El tucumano y el tiempo

Reedición del clásico libro de un consagrado filósofo de esta provincia. Blanca H. Parfait.

27 Nov 2011
Es la época moderna y su estricta idea de razón es la que enseñó a indagar por las causas: la humanidad se aferró a ese interrogar. Así, se puede preguntar por la causa por la cual se escribe un libro; y si habrá una, muchas, o ninguna. Y aún demandar por la causa por la cual Alfredo Rougès escribiera Las jerarquías del ser y la eternidad, en Tucumán, en los años 40 del siglo XX. La bruma que oscurece la respuesta precisa  lleva a cambiar el eje y sólo atribuir el hecho al misterio del destino. Así luce su sentido la sentencia latina habent sua fata libelli (los libros tienen su destino). Ella irradia su tenue luz sobre el hecho de que cada libro tenga un curso histórico diferente y de que, el aquí aludido, haya alcanzado su cuarta edición (mérito no frecuente en los libros filosóficos argentinos), y de que lo haya sido a través de la Fundación Lillo que cumple, con tesón y éxito, 80 años de meritoria labor cultural.
Rougès intuye que el mundo en el que vive el pensador es siempre una máscara que oculta su verdadero rostro, y que es tarea del filosofar revelar aquél en el que está oculta la verdad. Por ello la senda recorrida por nuestro filósofo muestra, primero, una crítica descarnada al positivismo imperante y, libre ya, asume su propio camino de espiritualidad. Hurga entre los meandros de lo espacial y lo temporal, que la espada filosófica cartesiana había separado tan tajantemente,  para encontrar la posibilidad de integrar la realidad en una visión cósmica. Y halla en la noción de tiempo el eje y la fuente de toda experiencia humana.
Es ese signo del nuevo pensar el que el filósofo absorbe con fruición de sus asiduas lecturas de Bergson -con el que disiente parcialmente- y en el que se oye el clamor agustiniano por saber qué es aquello que no se sabe cuando se lo pregunta, pero sí cuando se lo vive. El tiempo, que no es sino la vida misma, espiritual y eterna, es el tema rougeriano por excelencia.
El libro se ofrece en una cuidada edición, con los prólogos de las ediciones anteriores y el correspondiente a la actual -firmado por Jorge Estrella-, y enriquecida por un apéndice documental. Debe destacarse el acierto de hacer presente al autor, en la tapa del libro, con sus sellos personales, su firma y... sus quevedos. © LA GACETA
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