vendedor y sus amigos.
27 Enero 2012 Seguir en 
A cada una de las cinco personas que atienden el drugstore Iguana II, en Ayacucho al 500, las asaltaron por lo menos una vez. Es que los delincuentes ya lo tomaron de punto. Desde el 31 de diciembre hasta acá, les robaron tres veces. Y la cantidad de atracos asciende a ocho, si se cuentan los últimos dos años.
Su propietario, César Jiménez, contó que despidió el 2011 con un ladrón dentro del local. A las 11 del último día del año, entró un hombre a pedir cigarrillos sueltos. Cuando se quedó a solas con el vendedor, sacó un revólver y obligó a César a tirarse al piso. Luego lo encerró en el baño y se llevó unos $ 300 de la caja, más un puñado de tarjetas telefónicas. "Cuando se fue, salí con la idea de seguirlo, pero evidentemente lo esperaba una moto en la esquina", afirmó.
Después de tantos robos, el joven comerciante decidió atender a puertas cerradas en horas de la siesta y de la noche. A mediados de enero, un cliente compraba desde la vereda cuando un hombre le arrebató la billetera. "Cuando vino el patrullero, el policía me dijo que este era el sexto robo del día en la zona ¡Y eran las 18!", recordó Jiménez.
Pero el hecho delictivo más actual fue el del viernes de la semana pasada, cuando su hermano, Claudio Jiménez, se encontraba al frente del negocio.
"Yo pasé por acá a las 21.30 y me quedé tranquilo porque mi hermano estaba con tres amigos y generalmente no te asaltan cuando estás con gente", agregó César. Pero una hora después recibió un llamado de Claudio. Tres hombres armados habían ingresado al local y no sólo se habían llevado los $ 400 que había en la caja. Tanto a él como a sus tres amigos les habían quitado los celulares, las billeteras y las zapatillas.
"Llegué en cinco minutos y la chica de al lado estaba barriendo la vereda; había gente en la puerta, gente en la esquina y la plaza estaba llena, había mucho movimiento", destacó César, que no entiende cómo se animaron a cometer el atraco.
"Robar es fácil"
El hombre explicó que, pese a que en la zona hay muchos comercios, durante enero y febrero se ve poca gente en la calle y los delincuentes aprovechan para actuar. "Yo tengo el negocio desde hace cinco años. Los primeros tres fueron tranquilos porque para estas fechas se veían todo el tiempo policías en la cuadra. Pero este año y el anterior no mandaron ni un solo agente para acá", reclamó.
Los robos ocurridos este mes no los denunció. "Este es el octavo robo, tengo seis denunciados y nunca me solucionaron nada; es perder el tiempo", expresó. "Una vez los ladrones se tomaron una gaseosa y dejaron la botella con sus huellas digitales. Se la entregué a la Policía y la perdieron", denunció.
Para César, robar en la zona es fácil. "Si la primera vez me robaron dos tipos en una bicicleta, no me imagino lo que serán en un auto", afirmó.
Luego de tantos disgustos, el hombre decidió que va a colocar cámaras de seguridad adentro y afuera del quiosco. Eso le representará un costo de alrededor de $ 4.500, pero no le importa. Cree que así por lo menos podrá subir el video a internet y esperar a que alguien reconozca al ladrón.
De todas maneras, César destaca que el botín que se llevan los asaltantes es cada vez más chico. "Es impresionante como se te agudiza el ingenio a medida que te van pasando las cosas", señaló, y contó que entre los comerciantes del rubro intercambian consejos y "trucos" para reducir las pérdidas ante estos ataques.
Mientras César relataba su experiencia con los asaltos, un hombre que entró a comprar contó que también fue víctima de la inseguridad. "El otro día me robaron acá a la vuelta cuando bajaba del colectivo", comentó Ezequiel Cáceres. El joven de 22 años trabaja en un vivero y llegaba a las 8 para abrir. Un hombre lo apuntó con un arma y le quitó el celular. "En la comisaría no me tomaron la denuncia porque no pertenezco a esta zona", aseguró.
LA GACETA intentó comunicarse con la seccional 2ª pero no había ninguna autoridad para responder a las denuncias.
Su propietario, César Jiménez, contó que despidió el 2011 con un ladrón dentro del local. A las 11 del último día del año, entró un hombre a pedir cigarrillos sueltos. Cuando se quedó a solas con el vendedor, sacó un revólver y obligó a César a tirarse al piso. Luego lo encerró en el baño y se llevó unos $ 300 de la caja, más un puñado de tarjetas telefónicas. "Cuando se fue, salí con la idea de seguirlo, pero evidentemente lo esperaba una moto en la esquina", afirmó.
Después de tantos robos, el joven comerciante decidió atender a puertas cerradas en horas de la siesta y de la noche. A mediados de enero, un cliente compraba desde la vereda cuando un hombre le arrebató la billetera. "Cuando vino el patrullero, el policía me dijo que este era el sexto robo del día en la zona ¡Y eran las 18!", recordó Jiménez.
Pero el hecho delictivo más actual fue el del viernes de la semana pasada, cuando su hermano, Claudio Jiménez, se encontraba al frente del negocio.
"Yo pasé por acá a las 21.30 y me quedé tranquilo porque mi hermano estaba con tres amigos y generalmente no te asaltan cuando estás con gente", agregó César. Pero una hora después recibió un llamado de Claudio. Tres hombres armados habían ingresado al local y no sólo se habían llevado los $ 400 que había en la caja. Tanto a él como a sus tres amigos les habían quitado los celulares, las billeteras y las zapatillas.
"Llegué en cinco minutos y la chica de al lado estaba barriendo la vereda; había gente en la puerta, gente en la esquina y la plaza estaba llena, había mucho movimiento", destacó César, que no entiende cómo se animaron a cometer el atraco.
"Robar es fácil"
El hombre explicó que, pese a que en la zona hay muchos comercios, durante enero y febrero se ve poca gente en la calle y los delincuentes aprovechan para actuar. "Yo tengo el negocio desde hace cinco años. Los primeros tres fueron tranquilos porque para estas fechas se veían todo el tiempo policías en la cuadra. Pero este año y el anterior no mandaron ni un solo agente para acá", reclamó.
Los robos ocurridos este mes no los denunció. "Este es el octavo robo, tengo seis denunciados y nunca me solucionaron nada; es perder el tiempo", expresó. "Una vez los ladrones se tomaron una gaseosa y dejaron la botella con sus huellas digitales. Se la entregué a la Policía y la perdieron", denunció.
Para César, robar en la zona es fácil. "Si la primera vez me robaron dos tipos en una bicicleta, no me imagino lo que serán en un auto", afirmó.
Luego de tantos disgustos, el hombre decidió que va a colocar cámaras de seguridad adentro y afuera del quiosco. Eso le representará un costo de alrededor de $ 4.500, pero no le importa. Cree que así por lo menos podrá subir el video a internet y esperar a que alguien reconozca al ladrón.
De todas maneras, César destaca que el botín que se llevan los asaltantes es cada vez más chico. "Es impresionante como se te agudiza el ingenio a medida que te van pasando las cosas", señaló, y contó que entre los comerciantes del rubro intercambian consejos y "trucos" para reducir las pérdidas ante estos ataques.
Mientras César relataba su experiencia con los asaltos, un hombre que entró a comprar contó que también fue víctima de la inseguridad. "El otro día me robaron acá a la vuelta cuando bajaba del colectivo", comentó Ezequiel Cáceres. El joven de 22 años trabaja en un vivero y llegaba a las 8 para abrir. Un hombre lo apuntó con un arma y le quitó el celular. "En la comisaría no me tomaron la denuncia porque no pertenezco a esta zona", aseguró.
LA GACETA intentó comunicarse con la seccional 2ª pero no había ninguna autoridad para responder a las denuncias.
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