Ocho por ocho

27 Enero 2012
Por Jorge Emilio Gallardo

Como lo sabe el iluminado que cada vez recibió el beneficio antes de formular la súplica, el tiempo reversible no se dirige siempre hacia su imaginado destino en el mar.
   Sin saberlo, patinamos tangos en el doble infinito del ocho, futuros de pretérito, alfiles y bastos. La arena cubre el tablero y por puro hábito, con el mismo gesto de aventarla, ensayamos una vez y otra el camino de la  diestra a la gastada empuñadura.


La espera

Colgada de líquenes y riscos, muy cerca del sueño o detrás de la más vulgar esquina, la obra de arte espera de día y de noche. Por rutina, el notario registrará la posible vulgaridad de cada hora y recibirá sin mérito el curioso nombre de poeta.

(c) LA GACETA

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